Dos siglos de patrimonio botánico de Venezuela están en peligro de extinción

En un edificio rodeado de vegetación, en la ciudad de Maracay, en el centro de Venezuela, funciona uno de los herbarios más importantes del mundo. Allí resguardan muestras botánicas utilizadas para estudios especializados, registrados en el Index Herbariorum del New York Botanical Garden, una guía para la ciencia y la conservación de la biodiversidad. Sólo aquellos herbarios que son colecciones permanentes y repositorios científicos están incluidos en IH.

Bajo el Código “FAA” está asentado, desde diciembre de 2010, el Herbario Víctor Manuel Badillo de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, en Aragua, donde se han coleccionado más de 170 mil muestras de plantas y organismos vegetales que datan de hace 200 años y, también, posee un museo de zoología agrícola dedicado al estudio de la biodiversidad tropical con una colección de más de 4 millones de ejemplares de insectos, de, las más importantes del trópico americano en el área.

Ambas instituciones, consideradas patrimonio nacional por la diversidad y riqueza de sus colecciones, están a punto de perderse a causa de los sistemáticos robos en este núcleo de la UCV en donde funcionan las facultades de Agronomía y Veterinaria.

Desde hace más de 7 meses, el herbario -fundado en 1949- quedó sin energía eléctrica, luego que delincuentes robaran cableados y forzaran ventanas para llevarse  los equipos de aires acondicionado  que permiten  mantener los espacios con una temperatura adecuada.

Sin energía eléctrica, el herbario no puede utilizar los deshumificadores para el control de la humedad, lo que representa un inminente riesgo de contaminación de las muestras, y su consecuente desaparición. “La colección, cuyo valor histórico dentro de la botánica nacional no tiene precio, lamentablemente está a punto de perderse, ya que en las actuales condiciones es vulnerable al ataque de insectos y hongos que  pueden dañar las muestras recolectadas por años y que representan la prueba fiel de lo que Venezuela posee en diversidad vegetal”, advierte visiblemente afectado, el curador del herbario y director de la Biblioteca del Instituto de Botánica de la UCV, profesor Luis Hernández.

La colección vegetal que posee el herbario de la UCV, ha sido el resultado de años de recolección por parte de investigadores,  biólogos, antropólogos, geógrafos, tesistas de pregrado y postgrado y son objeto de consulta y estudio permanente por profesionales de la sociología, por ejemplo. El lugar posee  una Unidad de Servicios de Documentación Bibliográfica para la industria farmacéutica que permite  el registro de productos naturales y ha brindado asesoría para la identificación de plantas, localización de fuentes de material vegetal, e información botánica, etnobotánica y etnomedicinal y en casos de intoxicación por plantas e información botánica general.

Esta biblioteca también está sin energía eléctrica a causa del robo de cables. Aunque pequeña en espacio físico, atesora una inmensa riqueza bibliográfica especializada en taxonomía, lo que la convierte en la segunda referencia en el área a nivel nacional.

Allí se encuentran entre 2 mil y 3 mil ejemplares de colecciones de libros y documentos adquiridos en anticuarios de Europa, algunos que datan del año 1800, y obras literarias antiguas con un valor científico y cultural incalculable, así como unas 50 mil revistas de todo el mundo que fueron obtenidas a través del canje internacional con universidades de otros países.

Entre los ejemplares más emblemáticos de la biblioteca botánica está el tercer tomo de “Théorie élémentaire de la botanique” de Augustin Pyrame de Candolle, edición de 1844. Pyrame de Candolle fue un botánico y micólogo suizo conocido por haber acuñado el término “taxonomía” y por ser el creador de la  sistemática taxonómica moderna para clasificar las plantas.

Al igual que la biblioteca botánica en riesgo de perderse, la misma suerte parece que correrán  las bibliotecas de la propia Facultad de Agronomía y la del Instituto de Zoología Agrícola, la primera del país y norte de Sudamérica y el Caribe. Han sido desmanteladas por el hampa y diezmadas por el abandono que ha traído la crisis y el  déficit presupuestario que padece la UCV.

