La Enfermedad Holandesa y la siembra del petróleo

Se conoce como “enfermedad holandesa” al tipo de distorsión de la economía ocurrida en Holanda como consecuencia del descubrimiento de grandes depósitos de gas natural, en la década de 1960. Este fenómeno económico es causado por la abundancia de un recurso de exportación  -- como petróleo, gas natural o un metal valioso --, asociado a su valor en el mercado internacional; lo que ocasiona un gran aumento de divisas en moneda fuerte y estable, induciendo la revalorización de la moneda local. Como consecuencia, hay un cambio en el uso de los recursos monetarios, con tendencia a un gran incremento de las importaciones y reducción de las exportaciones. Lo cual causa un significativo desbalance económico que disminuye  la competitividad de los productos nacionales, y por tanto la tendencia a la baja de la producción agrícola e industrial. Pero hay que tener presente que así como puede haber buenos precios del producto de exportación también estos pueden bajar considerablemente; dificultando mantener el estado de distorsión económica y el relativo período de bonanza, por lo que se suele recurrir al endeudamiento externo.       

En el caso de Venezuela, hay una dificultad añadida, al no tener el Banco Central autonomía de acción y por decisión directa del gobierno, se emite dinero inorgánico, es decir, sin respaldo real; lo que ha producido un efecto desmesurado de hiperinflación, con consecuencias muy negativas en la economía nacional. 

No lo sabíamos entonces, pero desde 1936 se había propuesto una estrategia económica capaz de frenar los efectos negativos de la venidera enfermedad holandesa. En ese año, Alberto Adriani, ministro de Agricultura, puntualizó enfáticamente: “HAY QUE SEMBRAR EL PETRÓLEO”. Lo que significaba aprovechar  la riqueza producto de la explotación del petróleo para realizar inversiones productivas de acuerdo a las prioridades del presente y proyecciones a futuro; pues aún no se había aprovechado con eficiencia todo el potencial que significaban para el desarrollo del país. Esto permitiría la diversificación de la economía, que es una adecuada estrategia ante situaciones como la de la enfermedad holandesa. Personalidades de prestigio, como Arturo Uslar Pietri, se dedicaron con ahínco a difundir la idea y promover su aplicación.  Durante la dictadura de Pérez Jiménez y el inicio de la nueva etapa democrática en adelante se presta más atención a las inversiones en proyectos que incrementen el desarrollo socioeconómico. Sin embargo, los recursos  también se han utilizado dando prioridad a intereses relacionados con la lucha política por el poder o para mantenerse en él. También hubo épocas en las que no se actuó con suficiente acierto o dedicación.   

A este respecto, podemos distinguir dos períodos históricos que ejemplifican los resultados de realizar inversiones productivas. En primer lugar, nos referiremos al período que va desde mediados de la dictadura de Pérez Jiménez e inicio de la nueva etapa democrática, hasta el año 1998, en el que destaca particularmente la etapa comprendida entre en los años 60 y ya avanzados los 70. Este período, con sus errores y aciertos, estuvo lejos de ser una democracia madura, pero si aceptable con las reservas del caso.     

Durante el mencionado período democrático se crean, como instancias organizativas para el desarrollo, importantes empresas corporativas, como la Corporación Venezolana del Petróleo y la Corporación Venezolana de Guayana; luego, el 1 de  enero de 1976 se nacionaliza la industria petrolera. Desde el inicio de este período, se empiezan a construir grandes obras de inversión e infraestructura; entre ella la Represa del Guri y su central hidroeléctrica, el puente sobre el Lago de Maracaibo, Parque Central en Caracas, teleférico de Mérida, el metro de Caracas, el embalse del Guárico, con fines de riego y control de inundaciones, el embalse de Camatagua (principal fuente de abastecimiento de agua de Caracas), Parque Central y muchas obra más. En este mismo período se incluye la construcción y adecuación de la mayor cantidad de carreteras y autopistas de la historia del país; un total de más de 71.000 km, lo que significa las ¾ partes de las existentes en la actualidad. Algunas de estas obras se planificaron o iniciaron en la época de la dictadura de Pérez Jiménez y se realizaron o concluyeron en el período democrático (1958- 1998); es decir, pese a las diferencias políticas, hubo continuidad en este aspecto.

Con respecto a los gobiernos del período chavista, que se inicia en 1999, considerando la enorme cantidad de dinero de que se dispuso, procedente de la explotación petrolera, particularmente durante el largo mandato de Hugo Chávez, de lo que se hizo, fue muy poco lo que perduró, en cuanto a inversiones productivas. Por el contrario, muchas de las que ya se habían realizado fracasaron o se permitió que se deterioraran drásticamente. En este sentido, el período de gobierno chavista ha sido una decepción y un gran fracaso. No se sembró el petróleo; más bien ocurrió todo lo contrario, se despilfarraron irresponsablemente los recursos extra recibidos.

Profesor, Facultad de Agronomía, UCV