El mal de la felicidad

No hay ya ninguna duda sobre lo que dijo y lo que quiso decir el personaje aquél cuando nos prometió llevarnos “al mar de la felicidad”. El mismo que dijo que ésta es una revolución pacífica, “pero armada”, y hasta los dientes. Armada de las más despiadadas intenciones y que peláramos el ojo porque no había vuelta de hoja, no habría marcha atrás. Un régimen que se caracterizó y se caracteriza por No cumplir sus promesas, Sí cumplió y cumple todas y cada una de sus amenazas.

“Con hambre y sin empleo con… me resteo” no fue ni es sólo una consigna, es la estrategia para mantenerse en el poder a toda costa, cueste lo que costare, y mire cuánto nos ha costado durante tanto tiempo entender cómo es posible que en un país que pase todo lo que está pasando en Venezuela la gente se mantenga cuajada de la risa y la dirigencia actuando como si fuera un  país normal.

Por menos pasó más en la Venezuela democrática. Por menos pasó mucho más en otros países de regímenes democráticos o dictatoriales. Sin recursos naturales como los de esta patria de Bolívar, otros países y su gente pidieron más y obtuvieron más no sólo de sus nacionales, sino de organismos internacionales que se acercaron a prestar la humanitaria ayuda que tanto se necesitó y que hoy necesita Venezuela.

No eran países forajidos ni estaban gobernados por delincuentes capaces de los más atroces atropellos como lo está Venezuela hoy día. Son países que, en sus amargas experiencias, eran gerenciados por la tradicional e ineficiente burocracia ladrona de Latinoamérica y que ya lograron enrumbar su destino a puertos más seguros y confortables, dentro de los naturales sacrificios que toda nación debe asumir para darse un gobierno decente, austero y capaz de resolver problemas y conflictos a más bajo costo.

Lamentablemente, los venezolanos pagamos el más alto precio del planeta para sobrevivir mientras los gobernantes se dan la gran vida dentro y fuera del país, sin importarles un bledo las muertes que a diario ocurren por falta de alimentos y medicamentos, por la escasa o nula atención médico-asistencial y sin transporte colectivo ni ambulancias para lograr a tiempo la ayuda divina.

Al crear el Ministerio de la Felicidad Suprema del Pueblo, todas las amenazas de las expropiaciones y confiscaciones trajeron todos estos males que nos agobian a todos los venezolanos, el hambre que nos mata y nos remata. Todos los males que la gente aplaude a través de largas, tediosas y repetitivas cadenas de radio y tv que a ahora y a toda hora nos conducen por el mal de la felicidad