Modelos agotados y cambios de paradigma

La coyuntura politica actual, esa que estamos viviendo con el tema de las elecciones, merece un examen desprendido de interés y tan objetivo como sea posible, por lo que voy a interpretarla utilizando algunas comparaciones históricas que nos den lecciones al respecto.

Mi hipotesis es que los seres humanos, y más todavía ellos como entes sociales, deben entender y adaptarse al momento en que un determinado modelo de conducta se agota. Lo que sucede, normalmente, es que tendemos a aferrarnos a un modo de pensar y a conservarlo, sin reconocer cuando y como se va erosionando. Sitiados por la inercia no solucionamos lo que se pretende, salvo que se logre desmontar el paradigma que lo fundamenta. Varios ejemplos en el campo de la economía y de la politica ilustran la idea.

En el terreno de la primera está el caso del “keynesianismo”, modelo que venía dominando, tanto teóricamente, como en la politica económica en el mundo desarrollado, pero que comenzó a presentar signos de agotamiento, a pesar de los cuales, muchos países lo siguieron aplicando, en especial los Estados Unidos e Inglaterra, hasta que hizo crisis con síntomas severos y simultáneos de inflación y recesión. Por ello se vieron obligados a abandonarlo, a pesar de la resistencia de muchos en el campo teórico. El cambio de paradigma se dio y la economía neoclásica, también llamada neoliberalismo, lo sustituyó exitosamente, revirtiendo drásticamente la crisis.

Otro ejemplo que permite entender mi hipotesis es el caso del agotamiento del “modelo petrolero” venezolano, oportunidad que se nos presentó varias veces en el tiempo, pero que siempre fue reconstruido de distintas maneras y nos resistimos a renunciar a él, fuese con el método de “precios de referencia” o con la apertura petrolera. Inclusive en momentos claves de la politica económica, con los cambios que se intentaron a principios de los noventa, terminamos soportándolos en el ingreso y el modelo petrolero. El cambio de paradigma no se produjo, lo que explica en buena medida la crisis económica y politica que vivió Venezuela después de los ochenta, a finales de los noventa y hoy día.

Lo que ya resulta evidente es el agotamiento del modelo petrolero basado en la propiedad y la conducción del Estado, con claros signos que han llevado la industria al borde del colapso, pues esta ni genera producción, ni exportaciones suficientes para mantener el país andando, pero el Gobierno y la dirigencia politica siguen atados al mismo esquema[1]. Pareciera que tímidamente se comienza a experimentar con otras actividades económicas, pero de una manera tan precaria que no se percibe la dimensión de un verdadero cambio. No se logra romper con el paradigma “rentista”. Por una parte, por la ineptitud y conducta gubernamental adversa a la economía privada y, por la otra, porque todos, y el gobierno en particular, se aferran a seguir viviendo del petróleo. Se dice que ya no vivimos de una economía “rentista”, pero es lo que se practica a diario. No hay mejor ejemplo de ello que esa secuencia de bono tras bono y el mantenimiento de una aparatosa maquinaria burocrática. La hiperinflación es la forma que toma el “rentismo” y la contracción económica la insuficiencia de una real transición hacia una economía no petrolera.

Entre la economía y la política tenemos varios ejemplos. Algunos exitosos y otros no. En la Unión Soviética se dieron cuenta muy tarde de que el modelo estaba agotándose y solo una intervención tardía, la de Gorbachov pudo atenuar la crisis, pero el modelo implosionó y la “Unión” se hizo pedazos. Otro ejemplo similar, pero con peores resultados es el cubano, donde la imposibilidad de romper con el paradigma socialista tiene hundida esa sociedad en un crónico e indetenible deterioro. El caso chino es un ejemplo de un caso exitoso, cuando Deng Xia Ping le da un giro a tiempo al paradigma económico y logra el salto hacia la prosperidad que exhibe hoy ese país. La libertad y la democracia están a la espera de un cambio de paradigma político.

Obviamente, analizar el tema desde una visión retrospectiva es más fácil, porque podemos leer los acontecimientos con esa síntesis que nos brinda la narrativa histórica, pero otra cosa es inferir el agotamiento y el cambio de paradigma en una situación contemporánea.

