La fuerza es la unión

Cuando Cristóbal Colon se hizo a la mar desde el Puerto de Sanlúcar de Barrameda como Comandante en Jefe de La Pinta, La Niña y La Santa María, no solo ignoraba hacia donde se dirigía con sus tres carabelas sino que no tenía la menor idea del inmenso y vastísimo territorio que le anexaría a España.

El primer impacto que recibió este extraordinario ser humano al desembarcar por estos lares, fue la belleza de las mujeres, la corpulencia de los hombres y lo exuberante del paisaje. Esta percepción fue de tal magnitud, que le hizo suponer se había topado con el paraíso terrenal, cuestión que le informó a los Reyes de España a través de una extensa carta que les entrego al regresar de su larga travesía.

En este orden de ideas, es obligante comentar que inexplicablemente a ninguno de los Reyes de España se le ocurrió la idea de venir personalmente a conocer estos lares, no obstante haberles informado el Almirante que se trataba de una tierra de gracia.

Ahora, si bien es cierto que España nos enseñó un idioma, nos organizó políticamente e inculcó una religión, no menos cierto es también que no nos dio algo imprescindible para la especie humana: afecto. Y tanto es así, que todavía se nos identifica en la Madre Patria con un adjetivo peyorativo: "Sudaca" 
De allí pues, que transcurridos trescientos años de ocupación española, apareció un hombre que tuvo que combatir en 477 batallas y cabalgar 124.000 kilómetros para libertar dicho territorio del yugo español. De este hombre, alguien dijo: pesaba 57 kilos: 7 de huesos, músculos y nervios y 50 de corazón. Lograda la independencia, Venezuela fue incorporada a la Gran Colombia que, como República, pudo haber sido toda caminos como la voluntad y toda horizontes como la esperanza; pero que va, los mercaderes de la trapisonda y los enreda pueblo de todas las épocas, condujeron al Libertador hasta las puertas del sepulcro y el proyecto se vino a pique.

Desaparecido Bolívar y con él, La Gran Colombia, Venezuela cayó en manos de una serie de caudillos que utilizaron su fuerza bruta y la temeridad de su ignorancia para gobernarla y perpetuarse en el poder y este karma siempre la ha acompañado.

Como buena madre, de sus entrañas comenzó a manar petróleo a borbotones para que fuese sembrado como lo recomendaba uno de sus mejores hijos, pero no le hicieron caso y por añadidura fue calificado de “Oligarca y Burgués” y todo lo contrario, en vez de sembrar el petróleo lo despilfarraron.
En este sentido, no se puede dejar de reconocer que durante los 40 años de democracia representativa, Venezuela alcanzo cierto nivel de bienestar socioeconómico, pero la corrupción y el abandono de los más pobres por parte del gobierno de la época, sirvió de argumento, justificación y plataforma para que un grupo de hombres y mujeres de izquierda comenzaran a experimentar con ella, las viejas predicas del socialismo como modo de producción.

Por otro lado, a Venezuela se la considera como la nación con las mas grandes y mayores reservas petroleras del mundo; paradójicamente, se encuentra a un pasito de ser asistida por la caridad internacional; mientras tanto, el gobierno y la oposición se dedican con pasión digna de mejor causa, a luchar por el poder.

Ante esta situación, es evidente que hemos olvidado la recomendación que nos dejó el Padre de la Patria: "Únanse o la anarquía los devorara" y hasta la enseñanza que imparte nuestro Himno Nacional: "La Fuerza es la Unión".
De no llegarse a resolver esta desunión, entonces todo cuanto se pueda planificar y programar para que Venezuela salga del intrincado laberinto donde se encuentra, no pasara de ser más que pastoreo de nubes sobre el cielo azul de la patria buena; en consecuencia y como quiera que no es ético plantear problemas y no aportar posibles soluciones, me voy a tomar la libertad de proponer una idea antes que la anarquía nos devore: presumo que la única salida que nos queda para superar esta tremenda crisis, es la unión al calor de un anteproyecto de país elaborado por los diferentes sectores que conforman la sociedad venezolana y de acuerdo a la capacidad laboral, técnica e intelectual de cada uno de sus miembros. Este anteproyecto debe fundamentarse sobre cuatro (4) objetivos específicos:
1).Convencer pedagógicamente a todos los venezolanos que solamente unidos seremos capaces de construir una nación agrícola, pecuaria, petrolera, minera e industrialmente desarrollada a través de la educación eficiente, el trabajo creador, la solidaridad ética, la responsabilidad militante, la tolerancia política, el respeto al derecho del otro y la moral pública.
2).Crear la Universidad Autónoma, Agropecuaria, Técnica e Industrial de Venezuela, para que de ella egresen los jóvenes obreros, peritos, técnicos y tecnólogos que el país vaya necesitando en base a un instrumento de planificación ascendente que previamente haya programado el desarrollo armónico y proporcional de la nación venezolana.
3).Integrar en una sola Institución, salvo la Universidad Agropecuaria, Técnica e Industrial de Venezuela, a todos los entes que imparten educación superior y proyectarla como Universidades Regionales hacia cada Capital de Estado y como Universidades Locales en cada uno de los municipios de la República.

4).Crear la Universidad Central de las Fuerzas Armadas, de donde egresarán los jóvenes oficiales y suboficiales que posteriormente se incorporarán al Ejército Libertador Venezolano, el cual estará conformado por tres componentes: Ejercito Terrestre, Ejercito Naval y Ejercito del Aire..
Luego, proceder, reitero una vez más, a diseñar un proyecto de país posible, viable y sin neurofecalomas históricos que tanto daño le han causado a la República.