Desde aires acondicionados, hasta computadoras, impresoras, material de oficina y todo el cableado eléctrico fueron robados, sin que las autoridades policiales hayan determinado y penalizado a los responsables, aun cuando recientemente el CICPC detuvo a varios miembros del personal de la propia universidad, presuntamente involucrados en los robos, pero que siguen laborando dentro de la institución.

De acuerdo a la Oficina de Planificación del Sector Universitario, al herbario “Víctor Manuel Badillo e corresponden 12 mil bolívares anuales.

Sin aire la tercera colección de insectos en Sudamérica

Sin un buen control de la temperatura y de la humedad, la conservación de 4 millones de especímenes de insectos del Museo del Instituto de Zoología Agrícola “Francisco Fernández Yépez” (MIZA) no podrá garantizarse.

El MIZA, una institución dedicada al estudio de la biodiversidad tropical, es el principal centro mundial para el estudio del escarabajo de hoja. Allí se guarda con celo la colección de artrópodos más importante de Venezuela y la tercera en Suramérica, y es depósito seguro, por ahora, para los ejemplares colectados en diferentes ecosistemas naturales venezolanos, incluyendo a aquellos en peligro de desaparecer o de particular importancia por sus efectos sobre los intereses del hombre.

Vilma Savini, directora del MIZA, tiene a su cargo menos de 15 trabajadores, entre los que se incluyen 2 investigadores ya jubilados pero que acuden diariamente al museo,  3 o 4 técnicos y algunos estudiantes colaboradores. Entre ellos y con el apoyo y donaciones de algunos amigos del museo o de empresas privadas o públicas, apenas logran cubrir los requerimientos básicos de la institución.

El presupuesto de una institución de esta envergadura es de 2.500 bolívares anuales, no solo para su mantenimiento, sino también para la preservación de colecciones de insectos, como la del “coquito pulga”, una de las más importantes del mundo.

El MIZA- explica Savini- es una referencia nacional e internacional para la identificación de especies de plagas agrícolas, vectores de enfermedades al hombre y animales y de organismos de interés de conservación por parte de la comunidad científica.

Antes funcionaba en una vieja sede que mantenía hacinadas las colecciones. A mediados de la década de los años 90, con el aporte financiero de Empresas Polar, el diseño de un proyecto por parte de la Facultad de Arquitectura de la UCV, del apoyo de la Gobernación de Aragua, para entonces en manos de Didalco Bolívar, el museo fue mudado a una nueva sede.

En el año 2002, ese nuevo espacio, diseñado para convertirse en una referencia mundial, fue desmantelado totalmente por la delincuencia. La comunidad universitaria logró reponerlo, aunque el proyecto arquitectónico original nunca se ha podido culminar en su totalidad por deficiencia presupuestaria.

La actual sede, así como su equipamiento, resultan insuficientes para albergar las millonarias colecciones de insectos que a lo largo de los años han sido preservadas. Los materiales necesarios para armar las muestras, como unos alfileres, son escasos. Los existentes han sido donados por investigadores amigos del MIZA y los líquidos como alcohol, ya no alcanzan.

“Las colecciones requieren una temperatura acorde que impida el ataque de termitas, hongos  o humedad. Con el sistema de aire acondicionado a punto de  paralizarse, las muestras de millones de insectos podrían perderse y con ellas, la historia de la biodiversidad venezolana, entre las que se incluyen las colecciones entomológicas de la Fundación La Salle, la de la Fundación Servicio para el Agricultor, FUSAGRI, las de las mariposas donadas por Rudolph Feige, las de Alberto y Marie Luise Gadou, la colección de hormigas de la Universidad Simón Bolívar y la colección de mariposas de Gustavo Borges, por ejemplo”, explica Savini.

RUNRUNES

04/12/2017

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