Banesco y BOD, la lápida final

No son síntomas, son las consecuencias de la torpeza en el poder que nombra funcionarios no por su capacidad sino por su sumisión y la certeza de que aplaudirán al Presidente, sus civiles enrojecidos y sus uniformados obedientes y cómplices en todos los niveles del Gobierno.

Hay dos manos tremendamente fuertes que estrangulan al Gobierno a 15 días de unas elecciones que, ilegítimas o tolerables, son vitales para el actual y enormemente culpado Presidente y su grupo de cercanos seguidores. Como el conductor borracho, el chavismo acelera hacia un barranco con muchos avisos y ninguna baranda.

Una mano asfixiante es la absolutamente equivocada manera de ver las cosas por todos los que tengan alguna relación con cualquier manejo de asuntos de gobierno. La otra es la de la incompetencia a niveles indescriptibles, de manera que hasta lo equivocado lo hacen mal o simplemente no lo hacen.

Que la capital de la República esté cerrando la semana sin electricidad en sus barriadas más densamente pobladas, y que para peor el problema de la falta de suministro de agua que viene resecándose desde Semana Santa simplemente haya estallado y sea ya de toda la ciudad –no hablemos del interior del país-, significa que estamos leyendo el capítulo final de una novela de terror con final muy anunciado, que pocos creyeron hace diez años y que todos estamos viendo indignados, sorprendidos, frustrados. O sea, con furia.

El epílogo de esta terrorífica nivela, comienza con la arremetida del Gobierno contra Banesco, hasta hoy el principal banco del país. Que sigan abiertas sus oficinas no significa que todo sea normal, no es normal que un Gobierno meta presos a 11 ejecutivos del mismo banco que un alto jefe rojo ha dicho varias veces que compraron o van a comprar.

Debo aclarar que Juan Carlos Escotet no es santo de mi devoción, pero eso por motivos personales que nada tienen que ver con la realidad que interesa a millones de venezolanos clientes de una organización bancaria que, guiada por Escotet, mucho más que un notable proyecto de vida, es una gran estructura de servicio de primer orden.

Banesco no ha crecido hasta el primer lugar, y se amplía hacia el exterior, por simple suerte, sino porque Escotet, sus socios y el equipo humano que han forjado, son sin duda eficientes en ese nada fácil sector. Y esa calidad profesional es lo que interesa a millones de ahorristas, cuentacorrentistas, tarjetahabientes, usuarios de créditos, comerciantes y empresarios. Y al país, que va más allá de las triquiñuelas del madurismo.

Es contra esa fuerza y esa confiabilidad contra las que está arremetiendo un Gobierno desbocado, que en 20 años no sólo no ha arreglado los servicios públicos sino que los ha llevado a los sótanos actuales del desastre generalizado.

En su voraz hambre de desolación y mentiras para disfrazarla, el Gobierno interviene al mayor banco del país y también lo hace mal, porque todo lo que ha sido bien hecho que no sea de origen comunista, lo descompone, lo enfurece, le provoca retortijones del vientre de la torpeza.

Cuando un banco tiene problemas graves financieros, de caja, etc., o por cualquier rumor se está produciendo una salida anormal de depósitos se hace lo que se llama una intervención a puertas cerradas. Cuando las autoridades bancarias perciben acciones de un banco violatoras de leyes, o que muestran descuidos, hace lo que se llama una intervención a puertas abiertas, en la cual, discretamente, supervisores especializados recaban información en los sistemas internos; el público no se entera y los especialistas averiguan y corrigen qué pasa.

El Gobierno rojo venezolano no hace ni una cosa ni la otra sino todo lo que sea más contrario y escandaloso. Hoy están acabando con el extraordinario banco de un excelente banquero. Antes habían entrado a mansalva en el buen banco de un notable y muy exitoso empresario, aquél Federal de Nelson Mezerhane, quien se vio forzado a irse mientras los chavistas se llevaban hasta los zapatos de su casa, porque si no estaría aún como Baduel, López, Ledezma y otras víctimas del furor chavista, sepultado en el olvido de una cárcel del régimen.

¿Qué queda de las innumerables expropiaciones de Hugo Chávez, cuántos vegetales y carnes están produciendo las haciendas y fincas expropiadas, dónde están los rusos que iban a sembrar y cosechar mejores plátanos que los agricultores del Sur del Lago, por qué el sistema teleférico que manejaba el equipo de Mezerhane no se accidentaba y el ahora pintado de rojo suele quedarse colgado?

Del grupo bancario también intervenido con despliegue uniformado y armado, el del BOD, ni siquiera voy a hablar, porque nos deben unos reales desde hace meses y no hay manera de que los paguen, pero igualmente es una institución que creció e interesa a centenares de miles de venezolanos de todos los niveles sociales que ahora tienen derecho a temer por sus depósitos.

La gravísima falla en los suministros de agua y de electricidad a la población, y una economía cuya moneda no vale ni el papel en que está impresa, muerta por una hiperinflación que ha superado a tragedias previas en Suramérica, como en Argentina y Perú, hoy países en expansión y envidia de los mismos venezolanos que fuimos los ricos de Latinoamérica y la revolución castrosocialista ha transformado en los miserables del continente.

No son síntomas, son las consecuencias de la torpeza en el poder que nombra funcionarios no por su capacidad sino por su sumisión y la certeza de que aplaudirán al Presidente, sus civiles enrojecidos y sus uniformados obedientes y cómplices en todos los niveles del Gobierno.

Es el epílogo de una oportunidad hecha jirones, pero a diferencia de los de las novelas, éste es furibundo, exasperante, seco y a oscuras, a quince días de unas elecciones con tan mala perspectiva para el oficialismo que, o se alteran resultados o se producirán sorpresas desagradables.

Banesco y su gerencia afirman que no tienen nada que esconder y como respuesta el Fiscal General, que de defensor de derechos humanos y víctimas, se ha transformado en perseguidor y victimario, solicita la privación de libertad de gerentes. Y ahora van por la otra fuente de ingresos que, destruida Pdvsa, le queda a este régimen devastador: las remesas que los venezolanos exiliados envían a sus familias empobrecidas en la Venezuela que Nicolás Maduro y sus complacientes cómplices pretenden conservar seis años más.

Si estas aparatosas intervenciones bancarias encapuchadas y con fusiles de asalto son producto de enfrentamientos entre facciones internas, simple acción de vigilancia financiera o el comienzo de la estatización de la banca, es indiferente. No importa si los dueños de esos bancos han sido o no amigos confiados del oficialismo. La consecuencia es la misma, ponerle la lápida a la nación sepultada.

Mayo 5, 2018