Nuevo gobierno Ya

Bien, amigos lectores, estamos siendo testigos de una situación política inédita en el país. A propósito de las venideras elecciones presidenciales se ha comenzado a conjugar tres lógicas discursivas distintas. Esta multiplicidad, por así decirlo, es un síntoma claro del desiderátum histórico al que nos enfrentamos.

El país reclama con fuerza una apuesta que encare los gravísimos problemas que confronta la ciudadanía. Esta necesidad, a pesar de su urgencia, aún no ha sido satisfecha a plenitud. Los venideros comicios, por ejemplo, no colman en su totalidad el deseo de cambio existente en la población. Se podría asumir que lo electoral, entonces, no proporciona la respuesta apropiada que demanda la gravedad de la situación social y económica que padecemos los venezolanos.

Retomemos la afirmación inicial e intentemos describir las lógicas políticas que están en juego. La de mayor protuberancia es la que pretende prolongar el actual estado de cosas. Podríamos calificarla como la postura política que se aferra al pasado e intenta reproducir el “ancien régime”. Desde luego, esta apuesta es la que representa la reelección presidencial de Nicolás Maduro. Su ratificación, como presidente, es vital si este grupo político desea sobrevivir a los acontecimientos que lentamente se están gestando en el seno de nuestra sociedad.

Por otro lado, tenemos las candidaturas de cuatro candidatos que intentan disputar el poder al actual presidente del país. De ellos el que más resalta e intenta desplazar a Maduro es Henri Falcón. Una candidatura que surge sobre la creencia de que podría capitalizar el rechazo que existe en la población hacia el gobierno socialista. Sin embargo, su candidatura es percibida en amplios sectores de la población como restauradora del pasado. En otras palabras, no logra interpelar apropiadamente a los ciudadanos que rechazan este régimen. Su investidura es percibida como “más de lo mismo” y, en consecuencia, no consigue procesar adecuadamente el sentimiento de cambio que prevalece en la gran masa de votantes.

Por último, se encuentra la población que sufre duramente las actuales condiciones sociales, económicas, de inseguridad, etc. Que padece un deterioro progresivo de su calidad de vida. Y que no da señales de participar, en el plano electoral, a favor de las dos candidaturas mencionadas. Igualmente, vale la pena agregar que hasta el momento estos ciudadanos no han sido interpelados apropiadamente por los sectores democráticos que hacen política en el país y que intentan formular una alternativa distinta a las oficialistas. Con esta última afirmación ¿qué pretendo señalar?

Diariamente se suceden en el país diversos conflictos asociados al quehacer diario de los ciudadanos: insuficiencia en el suministro de agua, electricidad, transporte, vivienda, seguridad; altas tasas de desempleo, ausencia de liquidez, pobreza generalizada, etc. Sin embargo estos antagonismos no han sido, aún, articulados a una lógica y/o solicitud de naturaleza política. No se han politizado. En fin, lo que pretendo señalar es que existe una oportunidad de naturaleza discursiva de transformar estas distintas demandas en equivalentes frente a un antagonista o adversario. En otras palabras, lo que proporciona sentido político a estas demandas es su organización en una cadena cuyo último eslabón seria cuestionar la hegemonía de quien detenta el poder.

Desde luego, el sector de la oposición que participa en el torneo electoral no concibe su actuación en estos términos. No cuestionan la raíz que genera estas distorsiones que está padeciendo la población. Su electoralismo lo aleja de la ruta de politizar la cuestión social en el país.

Aquí se abre, entonces, una oportunidad para confeccionar una oferta que proporcione sentido político a la contingencia de no participar electoralmente en la elección presidencial. Para alcanzar esta meta se requeriría elaborar un relato que encadene connotativamente las distintas carencias (salud, desempleo, hambre, inseguridad, violencia policial, etc.) que padece la población en torno a una sola consigna. Por ejemplo: NUEVO GOBIERNO YA.

Solicitud que sería exitosa en la medida que condense estas carencias que sufre la población y sea asumida por los ciudadanos en sus luchas cotidianas. Desde luego, este es un ejemplo destinado a ilustrar, por un lado, la necesidad de elaborar una oferta de naturaleza política y, por el otro, dotar de sentido a las múltiples carencias que en la actualidad padece la población.

No tengo dudas, la política es así.

6 de abril de 2018

Observatorio Venezolano de las Autonomías

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