El socialismo ahogó a Venezuela

Mucha vuelta y argumento se ha dado y escrito para encontrar las causas de la debacle venezolana y todas apuntan en distintas direcciones. Unas se atribuyen al tema petrolero, a la volatilidad de los precios y su severo impacto en la economía cuando se reducen, otras a las crisis que ha sufrido nuestra democracia por la recurrencia de eventos militares contra ella. Otras, por las dificultades para llegar a un consenso político sostenible para conseguir un desarrollo económico sostenible y a largo plazo.

En mi opinión, la causa fundamental que nos ha llevado a la situación actual radica en que la economía venezolana siempre se condujo y gobernó bajo una visión y perspectiva socialista, aunque de distintos géneros, proporciones y profundidad, dependiendo de determinados momentos históricos. Dicho de otra manera, nunca funcionaron reglas de juego calificables dentro del orden capitalista, con sus consecuencias en el orden social y cultura. Por otra parte, la presencia del petróleo potenció ese orden configurando un Estado super poderoso, guiado por aquella perspectiva. Socialismo, montado en el petróleo y el Estado, convivieron durante mucho tiempo para mal de Venezuela.

No se crea que me estoy refiriendo al llamado socialismo del siglo XXI, el cual, sin lugar a dudas es exclusivamente culpable de los resultados que muestran la sociedad y la economía venezolana en los últimos años, pero este es el socialismo en su versión extrema, con su profundo componente ideológico marxista, aunque intente disimularse entre bastidores y utilice tácticas del día a día necesarias para mantenerse en el poder político.

Sin embargo, este no es el único socialismo que nos ha conducido hasta aquí, pues se nos ha presentado históricamente en sus distintas versiones, desde las posiciones extremas “antiimperialistas”, cuando llegó el petróleo a Venezuela, ejemplarizadas en las posiciones originales del entonces Partido Comunista y de algunos autores de esa tendencia, hasta el mas moderado en que terminó el ideario de una Acción Democrática, una URD, un MEP, un MAS y un COPEI. Si se examina con cuidado la ruptura politica que representó la llamada “Revolución de octubre de 1945”, encontramos que, mas allá de sus postulados políticos, ya había allí un claro contenido de cómo manejar la economía y de un rol predominante para el Estado.

Los momentos más significativos de ese socialismo venezolano, los revelan dos hechos sustantivos. El primero, la conducción de la economía a partir de 1958, inspirada en las ideas de la CEPAL y del “Plan quinquenal”, el cual se materializa con especial precisión en el ya famoso 5º Plan de la Nación, con su consabida dirección, profundidad y efectos nocivos.

De allí en adelante, en sus distintas versiones predominó lo que llamaría, la “aversión al capitalismo” que puede conseguirse en todos los partidos políticos que gobernaron a Venezuela. Nunca, se permitieron reglas del juego que hubiesen impulsado una real y autentica economía de mercado. Una economía capitalista.

Desde luego, el petróleo jugó un papel central en ese desarrollo y en la consolidación de una economía completamente sesgada contra el capital de origen venezolano, no porque este no mereciese ser controlado y regulado, como sucede en cualquier economía o país capitalista. No por esa razón, sino porque esa concepción frustró y aniquiló toda posibilidad de desarrollar una economía independiente del Estado y del petróleo. Intentos hubo, si, pero de tal timidez, de tal temor, de tales prejuicios, que triunfó la regla de oro socialista y estatista. La alusión al “capitalismo salvaje”, en palabras de uno que otro presidente lo ilustra claramente

Hoy estamos viviendo la remora de esas ideas con la casi completa desaparición del capital privado o del sector privado venezolano, a menos que se pliegue a las reglas de esta mezcla de ideas que simboliza el gobierno actual, porque del anterior no caben dudas de su arremetida contra el capital, llevándolo al extremo de la destrucción.

Pero, que quede claro no está allí el único origen de nuestros males. Está en el ideario socialista, abierto o disfrazado que todavía sigue presente en nuestros nuevos partidos políticos que no se atreven, o no quieren enfrentar la realidad de la destrucción que esas ideas causaron a Venezuela. Comprendo que rebelarse contra ellas puede ser difícil, en una época en la que el capitalismo está sometido a criticas y a una gran prueba, pero lo peor que les puede pasar y, con ellos a toda Venezuela, es caer en la trampa de abrazar el socialismo, sea del estilo chino o cubano, o ese disimulado que ahora anda por allí disfrazado de anti racismo, de igualitario y progresista.

Ojalá surja un liderazgo que tenga la mente clara, que comprenda y asimile bien esta lección de la historia venezolana y ponga la mira en una estrategia apropiada, ya no politica, pensando en elecciones, negociaciones, apoyos internacionales, etc. etc., sino con vistas a una verdadera reconstrucción económica, politica, institucional y social para Venezuela que no responda al ideario socialista de cualquier índole. No lo veo venir, a juzgar por lo leído y escuchado en sus documentos, presentaciones y discursos, pero cabe la esperanza de que aparezca con la severa lección que nos deja esta última experiencia de ensayo “socialista”

Venezuela, como país, como sociedad civil no tiene posibilidad de sobrevivir y sostenerse en el largo plazo, si no desarrolla una economía fundamentada en las reglas del mercado, desligada completamente de los apoyos, intervenciones y controles del Estado y con un protagonismo expreso del sector privado venezolano, incluyendo una abierta y definitiva participación en el negocio petrolero.