La lucha imperfecta

El costo político para entender que no se puede rogar a un régimen para que actúe en términos democráticos es bastante alto. 

En medio de la tortura colectiva a la cual estamos sometidos sin consentimiento, la sociedad civil reacciona positiva y paulatinamente para enfrentar el anhelo sádico de quienes detentan el poder en Venezuela y pretenden ignorar el colapso de la República.  El quiebre público de la voluntad moral a través de la restricción de alimentos, medicamentos, servicios públicos, abuso de poder, corrupción y compra de voluntades terminó por debilitar la fuente de poder que alimentaba al régimen: el pueblo, víctima de su criolla viveza.

Después de la destructividad viene la reconstrucción, es un ciclo natural, una ley universal. El costo político para entender que no se puede rogar a un régimen para que actúe en términos democráticos es bastante alto. Figuras y organizaciones emblemáticas de la política nacional se ven obligadas a regenerarse desde el interior, con sus propios medios, a recoger sus pasos  y asumir sus errores antes de enfrentar la última batalla de esta guerra asimétrica para disolver el militarismo de Estado.

En artículos anteriores explicaba que no era posible un diálogo con el gobierno desde la MUD si no había primero un consenso dentro de la sociedad. La necesidad, precariedad y hambruna nos reúnen nuevamente para formar alianzas, confluir en escuelas de ciudadanía y presentar un verdadero proyecto de reconstrucción y desarrollo nacional. Ciertamente, estas dignas acciones no son orquestadas desde ningún centro único de poder o liderazgo como anhelan quienes aún llevan en su seno el espíritu autoritario.

El consenso social apenas inicia pero va en aumento, mientras el poder e influencia del régimen se debilitan tanto a nivel nacional como internacional. La única vena de la cual se alimenta el fraudulento sistema de “gobierno nacional” es por la carótida de las Fuerzas Armadas, sobre quienes recae la mayor responsabilidad de los hechos que están por venir. Como consecuencia del “racionamiento” de recursos vitales para nuestra supervivencia y bienestar, el pueblo por sí mismo sale de su catarsis para enfrentar las penurias que genera la ingobernabilidad.

El aprendizaje acumulado que nos imparte la lucha imperfecta en materia electoral, se ha acumulado dentro del cuerpo social como valor intrínseco y habilidad ciudadana para exigir al cuerpo político abstenerse de participar en procesos viciados y fraudulentos. A lo largo de todo el territorio nacional se despliegan fuerzas que esparcen ciudadanía demostrando que no necesitamos mártires, santos o mesías para reconstruir el país. Necesitamos que el pueblo participe para forjar nuevas alianzas, pactar con dignidad y decidir por consenso nacional  no cooperar con instituciones públicas deslegitimadas que destruyeron la República.

Secretaria de Organización

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