¡No vale!, ¡Yo no creo!, se demostró otra costosa equivocación

El comentario de la semana

Cuán equivocados estuvimos los que nos refugiamos es esas frases para tratar de evadir una realidad que se nos acercaba lenta pero inexorablemente. A pesar de las opiniones expertas, algunas técnicas y otras basadas exclusivamente en experiencias, propias o ajenas, la mayoría pensó que a nuestro país no podían volver épocas que ilusamente creíamos parte de un pasado superado.

La más difusa de las señales que han debido alarmarnos como pueblo fue la reaparición del culto a la personalidad del líder supuestamente infalible, interesadamente insuflada por los que a su sombra empezaban a enriquecerse a costa de los bienes públicos.

El irrespeto a la propiedad personal, la corrupción rampante, los atropellos a la libertad de expresión, la supresión de medios de comunicación, las privaciones de libertad sin procedimientos y los juicios sin justicia fueron convirtiéndose en hechos cotidianos que solo comenzaron a ser sentidos por todos cuando se reflejaron negativamente en la insatisfacción de las más elementales necesidades de la gente.

La falta de alimentos y medicinas, la caída en la calidad de la educación, la creciente incapacidad para atender problemas de salud, el deterioro de los servicios y de la vialidad nacional pasaron a afectarnos a todos y a generar un sentimiento de rechazo al desgobierno que hoy es abrumadoramente mayoritario en el país.

A pesar de lo evidente, el régimen se niega obstinadamente a reconocer que sus días se acabaron, manteniéndose gracias a una cúpula militar que cree que con órdenes se gobierna y una claque civil para la que seguirlas es su única orientación en la vida. Las mayorías quieren un cambio y el Presidente Guaidó encarna es este momento el tipo de dirección que las mismas reclaman.

Una dirección serena, consensuada, producto de consultas y toma de decisiones amparada en el saber de muchos, pero sobre todo consciente del momento que estamos viviendo y la necesidad de no dejarse arropar por la adulancia de los aspirantes a acompañarlo sin otros méritos que sus edulcoradas alabanzas. Ojalá aguante las presiones y se disponga a mantenerse con entereza en el sitio que la historia le ha deparado.

El reciente apagón nos dejó sin luz, pero con una claridad colectiva que no teníamos hasta ahora. Tienen que irse y ser reemplazados por un gobierno acordado de transición capaz de tomar las decisiones que se ameritan. No existe otra alternativa y con ella debemos comprometernos.