¿Cómo veo las cosas?

Este es uno de los peores momentos para la democracia venezolana (no se enganche en decir que el gobierno no es democrático y por tanto no existe la democracia venezolana, que el gobierno no lo sea, no implica que no lo seamos nosotros), porque los partidos de oposición- todos, unos más, otros menos- están fuera de combate.

Durante un buen tiempo opté por no escribir de uno de los temas que me apasiona, como es la política. Lo hice con la convicción de que por más que lo estudie y tengas muy buenas fuentes, siempre hay espacio para el error. No quería que mi percepción afectara a algunos que me leen.

Sin embargo, muchos con los que me tropiezo en la calle me preguntan cómo veo las cosas.

Ya lo he dicho en privado, ahora lo hago más público.

Este es uno de los peores momentos para la democracia venezolana (no se enganche en decir que el gobierno no es democrático y por tanto no existe la democracia venezolana, que el gobierno no lo sea, no implica que no lo seamos nosotros), porque los partidos de oposición- todos, unos más, otros menos- están fuera de combate.

No es solo que no hay unidad, sino que ninguno solo puede hacerle frente al gobierno.

Y es allí la gran paradoja: es el gobierno más cuestionado de Venezuela en el peor momento de la oposición partidista.

Ya vendrá el momento de repartir culpas, pero creo que este no lo es.

No creo en la propuesta del Frente Amplio, porque ni es propuesta, ni es amplio. Pero tampoco los responsabilizo, en el sentido de los dirigentes, como nosotros, estamos en un paradigma de autoritarismo, que ha funcionado no solo en estos 20 años, sino que parece muy bien sembrado en nuestra mente.

El liderazgo vertical es una constante en el quehacer de la venezolanidad. Eso no es ni bueno, ni malo, sino que es.

Sin embargo, soy una mujer optimista y llena de esperanzas.

Por ejemplo, he visto a muchos organizarse a falta de una directriz política, otros siguen resistiendo pese a las adversidades. Unos más proactivos se han organizado para mandar medicinas, atender personas que no disponen de recursos para alimentos, generar iniciativas sociales.

Claro que como en todo río revuelto se meten unos que no son pescadores, pero en fin, es una dinámica caótica que está tratando de hallar un orden.

Y esto si me preocupa. Todo sistema tiende a buscar una manera de organizarse para que la alta entropía no lo destruya. (Buscar entropía, no lo uso en su acepción en la ciencia dura, sino de lo que entendí en mis clases de sociología).

Sin ponernos más intensos, es lógico esperar que el sistema se reordene. Sin embargo, ese orden no significa que sea más democrático, es simplemente lograr una estabilidad.

¿Si los factores democráticos de este país no están en capacidad de garantizar ese nuevo orden, qué podría pasar?

¿Caotizarnos más?

Espero que hayamos comprendido que siempre se puede estar peor.

Nosotros estamos en una especie de limbo- si vieron Inception, usen esa referencia- en el cual podemos estar mucho tiempo  (¿cuánto es eso?).

Con ese marco de referencia creo que nos toca prepararnos. Tomar conciencia de que el futuro puede ser muy retador, pero sin miedo. No tengamos miedo de algo que aún no sabemos qué es, pero tampoco nos hagamos ilusiones fáciles.

Mi sugerencia es buscar un equilibrio. Hay un factor de incertidumbre muy alto y por eso tomar decisiones o hacer escenarios es tan complicado y con margen de error amplio.

Pero si es necesario, ya que los actores políticos guardan un oprobioso silencio, que empecemos a ver en qué estado estamos.

Mi amiga Mireya Rodríguez Álvarez que es una experta en estos temas me advierte que nada puede cambiar si no hay una evolución de la conciencia de las personas.

No estoy hablando de metafísica, sino de algo elemental.

Nuestra conciencia como ciudadanos.

Nacimos y crecimos en un país con un modelo asistencialista. Un asistencialismo castrador.

No obstante, muchos han logrado superar esos esquemas. Y es allí donde radica mi esperanza. La capacidad de emprender, de hacer las cosas distintas que tenemos muchos venezolanos.

Esa capacidad también la debemos usar para interpelar a los actores políticos. No para criticarlo solamente o hacer suposiciones, algunas sin base. Sino incluso para ayudarlos a que estén a la altura de las circunstancias.

Este país es nuestro y sé que muchos lo estamos cuidando. Si aún alguno no se ha activado le sugiero que lo haga en los grupos de su preferencia. No se trata de apartidismo, al contrario, se trata de politizarnos. Con tantos talentos sé que en cualquier momento los liderazgos surgirán y para eso debemos estar preparados.

Los abrazo

Copiado del muro de Luz Mely Reyes