La democracia

En términos generales casi en todos los pueblos la democracia que impera es la representativa, la indirecta, que constitucionalmente es la de Venezuela.

Registra la historia como el primer ensayo democrático lo ocurrido en Atenas en el siglo quinto antes de Cristo, donde se convocó al pueblo a Asamblea -solo fueron llamado los nativos, y a las mujeres y esclavos les estaba vetado su participación - para decidir la suerte de todos los habitantes. Más adelante mediante guerras e invasiones territoriales aparecieron los imperios y monarcas y en cada pueblo conquistado el jerarca enviaba un emisario con todos los poderes. Aparece el despotismo y desconocimiento de la voluntad ciudadana.

Modernamente la democracia se define como un sistema político y forma de organización social que atribuye la totalidad del poder al conjunto de ciudadanos y defiende la soberanía del pueblo y su derecho a elegir y controlar a sus gobernantes. También popularmente se le define con la frase lincolniana de "el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo".  Abraham Lincoln en 1863 acuñó esta definición y desde entonces la entendemos como tal. La influencia de Abraham Lincoln en Max Weber, científico y político fue importante sobre todo en la pasión por lo nacional, el sentido de responsabilidad y mesura. Con justa razón Lincoln para muchos ha sido el estadista más logrado de Estados Unidos y de la humanidad.

La democracia tiene dos modalidades: Directa o indirecta. La primera es donde el pueblo se pronuncia mediante referéndum o plebiscito sobre temas que les afecta y la segunda, indirecta, es la representativa: El pueblo libremente elige a quienes lo representan en el ejercicio del poder.

Hoy lo que más se acerca a la antigua democracia directa ateniense es la de Suiza, acá muchas veces el pueblo se expresa a través de un singular modelo federal sobre temas de interés general.

En términos generales casi en todos los pueblos la democracia que impera es la representativa, la indirecta, que constitucionalmente es la de Venezuela.

Ahora bien, en nuestro corto ensayo democrático hemos aprendido a quererla y defenderla y por ello hacemos observaciones para elevar su contenido y sustantividad, que efectivamente sea el gobierno del pueblo y se acate y respete su soberanía.

Con estas observaciones escuché por primera vez en nuestro país, en el segundo lustro de los setenta, hablar de la "Democracia Participativa" a notables talentosos líderes democristianos como Aristides Calvani, Luis Herrera Campíns , Enrique Pérez Olivares y Eduardo Fernández entre otros. Los tres primeros muy lamentablemente fallecidos y el cuarto, Eduardo, gracias a Dios entre nosotros siempre con inmensos aportes al país con gran sentido de Patria grande y cargados de principios y valores que tanta falta nos hacen. Ellos hablaron de la necesidad de "Reinventar la democracia", de abrir canales amplios y expeditos para que la población se exprese sobre los temas de alto interés nacional. Ello supone una sociedad intermedia bien organizada y receptora de todas las inquietudes de sus asociados, en capacidad de hacer llegar a los centros de poder las percepciones y opiniones y también por supuesto la existencia de un gobierno en capacidad y disposición de escuchar y atender.

A la definición lincolniana agregarle otra preposición: "CON", vale decir la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo, por el pueblo y CON el pueblo. Es decir la democracia participativa convive con la representativa (es una mixtura de directa e indirecta) pero ésta debe abrir muchos espacios, los necesarios, para la democracia directa. No es práctico ni recomendable la democracia exclusivamente directa, ello haría la gestión pública extremadamente pesada y lenta y los pueblos requieren con mucha frecuencia de toma de decisiones rápidas, casi al instante todos los días. Por la agilidad y eficacia de la administración pública se hace necesario un plano donde los representantes soberanamente, de acuerdo a su consciencia y siempre atendiendo a quienes los eligieron, tomen decisiones en nombre de todos. Por ello debemos ser muy cuidadosos a la hora de elegir a nuestros representantes, le estamos delegando poder. Los buenos lo hacen bien pero si nos equivocamos los resultados no serán buenos. Ejemplos hay muchos.

Pienso que si queremos hacer nuestra democracia participativa debemos legislar para establecer materias y forma y modalidad de la participación ciudadana. La ley en mi criterio debe ser orgánica y me atrevo a sugerir un capítulo que permita que integren la Asamblea Nacional, además por supuesto de los electos popularmente, con todo los derechos parlamentarios (menos a gozar de sueldo ni tampoco inmunidad) representantes del sector económico y laboral -del campo y la ciudad- de profesores de educación superior y estudiantes, de los estados y municipios y de las esferas culturales y del ambiente entre otros. Estos representantes deben ser electos democráticamente en el seno de su sector y serían correas de transmisión de su sector con el parlamento y viceversa. Esto pudiera copiarse también para los estados y municipios.

Lamentablemente estas preocupaciones, me refiero a la de los líderes democristianos, no han encontrado espacio en nuestra convulsionada nación y seguimos hoy, sobre todo en los últimos veinte años desenvolviéndonos en regímenes que se dicen democráticos sin ningún interés en profundizarla y hacerla más eficiente y lo peor apartarse de sus más elementales postulados. La democracia hasta ahora es el mejor sistema de gobierno que conocemos. Ella es perfectible y por ello debemos trabajar todos los días en su mejoramiento, es un árbol que debemos atender y regar constantemente para que se mantenga frondoso y robusto y de buenos frutos.

La democracia en Latinoamérica, particularmente en nuestro país, además de un sistema político es también una forma de comportarnos en sociedad. Coloquialmente es común escuchar decir a alguien que fulano es un tipo democrático, como queriendo decir que es afable, abierto, tolerante, buen oidor y buen conversador.

Dios permita que cuanto antes restauremos la democracia que conocemos, queremos y añoramos y existan espacios para "reinventarla" , profundizarla y darle mayor sustantividad para aproximarnos a su perfección.