¿Quiénes hablan a nombre de la oposición?

La oposición venezolana al régimen de Maduro, constituida por la abrumadora mayoría de los venezolanos, incluyendo a los que aún se identifican como chavistas, está siendo pretendidamente representada por una jauría de voceros que, sin ninguna duda, casi siempre hablan como individualidades y en el mejor de los casos, por unos pocos más.

Esta aseveración no es gratuita. Las encuestas, sin importar quien las haga o quien las pague, demuestran reiteradamente que solo muy pequeñas porciones del espectro opositor se ven reflejados en los partidos o en sus líderes, con el agravante de que estas porciones se adversan encarnizadamente, solo coincidiendo en sus aspiraciones en cuanto a reemplazar a Maduro y para lo cual cada singularidad se considera la “apropiada”.

Desde hace años venimos acompañando un clamor generalizado a favor de una unidad que nos permita un cambio político que facilite el comienzo de la recuperación de nuestro país, sin que el mismo haya tenido otra respuesta que forzadas expresiones públicas que no engañan a nadie y que ahora son abiertamente reconocidas como tales por los países que, afectados por el problema venezolano, tratan infructuosamente de ayudar al logro de acuerdos mínimos que nos permitan (y les permitan) salir de la crisis.

A estas alturas, seguir pidiéndoles a los de siempre que cambien de actitud se ha demostrado impráctico, por lo que no queda otra que reconocer y adelantar como indispensable, la sustitución de las actuales dispersas y contradictorias vocerías partidistas por un equipo comunicacional coherente, independiente de militancias, diverso ideológicamente pero totalmente comprometido con la construcción de una Venezuela distinta.

El Plan País, utilizado por algunos como otro de los tantos esfuerzos anteriores, para distraer y trasmitir una imagen de consulta y unidad ficticia, se ha ido convirtiendo en la práctica, y para el gran público, en el instrumento que puede sustentar la gestión de la etapa de transición política indispensable, la cual también y a pesar de su incuestionable necesidad, viene siendo torpedeada por intereses inmediatistas.

Constituir el equipo no es difícil ya que de hecho constantemente se escuchan voces que, sin pretenderse ajenas a corrientes universales del pensamiento, argumentan políticamente a favor de un gobierno de transición que acometa lo que es impostergable y plante las bases para la recuperación de la quebrada sociedad venezolana, que si bien diversa, comparte el deseo de un futuro mejor para todos, en libertad y lejos de los discursos “encendidos” que hoy nos asolan.

Ojalá que lo que esbozamos y que estamos seguros es compartido por la OPOSICIÖN pudiese tener la acogida política indispensable y que en unos pocos días los intereses del cambio sean representados por un grupo equilibrado, tanto en lo técnico como en lo conceptual, de manera que el esfuerzo que se viene haciendo desde hace ya mucho tiempo pueda empezar a concretarse.

Si la civilidad no logra imponerse, tengamos la seguridad de que el cambio de régimen se va a dar de todas maneras, aunque el mismo se parecerá mucho menos al ideal dado a que vendrá con botas y no por votos.