Los caminos de la oposición

La historia no se repite, pero en el caso venezolano, la mayoría de la oposición viene de realizar una copia casi al carbón, de las prácticas impuestas por los actores políticos de la izquierda venezolana, alzada en armas contra un régimen que apenas tenía unos años de prueba en el ejercicio electoral. Los antecedentes por la defensa del voto como la única arma democrática para producir los cambios en paz sobran en este país, precisamente de manos de aquellos líderes a los cuales los actuales dirigentes opositores, deben de tenerlos como ejemplos a seguir en la lucha por el rescate de la democracia.  

Traer a colación esa historia viva de la jornada electoral del 1° de diciembre de 1963, (tomada del libro “70 años de Crónicas en Venezuela”)  no tendría sentido si no fuese por la fe y la esperanza expuesta en la crónica periodística de la “Revista Momento”, muy leída y divulgada en aquellos tiempos azarosos de un ensayo político que, tanta sangre derramada, exilios, carcelazos y torturas le costó a un liderazgo, el cual junto a su pueblo provocó la caída de la dictadura perejimenista y la puesta en escena de la democracia representativa, vigente hasta la aprobación del nuevo régimen constitucional del 1999.

Ese día Rómulo Betancourt, votó a las 10:03 de la mañana en el Colegio Chávez, entre Mijares y Altagracia. Arturo Uslar Pietri lo hizo a las 8:15 am en la Escuela Gabriela Mistral del 23 de enero. Rafael Caldera, cumplió el requisito cívico en una mesa electoral de El Recreo. Mientras que Leoni votó a las 7:25 en un local de Chacao y Jóvito Villalba, quizás el más madrugador, lo hizo a las 6:08 minutos de la mañana en la Escuela República del Ecuador, en la avenida San Martín. A las 9:10 votó Germán Borregales, en el Colegio Chávez, y Wolfgang Larrazábal compareció a las urnas en Santa Mónica.

Las votaciones prosiguieron, indicando que todos los frentes y a pesar de todas las artimañas puestas en movimiento por los enemigos del orden, los caraqueños dieron una aplastante batalla al miedo, pasaron victoriosos y llegaron triunfantes a expresar su voluntad política, dándose paso a un inolvidable ejemplo de civilidad como tal vez antes no se había visto en nuestra capital, porque si es cierto que por tres veces antes los habitantes de esta ciudad habían votado libremente (1946, 1947 y 1958), nunca antes lo habían hecho contra el terrorismo sistemático y la intimidación armada.

Es la fuerza de la historia, y quien escribe acompañó por casi 20 años, políticas abstencionistas y llamados reiterativos al boicot electoral. Como balance de todo ese peregrinar de la no participación en elecciones, les puedo decir que hubo de esperar la izquierda radical, desde su llamado a la abstención electoral, desde ese diciembre de 1963 hasta la aparición de Hugo Chávez, para recuperase de aquel error y llegar al poder de la mano, irónicamente de un militar el cual seguramente muy de cerca, nos pisó los talones en nuestra porfía insurgente.

Irá a repetirse la historia con este nuevo liderazgo político, que ahora se aleja de la lucha electoral. Ya veremos si quiere atravesar la tragedia histórica de pasar décadas sin acercarse al poder, por andar rehuyendo de la participación en elecciones, bajo el argumento de un condicionismo, solo exigible a regímenes verdaderamente democrático y respetuosos del derecho que tienen los ciudadanos a dirimir sus conflictos en paz. Vamos acompañar al pueblo en todas sus manifestaciones y protestas ante la realidad que lo aniquila, este es una vía y quizás la de mayor relevancia, pero sin descartar las otras formas de lucha. Sigamos por ese camino, pero sin descartar el camino electoral.