Es triste, mas que estricta

Lo que voy a contar a continuación sonará repetitivo en cuanto a la información contenida, pero quiero expresarlo desde el punto de vista de un ciudadano venezolano común, no un experto médico, economista o politólogo. Alguien que sufre y poco disfruta de lo que está ocurriendo en el mundo y particularmente en Venezuela.

Al respecto, he tomado como punto central de referencia la pandemia causada por el COVID-19, la cual ha dado tanto de que hablar como problema y es triste percatarse de que el tema ha sido muy mal manejado en todo el mundo, sobre todo en cuanto a la cuarentena, a veces laxa, otras estricta, pero que no ha funcionado tal como se esperaba y mucho menos como se deseaba.

Nunca ha sido fácil cumplirla, entre otras razones porque no siempre fue acompañada con suficiente fortaleza de las otras medidas preventivas, tales como el uso conveniente de las mascarillas apropiadas, del aseo personal y del distanciamiento social requerido. Respecto de este último aspecto es triste haber visto y seguir viendo mucha gente en las aglomeraciones más diversas, filas para hacer compras, unidades de transporte público casi desbordadas y, particularmente, espectáculos y fiestas con asistencia masiva.

Es triste que mientras algunos morían de tristeza o por otras causas encerrados en sus casas, otros, irresponsablemente, cometían actos que propiciaban la diseminación del virus y que de alguna manera llegarían a contagiar a los confinados.

Ha sido especialmente triste la forma en que este inmenso problema ha sido tratado en nuestro país aún desde sus días iniciales. Se comenzó con un sobre aislamiento y casi inmovilización de la población con una antelación exagerada, apelando con malicia a un motivo que si bien existía, la amenaza del COVID-19, ocultaba otro más urgente y quizá menos letal como lo fue la falta de gasolina.

Es triste que el régimen informara que el bajo número de casos en marzo 2020 se debiera a las medidas tomadas. La situación actual te indica que lo aseverado no se ajustaba a la verdad. Sucede que el país ya estaba casi paralizado internamente y muy aislado internacionalmente. Con o sin pandemia. La escasez de gasolina hacia muy difícil la movilización, aún entre poblaciones cercanas y el número de personas que viajaba desde el exterior hacia Venezuela era mínimo, casi insignificante en comparación con el movimiento aéreo y marítimo entre otros países.

Es triste que se aprovechó la ocasión para aumentar la represión política y de cualquier tipo de manifestación ciudadana, con el declarado objetivo de la protección de la salud del pueblo, tal como se ufanan los veceros del régimen en las abundantes cadenas de radio y televisión.

Es triste que se le dio un carácter casi exclusivamente militar-policial a las medidas anti pandemia y pareciera, que se cambió el lema de plomo al hampa por el de plomo al virus o a sus portadores. Hombres armados hasta los dientes, con armas de alto poder de fuego, ballenas y tanquetas. Todo un armamento para combatir la pandemia.

Es triste que por esa orientación de las medidas se diera lugar a numerosos incidentes abusivos y casi criminales, tal como el ocurrido con la abogado Eva Leal, agredida violentamente por una teniente de apellido Palmera. Una simple transgresión de una normativa de horario se transformó en un hecho noticioso de alcance internacional, casi equiparable al asesinato del señor Floyd por parte de un policía estadounidense. El abuso policial puede ocurrir en cualquier país y donde quiera que ocurra es condenable.

A manera de comentario ligero sobre ese incidente, es válido expresar que el mismo ocurrió cerca de un bosque llamado Macuto, que no es un Edén ni tiene arboles de manzana, pero si muchas palmeras y el barrio más cercano se llama El Manzano. Sucede también que fue Eva la primera mujer bíblica, la que cometió el pecado original. Y que, siendo leales a la historia, esto sería argumento para una novela o película que podría llevarse hasta una Palma de Oro, no de plomo.

Antes de volver mucho más en serio sobre la dramática situación que hoy vive nuestro país, también es triste y anecdótico el hecho de que los nidos de amor que existían como hoteles, en la vía Caracas-Los Teques, hayan sido transformados en nichos de temor para tener allí confinados a muchos sospechosos de ser portadores del conocido virus. Es triste también sospechar que a pesar de lo bien equipados que deben estar esos hoteles, la precaria situación en que viven no les permite a sus huéspedes tirar la casa por la ventana.

Es triste que se restrinja exageradamente la movilización de personas entre municipios adyacentes, sobre todo cuando configuran una conurbación interdependiente. Tal es el caso de los municipios Palavecino (Cabudare) e Iribarren (Barquisimeto), el primero es esencialmente una ciudad dormitorio cuyos habitantes, en su mayoría, laboran o ejercen alguna actividad en Barquisimeto. Se les está condenando, por una parte, a la inanición y por la otra, a ser transgresores de una norma establecida aceleradamente y sin un análisis a profundidad. Para mayor explicación de este ejemplo, podemos informar que desde el extremo oeste de municipio Iribarren, casi en Quíbor, a la población de Santa Rosa hay unos veinte kilómetros y se podía viajar sin restricciones legales, pero desde la urbanización La Hacienda (Palavecino) a la misma Santa Rosa, tres kilómetros, no se puede. Por cierto, que esa urbanización, aislada y casi privada, depende muchísimo más de Barquisimeto que de Cabudare.

Es triste que a la población más vulnerable económicamente se le someta a esa restricciones de movilidad, que ya de hecho ocurrían por las falencias del transporte público, mientras no se les suministra de manera deseable agua potable, electricidad, gas y otros servicios públicos. Al tiempo de que tampoco gozan de empleos apropiados para generar los ingresos mínimos para su sustento. Dependen, en su mayoría, de una errática distribución de bolsas de alimentos controlada por los miembros de un partido político y sus asociados.

Es triste percatarse que de ahora en adelante es cuando la pandemia nos afectará más severamente, haciendo evidente nuestra precaria situación sanitaria en general y hospitalaria en particular. Pobre mantenimiento de la infraestructura y muy baja dotación de equipos e insumos. Personal desprotegido, mal pagado y en muchos casos amenazados si manifiestan sus quejas y las fallas en sus instituciones.

El llamado de atención sobre todo lo descrito no puede ser solamente a los personeros del régimen y a los funcionarios públicos, es también para todas las personas, independientemente de su pensamiento político, religioso o de cualquier otra índole. Si todos tomamos conciencia de lo que está pasando, saldremos adelante con mas alegrías que tristezas de esta situación.

Ingeniero Agrónomo, Ph.D. Profesor titular (J) UCLA

Barquisimeto, 29 de junio de 2020