El agotamiento del modelo de la llamada “revolución bolivariana” pareciera bastante claro, especialmente por la desaparición de la doctrina, la ideología y las consignas que le dieron origen, tanto en el discurso, como en la práctica. Por una parte, ya no se habla del Socialismo del Siglo XXI y a veces se habla de un “socialismo a secas”, con un gran vacío de mensajes y sin contenido alguno. En la práctica se fue convirtiendo, sin solución de continuidad, al más perfecto modelo capitalista, con una economía completamente dolarizada y donde el mercado marca la pauta de los precios. El modelo se agotó por necesidad y, quizás, sin poder evitarlo, tal como lo indican expresiones y declaraciones de quienes hoy dirigen ese proceso.  Sin embargo, la “revolución” continua con su retórica alusiva al “antiimperialismo” y a la “guerra económica”, sus “aparentes” grandes enemigos.

Obligada reflexión merece el caso de la oposición al gobierno, pues parece conveniente y necesario evaluar si el modelo utilizado para oponérsele está agotado y si requiere un cambio de paradigma. La trayectoria “cese la usurpación”, “gobierno de transición” y “elecciones libres” merece un riguroso examen, junto a la experiencia del apoyo internacional obtenido, sea el diplomático, el de las sanciones o el de una intervención internacional efectiva.

El hecho de que esos objetivos no se han logrado concretar hasta ahora, al menos debería llamar la atención y obliga a un cambio de enfoque. A nuestro juicio, dos razones principales podrían explicar su erosión. De un lado, está el hecho de que fueron formulados sin reales fuerzas de respaldo, ni internas, ni externas y, del otro, porque de nuevo se subestimó al enemigo, interpretando y repitiendo que está más débil, cuando la realidad indica lo contrario. Por otra parte, no es muy seguro que el descontento con el gobierno realmente se transforme en automático apoyo a la oposición.

La lectura del recién publicado “Pacto Unitario” indica que tiene las mismas ideas y consignas que no han dado resultados. El respaldo anunciado de una gran variedad de partidos políticos y de un sin número de organizaciones civiles revela el clásico expediente de mostrar la formalidad de respaldo de una mayoría. La postura de principio, de rechazar de plano la participación en el proceso electoral, que sabemos amañado, inhibe plenamente la acción politica y la movilización. Si las elecciones son una oportunidad “movilizadora” para cambiar, tanto como se pueda las reglas impuestas por el gobierno y se logra obtener sustantivo apoyo internacional, entonces, se abre una ventana que no se puede rechazar de entrada.

Romper con el dilema “votar o no votar” ya es un paso adelante y positivo y podría entenderse como un primer paso para diseñar un nuevo paradigma de la oposición. Podría ser que, por ese camino, se levante una consigna que restaure la Unidad. Razón daré a quien propugne el regreso a lo político, a la politica, quiere decir a acercarse a esa gran mayoría desatendida, por gobierno y oposición, a ir a la calle con un discurso que se salga del tema electoral y la diatriba politica y se dedique a la conquista de una mayoría que está a la espera de un verdadero cambio. De un proyecto de sociedad convincente para todos los venezolanos. No excluyente.  

Como alguien cercano me ha dicho:[2] hay tres tipos de políticos, el “mago”, el “pastor” y el “tejedor” y la diferencia entre los tres está en que el primero juega a un momento mágico, el segundo al apostolado y el tercero a “tejer” una nueva politica. Me quedo con este y para ello siempre recuerdo una anécdota reveladora: Larrazábal y Betancourt en 1958. El primero con las características del primero, el segundo como el tercero. Rómulo se fue a la calle, conquistó a la gente, presentó un proyecto de sociedad, consolidó su partido y ganó las elecciones. Ahora, en verdad, quizás estamos esperando que aparezca un “tejedor” que tenga la posibilidad de cambiar el paradigma y logre el cambio que todos esperan.

[1] Aparentemente el reciente plan presentado por PDVSA pareciera reconocer la necesidad de cambiar.

[2] “La politica como arte del buen tejer” Blog de Javier Seoane.28/8/2020