Estado fallido y violencia criminal

En su esencia, el Estado es violencia institucional regida por las leyes, y que éste utiliza para proteger a los ciudadanos. Cuando algún ente despoja al Estado del monopolio de la violencia hablamos de un Estado fallido. Venezuela en estos momentos es un estado fallido, incapaz de garantizar la seguridad personal de sus ciudadanos. La ENCOVI 2017 revela que la mayoría del territorio es presa de la violencia criminal. Los venezolanos vivimos con miedo de ser asaltados en nuestras propias casas, en la calle o en el transporte público. Los ciudadanos no denuncian los delitos por la desconfianza hacia los cuerpos policiales y el gobierno.  Esta situación ha surgido después de 1998 como consecuencia de la complicidad del régimen con la narcoguerrrilla colombiana y las bandas criminales. La superación de esta situación requiere de una alianza con la comunidad internacional y los organismos internacionales antinarcóticos.              

El Estado en su forma más primitiva nos remonta a los monarcas o reyes de la época feudal, los cuales protegían con su ejército a los siervos o campesinos que moraban alrededor de su castillo. Ello lo hacían en retorno por los impuestos que los siervos pagaban al monarca. Si bien los Estados modernos han evolucionado incorporando otras funciones, el Estado en su esencia es violencia institucional que instrumenta un gobierno para proteger a sus ciudadanos, violencia que se lleva a cabo limitada por el  marco legal vigente.

Cuando otros entes logran despojar al Estado del monopolio de la violencia, hablamos de un Estado fallido y de ingobernabilidad. Ello ocurrió en Colombia cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), en su enfrentamiento con el gobierno colombiano lograron controlar una gran parte del territorio, impidiendo o limitando el desplazamiento de los ciudadanos entre ciudades o pueblos. También las empresas sufrieron el embate de la guerrilla, como fue el caso de los atentados contra los oleoductos de las compañías petroleras o el secuestro de empresarios. En ese momento se llegó a hablar de un Estado fallido en Colombia, así como de ingobernabilidad, ya que el Estado no era capaz de responder a las demandas de los ciudadanos por su seguridad personal y estos se veían obligados a restringir sus movimientos o desplazarse a otras zonas libres de violencia, o emigrar fuera del país. Cientos de miles de colombianos abandonaron el país.  

Gracias a la decidida acción de la elite colombiana liderada por el presidente Uribe y el apoyo de los Estados Unidos a través del Plan Colombia, la narcoguerrilla de las FARC fue derrotada, y el flagelo de la violencia se trasladó a Venezuela. Por un lado los guerrilleros de las FARC ya venían utilizando, con la complicidad del gobierno de Chávez,  el territorio venezolano como desaguadero de sus actividades en el hermano país. Los guerrilleros traían en sus mochilas el envenenado contrabando de la droga, que progresivamente fue adueñándose del territorio venezolano, el cual utilizaban como vía de tránsito hacia el Caribe y los Estados Unidos. Con la complicidad del régimen chavista la droga y la violencia ligada a ella, por los conflictos en su reparto, fue tomando cuerpo en las barriadas en especial en las grandes ciudades como Caracas. El caso de los sobrinos de Cilia Flores y el uso que hicieron de la rampa presidencial para sus fechorías, es un signo revelador de lo profundo que ha penetrado el negocio de las drogas en el régimen.            

La violencia criminal en Venezuela ha adquirido tal dimensión que funcionarios de organizaciones internacionales están utilizando el término Estado fallido para referirse a Venezuela. Es el caso de Manuel Orozco director del Programa de Remesas, Migración y Desarrollo de la organización Dialogo Americano quien en una entrevista en CNN Dinero el pasado 13 de febrero habló de un Estado fallido que se desmorona, con una explosión hacia afuera que se traduce en una migración hacia Colombia de 20 a 30.000 venezolanos diarios. Destacó varios aspectos de la crítica situación de Venezuela que presiona a los ciudadanos a abandonar el país como una hiperinflación de 4000% anual, un desempleo que estima en30%.  Sin embargo uno de los aspectos que resaltó, del Estado fallido venezolano, fue el de la elevada tasa de homicidios que estima en 70 homicidios por cada 100.000 habitantes, como una de las razones más importantes que incentiva la emigración.     

Amplias zonas del país han quedado en las manos de bandas criminales. La Encuesta de Condiciones de Vida del año 2017 (ENCOVI 2107), impulsada por las principales universidades del país, revela que 90% del territorio se encuentra sometido al flagelo de la violencia criminal. También se evidencia la percepción de los ciudadanos en relación a la incapacidad del Estado para controlar el flagelo de la delincuencia y la violencia criminal. 67% de los entrevistados en la Gran Caracas y 56% en las principales ciudades afirman que la gestión de seguridad del gobierno es mala. 64% no denuncia y calla su victimización por la desconfianza en la policía que está frecuentemente penetrada por las bandas delictivas.

La gran mayoría de los habitantes de las ciudades principales (74% para ser precisos) viven con miedo de ser asaltados en su vivienda, en las calles de su vecindario o en los medios de transporte público. Una cantidad similar se inhibe de realizar compras o realizar actividades de recreación por temor a ser víctima de la delincuencia. Casi la mitad de la población en las ciudades principales manifiesta deseos de mudarse por temor a ser víctimas de la violencia, lo cual confirma que la inseguridad es uno de los elementos que más está influyendo como acicate de la emigración.  Al igual que en Colombia en su peor momento, el trasladarse de una ciudad a otra utilizando el transporte público se ha convertido en una aventura incierta. La línea de conductores que hace la ruta Caracas- Vargas ha amenazado con declararse en paro a fin de presionar al gobierno para que tome acciones contra las bandas que asaltan constantemente las unidades de transporte. Esto es algo generalizado a lo largo del país.  

Como reflejo de la crisis de ingobernabilidad que vivimos, los índices de criminalidad se han disparado convirtiendo a Caracas en la segunda ciudad más insegura del mundo. La ENCOVI 2017 revela que la crisis de ingobernabilidad ha sido generada por el régimen chavista, ya que en el periodo previo, los índices de criminalidad de Venezuela eran muy similares a los de otros países latinoamericanos. En el año 1998 se reportaron 20 homicidios por cada 100.000 habitantes anualmente, después de esta fecha este  índice comenzó a crecer y actualmente se ubica en 89 homicidios, es decir creció más de cuatro veces en el periodo posterior a 1998.

La situación venezolana es más complicada que la colombiana, los diversos gobiernos del país vecino enfrentaron con mayor o menor entusiasmo a la guerrilla y al narcotráfico, mientras el incremento de la criminalidad en Venezuela es consecuencia de la complicidad de elementos del régimen con el narcotráfico y las bandas criminales  El ejemplo colombiano nos indica que es necesario una alianza con la comunidad internacional, y en particular con los organismos antinarcóticos de Europa y Estados Unidos, para derrotar a los facinerosos.  

Profesor UCV

josenri2@gmail.com