Apreciación de la situación nacional # 34

La situación del país es tan paradójica, y el gobierno tan malo, que un eslogan del partido Acción Democrática de los años noventa “con los adecos se vive mejor” es casi un anhelo inconsciente, y hasta añorado, de un buen porcentaje de la sociedad venezolana mayor de los treinta años de edad. Para los menores de esa edad, que han tenido que vivir 17 años de régimen revolucionario, sin referencia empírica de otros tipos de gobiernos anteriores, comienzan a tener la percepción de que “con Chávez se vivía mejor”, lo que no deja de ser una tragedia, si no es porque para la actual oposición democrática, tal percepción, es su mejor argumento electoral para lograr una mayoría importante en las elecciones parlamentarias del 6D. En otras palabras: el voto castigo.

El cerco comunicacional, y la propaganda oficial intentando mostrar un país normal y pletórico de logros revolucionarios, que contrasta con la dura realidad circundante, aún tiene cierta influencia en buena parte del electorado, insuflándole cierta dosis de esperanza que más se asemeja al famoso síndrome de Estocolmo pero que, para efectos electorales del régimen, le funciona perfectamente. Otra forma de mantener cautivo al electorado es amenazarlo con la pérdida de algún beneficio particular obtenido durante la revolución (asignación de vivienda, vehículo, pensión del seguro social, pensión universitaria, empleo en PDVSA, etc.)

Sin embargo, el deterioro generalizado de la función pública, al hacerse evidente y perceptible al común de la población, es lo que hace irreversible la intención de voto contra el gobierno. La sensación generalizada de que el Estado dejó de funcionar y que el gobierno no tiene la capacidad, ni la voluntad política, para hacerlo funcionar es el gran enemigo del mismo, el cual en vez de enfocarse en esta situación de incompetencia, se debate en luchas internas de los diferentes factores de poder que cogobiernan dentro del régimen.

¿Vas a reelegir a los que quieren que las cosas continúen así? Parece ser el mejor eslogan para la campaña de la Unidad nacional.