David contra Goliat

Es tan pequeño que puede ser detectado solamente con microscopía electrónica. Sin embargo, ya ha ganado su batalla. El David de nuestros tiempos se llama Covid19. Goliat es la humanidad entera. Como el viento arrasador de una bomba nuclear, el virus ha destruido fronteras y clases sociales. Ha puesto en evidencia la fragilidad de los seres humanos, ha sembrado el pánico y vaciado las calles. Y, sobre todo, nos ha obligado a enfrentarnos con nosotros mismos, a entender la peligrosidad del individualismo en un mundo tan interconectado. El virus nos ha transformado en sus propias armas, utilizando nuestros cuerpos para multiplicarse. 

Acostumbrados como estamos a vivir en un mundo en el cual todo tiene un precio, todo se compra y las desgracias golpean con particular dureza a los pobres de la tierra, tenemos ahora que asumir una realidad que nos pone a todos en un mismo plano y nos obliga a pensar como sociedad. Más allá de las directivas y manipulaciones políticas, sabemos que el bienestar personal depende de los otros y el de los otros depende de nosotros.

Si algunas personas no hubieran viajado desde las zonas consideradas de mayor riesgo, el virus no se habría propagado con tanta velocidad. Quizás podemos entender las dudas sobre la real peligrosidad de contagio que acompañaron la aparición del virus; sin embargo, ahora sería absolutamente irresponsable actuar sin pensar en el bienestar de toda la sociedad.

El Coronavirus también puso contra la pared a políticos y gobernantes obligados a enfrentar una crisis que tiene muchas caras, desde la sanitaria hasta la económica y social. 

Muchos trataron y tratan de minimizar los efectos de una enfermedad que está destapando con fría inclemencia las debilidades de sus acciones. Hasta el momento China y Corea del Sur son las naciones que han mostrado mayor eficacia en la contención del contagio.

Los países europeos temen por sus economías y están entendiendo la importancia de encarar la emergencia de manera conjunta. Quizás nunca como ahora se ha evidenciado la necesidad de una Europa unida. La sanidad pública de estos países, a pesar de la gravedad de la situación, está dando una respuesta aceptable mostrando una vez más sus aspectos positivos.

Diferente es la situación en Estados Unidos, país en el cual el Presidente, de manera irresponsable, ha tratado de minimizar los riesgos de la enfermedad y por lo tanto su contención.

Las consecuencias de esta falta de políticas inmediatas para frenar la propagación del virus no se han hecho esperar. La rápida difusión del contagio ha desnudado la fragilidad de un sistema sanitario elitista incapaz de dar una respuesta a una epidemia que la OMS ha elevado a nivel de pandemia.  Los republicanos, conscientes de la necesidad de curar a los demás para evitar el contagio masivo, piden un medicare ad hoc. Es decir, solo para frenar una enfermedad que no conoce de clases sociales.

Paralelamente Donald Trump trató de minimizar sus errores cerrando las fronteras, hasta que el agravarse de la situación lo obligó a declarar la emergencia nacional. Las fronteras no solamente quedarán cerradas para los europeos, sino también para los demandantes de asilo quienes, gracias a una decisión del Tribunal Supremo, quedarán relegados en México en espera de su audiencia. Esta decisión, que pasó prácticamente desapercibida, muestra cuán peligroso puede ser, para los derechos humanos, un Tribunal Supremo mayoritariamente alineado con la política de la Casa Blanca.

Y finalmente el virus llegó también en América Latina a pesar de los esfuerzos de los gobernantes de tapar la realidad. In primis Jair Bolsonaro quien, tras negar la gravedad de un contagio masivo, ahora tiene que asumir la realidad de dos enfermos entre sus colaboradores más cercanos. 

El coronavirus se suma a los múltiples problemas que enfrentan países como Chile, Colombia, Argentina y, sobre todo, Venezuela.

En esta nación, de la cual hasta el Covid19 parecía haberse apiadado, se han detectado los primeros contagios. Dejando de lado las lamentables bufonadas de Maduro, cuando surgió el primer brote de epidemia en el mundo, y a pesar de las medidas tomadas en estos días para contener los contagios, la llegada del virus a Venezuela puede tener consecuencias catastróficas. Por un lado, está una población mal alimentada y por lo tanto con las defensas bajas y por el otro un sistema sanitario que ya ahora está de rodillas por la escasez de médicos, medicinas y equipos.

En este momento el mundo pareciera estar enfrentando un solo, único problema. Sin embargo, no es así. Y no debemos permitir a los políticos de manipular el miedo generalizado para ocultar otras cuestiones que siguen pidiendo respuestas adecuadas. 

La pandemia que ha paralizado el mundo y nos está obligando a detener el ritmo frenético de nuestras vidas, debería de ayudarnos a reflexionar.

Quizás sea un buen momento para entender que las fronteras, el individualismo, la búsqueda insaciable de bienes y riquezas, son un Goliat que muestra toda su fragilidad cuando se topa con un minúsculo David capaz de irrumpir, con igual fuerza destructiva, en chozas y palacios.

@MBAFILE

16 de marzo de 2020

ViceVersa

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