El deterioro de nuestra moneda

Me llegó una interesante historia que comparto con ustedes porque nos ilustra sobre la erosión de nuestro signo monetario: Se trata de un niño que nace en Venezuela el 25 de octubre de 2000. En enero de 2001 fallecen trágicamente sus abuelos paternos en un accidente aéreo y dejan un testamento debidamente autenticado donde otorgan a su nieto una cuenta bancaria de ahorros con la cantidad de Bs. 10.000.000.000.- (diez mil millones de bolívares), con la única condición que el nieto la pueda disponer a los 18 años de edad. Entre tanto llegamos a 2008 y la cuenta con la capitalización de los intereses alcanza la suma de Bs.12.000.000.000.- (doce mil millones ). Ocurre la primera reconversión monetaria y le quitan tres ceros, la suma en cuenta de ahorros se reduce a Bs. 12.000.000.- (doce millones). Transcurre el tiempo y en agosto de 2018 la cuenta registra en su haber Bs. 26.000.000.- (veintiséis millones) que con la reconversión última al quitarle cinco ceros se reduce a Bs. 260.- (doscientos sesenta).

Al paso de dieciocho años , el niño que nació con una astronómica suma de dinero ahora solo cuenta con Bs. 260.- Es posible que ocurra otra reconversión y esos  bolívares se transformen en céntimos.

De miles de millones de bolívares a dos centenares en los últimos diez años es una pulverización de nuestro signo monetario verdaderamente brutal e inimaginable tiempo atrás. La súper hiperinflación originada por una errática política económica produce no solamente la pérdida de la capacidad adquisitiva de nuestra moneda si no que empobrece a todas las familias, muchas en estado crítico.

El sacerdote jesuita economista Manuel Pernaut nos dijo en la Universidad Católica Andrés Bello que en tiempos de inflación tener real guardado era como meter una panela de hielo en una gaveta, al abrirla solo encontraríamos agua. Así ocurrió con este niño nacido en octubre de 2000, tenía una inmensa y robusta panela de hielo y ahora lo que tiene es agua.

Urge por el bienestar de todos un cambio radical en la conducción del Estado y por supuesto abandonar para siempre la desastrosa política económica que tanto daño, deterioro y perturbación trae al aparato económico productivo del país como a nosotros mismos.

El modelo económico que el régimen persiste en adelantar fracasó en todos los países donde se intentó. Salvo que se quiera ex profeso causar mal a la población no se entiende que no exista el más mínimo gesto de rectificación.

Nuestro deber histórico es la lucha por el cambio y la rectificación que lo lograremos cuanto antes en la medida que seamos capaces de UNIRNOS y marchar a pie firme con convicción y entrega

Los tiempos son muy duros y reclaman UNIDAD para superar esta situación y para la recuperación nacional, esperamos con fervor y atención que la clase dirigente escuche el clamor popular y se coloque en sintonía con él.