La digitalización es el nombre del juego

Me refiero a la digitalización de la política, un tema de mucha importancia, visto que muestra un paisaje que cambia su sentido y plantea, nada menos, que la necesidad repensar la democracia.

La política en el espacio digital

Afirman los académicos que en el futuro la política será (en realidad lleva un rato empezando a ser), muy diferente de la política del pasado, debido en gran medida al desarrollo y difusión de las tecnologías digitales. La tarea que tenemos por delante es acoplarlas con los principios y valores que rigen el sistema democrático y de la manera como se haga dependerá que las posibilidades que ofrecen, impliquen su fortalecimiento o, como pareciera imponerse actualmente, su progresivo deterioro. Se dice, entonces, que el gran desafío es ver si la democracia es capaz de resistir a internet. Hoy en día y desde hace dos décadas, la política solo existe en el mundo mediático en el que resulta difícil, casi imposible, dirimir las discrepancias políticas a partir de un espacio y un lenguaje compartidos porque las palabras cambian de significado para ajustarse a los intereses particulares y cada quien las manipula  con el objetivo de crear su propia versión de los hechos. Estamos, como se sabe, en la época de la post verdad, una palabra que pone de manifiesto cómo se juega con la realidad, y se la desconoce, se la cambia, se la mutila o se la versiona para que no se parezca a ella misma, dañando seriamente el tejido de la democracia, demostrando, así, que no  hay forma más eficaz de ejercer el poder que disponiendo de la capacidad para establecer qué es lo cierto.

Añádase a lo anterior que las nuevas tecnologías permiten registrar lo que es cada persona, en términos de sus preferencias individuales, deseos y pensamientos, expresados en datos que antes solo eran accesibles a los propios individuos, pero que ahora están abiertos a observadores externos, quienes los recogen y clasifican, analizándolos a partir de las neurociencias, la psicología cognitiva, las biotecnologías, permitiendo, así, numerosas formas de manipulación.  Se habla, pues, de la “democracia de los datos”, regida por algoritmos, más representativa, según llegan a sostener algunos, que la tradicional democracia representativa. Que las elecciones no tienen mayor sentido, expresó, por ejemplo, el Primer Ministro chino, sosteniendo que la opinión ciudadana puede expresarse diariamente y ser procesada desde el poder político. ¿Tendrá razón? Creen muchos que no, pero el debate está abierto y es inevitable.

Manipulación electoral

Los gobiernos alrededor del mundo están reforzando su control sobre los datos de los ciudadanos buscando suprimir la disidencia, erosionando la confianza en el internet y en las bases de la democracia, de acuerdo a la última edición de la evaluación anual, país por país, elaborado en  el informe “Libertad en Internet”, publicado el año pasado por la ONG  Freedom House. 

La propaganda en línea y la desinformación, reza el documento, están envenenando la esfera digital, mientras que la recopilación desenfrenada de los datos personales está rompiendo con las nociones tradicionales de la privacidad, configurando una situación que muestra un deterioro global de la libertad en la red por octavo año consecutivo, particularmente evidente en países en donde tuvieron lugar procesos electorales.

En efecto, la historia  reciente muestra que desde el Brexit hasta la elección del Presidente Bolsonaro, diferentes consultas electorales en distintas partes del mundo han sido intervenidas, torciendo los resultados gracias a un menú tecnológico sofisticado que atenta contra la libertad del votante y la equidad de la competencia comicial, afectando su legitimidad e influenciando en grado apreciable sus resultados. Se refuerza, entonces, una situación marcada por la ruptura de la relación entre gobernantes y gobernados, la desconfianza en las instituciones y la erosión de la representación política.

La Ruta de Seda digital

De acuerdo al estudio de Freedom House arriba citado,  China es el país que más lejos ha llevado el autoritarismo digital, a través de un  aparato de censura y vigilancia de sus ciudadanos. Se trata, dicho en pocas palabras, de un sistema de control social generado en el corazón de los gigantescos fabricantes de teléfonos inteligentes como Huawei, Xiaomi y ZTE y que “amenaza el futuro de la internet abierta y las perspectivas de una mayor democracia en el mundo”. Tal control se acentuó en 2018 con la aplicación de la Ley de Ciberseguridad que, entre otras cosas permite que los datos de los usuarios chinos estén a la disposición inmediata del gobierno.

Por otro lado, añade el referido documento, la vigilancia de las agencias de seguridad china se comenzará a expandir con la construcción de la “Ruta de la Seda Digital”, una red de fibra óptica que unirá oriente y occidente y costará miles de millones de dólares, ampliando la cobertura de su sistema nacional de navegación por satélite a 60 países. Para el próximo año, China estará en condiciones de competir directamente con el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos, lo que significa claramente la expansión del autoritarismo digital.

En Venezuela también se cuecen habas

Cierto, el Gobierno nacional cuenta desde hace un tiempo un dispositivo tecnológico diseñado con asesoría china, que aún no se encuentra plenamente implementado. Es el llamado Carnet de la Patria, que asoma como el eje de un sistema de control y vigilancia de los ciudadanos, del que ya empiezan a tenerse evidencias inequívocas, de acuerdo a ciertas encuestas, así como estudios iniciados por distintas organizaciones nacionales.

Se trata, así pues, de un instrumento que se aviene con su talante cada vez más autoritario. El mismo ha servido para que desde el poder se vaya consolidando un importante sistema de registro de datos, desde el que distribuyen diversos subsidios económicos, a la par que emerge un esquema de control social y político- electoral, absolutamente reñido con los cánones que rigen en un sistema democrático

La otra cara de la moneda

Las líneas precedentes muestran el lado feo, por así decirlo, de las nuevas tecnologías, el del autoritarismo digital. Imposible, desde luego, no hacer alusión a las múltiples iniciativas que están cobrando cuerpo a nivel mundial, tanto para procurar el acceso de todos a internet, como para aprovechar sus potencialidades con fines democráticos. En esta ruta se encuentran transitando la ONU y diversas organizaciones de carácter mundial, así como distintos gobiernos y, por supuesto, organizaciones de la sociedad civil, buscando que la digitalización de la política sea para fortalecer el espacio público, acomodando la democracia a los tiempos que corren. Es este un trabajo pendiente (y urgente), que compete a todos los terrícolas.  

17 de marzo de 2019