Mario Briceño Iragorry: “1952: Usurpado el voto popular”

Crónicas del Olvido

1.-

Nada nuevo bajo el sol. El 30 de noviembre de 1952, “fecha en que la incipiente democracia venezolana sufre un duro revés que la marcará en su renacimiento e historia”, como afirma Francisco Salazar en el opúsculo al texto que Mario Briceño Iragorry tituló “1952: Usurpado el voto popular”, se refleja en la fecha que aturde a un país en manos de la degeneración política más peligrosa de Venezuela, esta de hoy, esta del siglo XXI.

En efecto, “ese día de 1952, la regencia del país, ejercida por una Junta Militar presidida por el entonces Coronel Marcos Pérez Jiménez, convoca a elecciones a la Presidencia de la República”, como redacta Salazar, quien más adelante dice que “Los aspirantes son, además de Pérez Jiménez, el candidato de URD, Dr. Jóvito Villalba, y de COPEi, Dr. Rafael Caldera”.

El relato señala que Villalba ganó las elecciones por un margen muy grande, pero las Fuerzas Armadas se pusieron al lado del gobierno y su abanderado castrense y le dieron un duro golpe a las aspiraciones libertarias de los venezolanos de aquellos días.

2.-

Don Mario, en su excelente narrativa, ahonda en el asunto y cuenta, con la anuencia de un epígrafe de Esquilo (“Prometeo Encadenado”) que dibuja aquel episodio y que lo calca en estos ratos que nos han tocado vivir:

Implora, adula, adora siempre al que manda. En cuanto a mí nada se me da de Zeus y aún menos que nada. Que obre y reine a su gusto mientras dure esta corta tregua, que no tardará en dejar de ser el dueño de los dioses”. Esquilo, su visión política desde el drama.

Y Venezuela, aquella Venezuela, que al parecer no ha cambiado nada, se ahoga en esas palabras del griego. Se asfixia en la conducta de quienes se creen dueños del país, aquel Pérez Jiménez, este Chávez muerto que reencarna en Maduro como hijo putativo.

Ese “Sentido y vigencia del 30 de noviembre”, como subtitula Mario Briceño Iragorry, es la otra vértebra histórica de este país que no termina de madurar.

En su ensayo Briceño Iragorry precisa que la respuesta del régimen fue comprar la conciencia de todo el país, toda vez que “Por las poblaciones del interior fueron lanzadas verdaderas jaurías vestidas de piel de oveja. Su misión era enrolar al pueblo trabajador, a la clase media, a los empleados públicos en las listas de futuros votantes gubernamentales. Las autoridades estatales, bajo la dirección del ministro del Interior, suministraban dinero, divisas y carnets. Entre los célebres telegramas cuyas copias fueron publicadas de furto por AD, figura el de un gobernador que solicitaba cien mil bolívares para poder intensificar las inscripciones. A las clases pobres se dio dinero, abrigos, leche en polvo, planchas de zinc para el techo de sus casas, y el pueblo cazurramente aceptaba  la dádiva y ofrecía voto”. Por supuesto, los más comprometidos con el régimen militar recibían los mejores regalos. Créditos agrícolas, construcciones y mejoras de viviendas para los bien enchufados, como ocurre hoy, y muchas compensaciones más.

Algún parecido con la conducta actual del chavismo-madurismo no es pura casualidad. Son de la misma estirpe.

3.-

Continúa don Mario Briceño su relato:

“Para facilitar el fraude, el Consejo Supremo Electoral mejoró el Diccionario de la Lengua Castellana y admitió que un cartón circular puede ser llamado tarjeta. Así era más fácil convencer al pueblo de que votara por la tarjeta redonda, única de esa forma entre todos los cartones electorales”.

La mágica fórmula del régimen se acerca a la muy mágica de este CNE donde son las máquinas quienes deciden nuestro futuro. Máquinas que son manipuladas por cerebros ya denunciados en el mundo como tramposos.

