Las horas más oscuras

Las horas más oscuras”, representa la osada actuación del Primer Ministro británico Winston Churchill y los conflictos internos de la política inglesa al tener que enfrentar, casi desarmados, la amenaza real de ser invadidos – por primera vez desde 1066 – por las avasalladoras tropas de Adolfo Hitler.

 

La obra es en extremo pertinente a la realidad que hoy atraviesa Venezuela: Resaltan las intensas y honestas controversias sobre si negociar una precaria convivencia o resistir a ultranza. Controversias que superó un líder empecinado en luchar hasta el último aliento, consolidando el sentimiento nacional en una resistencia numantina frente al totalitarismo implacable.

Churchill fue un líder que entusiasmaba, inspiraba, o generaba resistencias colosales, no había con él simples tibias simpatías. Sus fuertes posturas – partiendo de principios fundamentales y con profundo apoyo social – marcaban a todos el camino a seguir.

Allí resultaron decisivos la osada imaginación y la suerte providencial, al rescatar a las tropas británicas atrapadas en Dunquerque con una flotilla de barcos civiles, con la fortuna de tener cielos encapotados durante toda la operación, sin que la aviación nazi pudiese atacarlos.

Al final queda claro que para superar una amenaza implacable hace falta una conjunción de factores: Confianza y fe absoluta, clara dirección, y contar gente dispuesta defender hasta la muerte los valores fundamentales de una nación.

No faltará quién en Venezuela señale que aquí no se identifica un Churchill. Cierto, pero tampoco tenemos enfrente a un Hitler y un disciplinado aparato militar alemán. Al adversario no hay que subestimarlo, pero mucho menos sobrestimarlo.

Estamos en una coyuntura histórica en la que la pretendida dictadura está asediada por todos los frentes, pierde apoyo en cada día que pasa, y depende de unas fuerzas armadas donde solo una exigua minoría es cómplice de la dominante pandilla delictiva. Sus fraudulentas maniobras electorales son tiros por la culata que intensifican su aislamiento.

Es absurdo pensar que un tenaz y mayoritario sector democrático, que lleva casi 20 años irreductiblemente impidiendo que aquí se consolide una tiranía totalitaria, se vaya a ahogar llegando a la orilla.

Ante quienes no se cansan proyectar un movimiento democrático dividido y desilusionado, hay que repetir la célebre consigna de Franklin Roosevelt: “Lo que más hay que temer es al propio temor”; junto con la reciente y acertadísima expresión del sabio padre Luis Ugalde: “El estado de ánimo del venezolano puede cambiar en una semana”.