El miedo al rechazo social suma personas a la corriente mayoritaria

El fenómeno es conocido en muchos países.

Un partido político mayoritario domina la opinión pública. Sus ideas se transforman en las ideas dominantes de esa sociedad.

Más aún: sus ideas se transforman en lo “políticamente correcto”, lo incuestionable, lo “normal”, lo evidente…

Y sus simpatizantes se vuelven evangelistas que difunden por todos lados el mensaje del partido.

Al mismo tiempo, quienes piensan distinto tienden a ocultar o disimular o por lo menos aminorar la potencia de sus ideas.

Entonces la mayoría es cada vez más mayoría y la minoría cada vez más minoría.

La clave psicológica de este fenómeno es el miedo a ser rechazado.

Un miedo ancestral, profundo, inconsciente.

Un miedo que viene desde el fondo mismo de los orígenes humanos.

En el principio era la tribu

Allá en el fondo de los tiempos la tribu, el grupo humano, era la única forma de sobrevivir.

Nuestros antepasados eran extremadamente frágiles frente a la inmensidad de los peligros. Solo la ayuda mutua, la colaboración y la vida colectiva permitían mantenerse con vida.

Por lo tanto si alguien era rechazado por los demás quedaba fuera de la tribu.

Solo. Aislado. Indefenso. Inerme.

Ser rechazado era directamente ser condenado a muerte.

Y la posibilidad de sentir ese rechazo colectivo era una indescriptible sensación de terror.

Aunque más civilizado, el terror continúa

Ahora, en pleno siglo 21, el cerebro humano continúa accionando los viejísimos automatismos que alguna vez fueron tan útiles.

Y el terror continúa. Disfrazado, explicado, argumentado, justificado, civilizado…pero continúa.

¿Cómo y dónde se expresa ese viejo terror?

En el cuerpo.

Es el cuerpo mismo que se altera, se indispone, se crispa, se inunda de malestar.

Son los síntomas físicos del miedo los que se expresan corporalmente y generan un estado de malestar que la persona intenta a toda costa evitar.

Aún en este tiempo de ordenadores, casas inteligentes, smartphones, tablets, naves espaciales y sofisticados gadgets…aún ahora el ser humano sigue sintiendo ese pánico de quedar fuera de “la tribu”.

Algunos vencen ese terror, claro que sí.

Pero muchos quedan atrapados en él. Prisioneros.

Entonces no contradicen la opinión mayoritaria. No opinan contra lo “políticamente correcto”. A veces no hablan. Otras veces disimulan y ocultan.

Como si pensar contra la corriente mayoritaria significara quedar fuera de la tribu.

Como si sintieran ese mismo terror en su cuerpo.

Por eso los cambios políticos son tan complejos.

Porque hay que vencer el terror a ser rechazado por el colectivo.

Moraleja: todo cambio político implica necesariamente un profundo cambio psicológico.

Maquiaveo&Freud

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