“Antes de la medianoche del 30 ya se conocía el resultado de las elecciones. El sistema de escrutinio era fácil y la población había acudido a numerosas salas. A las meras 6 pm ya las mesas electorales estaban contando votos y levantando actas. El 1 de diciembre Venezuela amanecía como el hombre de pueblo que viste ropa limpia para la alegría dominguera. URD había triunfado en 17 Estados, en el Distrito Federal y en un territorio. Con 67 escaños en la Asamblea Constituyente superaba los votos de mayoría. Pero al mismo tiempo se rumoreaba que las fuerzas armadas apoyarían al gobierno en su intento de no reconocer el triunfo del pueblo. Se supo que la tesis de los nuevos golpistas se afincaba sobre los votos emitidos por los miembros de Acción Democrática y del Partido Comunista”.

Es decir, no hay nada nuevo. Hoy, con un montón de años encima, la república, la que ellos maltratan en minúsculas, sufre el mismo golpe. Venezuela ha sido nuevamente víctima de quienes con trampas y abusos continúan mandando en Miraflores. 1952 es 2018 con el añadido de que estos perversos de hoy usan la dictadura para quebrarle el espinazo a la economía y hacerse de la voluntad popular a través del hambre.

4.-

El historiador que es Mario Briceño Iragorry continúa abriendo senderos. Nos dice:

“Producido el 2 de diciembre el nuevo golpe de Estado de las Fuerzas Armadas –ahora no contra el Ejecutivo, sino directamente contra el pueblo-, Vicente Grisanti y nueve más de los miembros que integraban el Consejo Supremo Electoral, se negaron, en acto de alta dignidad cívica, a respaldar con su presencia el monstruoso atentado”.

La dignidad cívica hoy es barro de chiquero en el CNE.

Por supuesto, no se hizo esperar la represión, la persecución contra los que se opusieron a la barbarie del régimen de Pérez Jiménez. Pero también la dictadura envió a sus esbirros a cambiar actas que, como precisa Briceño Iragorry, fue “una cesárea “post-mortem” para dar vida a un feto ya difunto”.

Más adelante denunció el historiador:

Algunos hombres débiles se prestaron a ello; otros en cambio, resistieron y fueron perseguidos y encarcelados. Encarcelados y perseguidos fueron también los diputados electos”. Es decir, el calco no se puede negar: lo de hoy es la receta de los tradicionales golpes de Estado latinoamericanos. Un grupete de delincuentes se apropia de un país y lo desmantela, como es el caso de éste que hunde cada día más las manos en las riquezas nacionales.

Pérez Jiménez llamó a “diálogo” a los “derrotados”, pero estos no se prestaron a ser parte de un juego criminal. Don Mario sigue aclarando el panorama a quienes desconocen la historia de esta tierra que ha caído en manos de civiles y militares que han violentado los derechos fundamentales.

El 15 de diciembre la Directiva de URD fue invitada a celebrar una conferencia con el ministro de Relaciones Interiores del régimen. Después de haber conversado sin llegar a la deseada aceptación del fraude, Jóvito Villalba, Humberto Bártoli, Luis Hernández Solís, Raúl Díaz Legórburu, Ramón Tenorio Sifontes, Víctor Rafalli y J.A. Medina Sánchez fueron secuestrados en las propias puertas del gabinete ministerial por oficiales de la Guardia Nacional y embarcados esa misma noche rumbo a Panamá, sin equipaje, sin dinero, sin papeles, sin aviso alguno a sus amigos y deudos”.

Si no les parece algo similar a lo que ahora acontece, entonces estamos ciegos, con la única diferencia -en descargo de Pérez Jiménez,- que el dictador de marras sacó a los mencionados políticos del país en lugar de encerrarlos en alguna picota como el Helicoide que él dejó como elefante blanco y ahora es una mazmorra usada por los rojos para silenciar a sus adversarios.

Venezuela no se sigue llamando como antes. Ese apellido que le puso Chávez mancilla el apellido de aquél que un día se llamó Libertador y ahora es un dibujo mal elaborado por el gusto de un sujeto a quien nadie reconoce como jefe de Estado.