La pobreza del discurso político

En esta mezcolanza de dimes y diretes en la extensa explanada de la polarizante y fratricida lucha por el poder se escurren personajes de mediocre estirpe. Hombres de quinta fila ocupando primeros lugares en la escala dirigente de ambos campos en combate. Hombres sin formación política de escasa experiencia en la actividad y accidentado empirismo partidista. La pobreza general del discurso es consecuencia precisamente de la orfandad de conocimiento, marco teórico y entrenamiento en la difícil y siempre exigente actividad política. Hay una ausencia terrible de tipo conceptual y principista y los valores se confunden con actitudes personalistas y ocasionales que dejan mucho que desear en la necesidad de comprender los problemas de manera integral y multidisciplinaria. Como resultado, baja el nivel del discurso y los receptores enmarañados se quedan en la superficie sin entender los verdaderos vericuetos, intensiones y tramas reales de la lucha política. 
Frases hechas sin contenido

El discurso político en general está hecho de frases hechas sin contenido. Clichés vacíos elaborados en las empresas del marketing político dirigidos a determinados segmentos de la población. El opositor se caracteriza por un discurso fundamentalmente antichavista, donde destaca su crítica general al fracaso de la gestión pública y al comunismo que encierra el proyecto. No es un juicio de fondo a la gestión son frases preconcebidas y carentes de calado. Ausente de las razones del fracaso de tipo político, administrativo, gerencial, técnico o procedimental. Por el lado del chavismo, no vemos sino eslogans de naturaleza política, tales como derecha, imperialismo, soberanía, patria e independencia, entre otros. Conceptos que abarcan posiciones ideológicas y posturas de la geopolítica mundial. Y pudieran decir muchas cosas y de disimiles significados a los receptores u oyentes. En fin, un discurso político, en ambos lados, plagado de imprecisiones y vaguedades que mantienen a los destinatarios en una suerte de enajenamiento y semiestado de inopia y automatismo.

Analfabetismo funcional

Por eso, vemos frases cortas y efectistas que se repiten sin cesar en los actos públicos y en las ruedas de prensa. Se calcula que los políticos usan entre 70 y 80 palabras en sus discursos. Lo que expresaría la existencia de un “analfabetismo funcional” en el uso del idioma castellano. Y que los obliga a repetir las mismas palabras en sus alocuciones. ¿Si eso es a nivel de los dirigentes que queda para el público en general? Una repuesta que hace quedar muy mal a la cultura política del venezolano. Pero es necesario decirlo, esto es un fenómeno mundial, agravado por supuesto en los países subdesarrollados. La carencia de información de fondo, la aparición de las redes sociales con sus contenidos telegráficos y la trasmitida de persona a persona (ampliada, distorsionada e interesada) convierten a los individuos en seres no preparados para procesar tal cúmulo de información y por ende confundidos, aturdidos e inhábiles para su uso racional.

El discurso debe ser argumentativo, razonado e informativo. Debe contener análisis de la situación, problema o fenómeno del tema que se trata. El discurso debe generar esperanza, confianza y levantar el optimismo y la autoestima, en grupos e individuos. Deberá establecer conexión emocional entre el líder y sus seguidores. Provocar compromisos, concientizar sobre los principios y valores democráticos y republicanos. Tiene carácter educativo y formacional. Establece la agenda de la discusión pública. Traza caminos a la lucha por el poder y crea puertos a los cuales hay que llegar para lograr los objetivos de la lucha. El discurso utiliza las técnicas de la persuasión como instrumento para influenciar a las masas populares y a los distintos segmentos de la población.

Formación ideológica

El líder político deberá poseer una formación ideológica y ostentar una doctrina y estructura de Estado, sociedad y ciudadanía. Conocer las funciones, competencias y normas del funcionamiento de las instituciones del gobierno. Estudiar y diseñar políticas de Estado y de gobierno para alcanzar estadios superiores de desarrollo y progreso de los diferentes sectores de la población. Tener un Plan Nacional de Desarrollo a corto, mediano y largo plazo. Dominar una concepción de desarrollo cónsona con las características sociales, económicas y culturales de la nación. Tener claro sus recursos humanos, naturales, económicos, técnicos y gerenciales. Las funciones y responsabilidades del político son extraordinariamente grandes.

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