Petroleros meritocráticos: de alabados a recriminados

La historia narra casos de personas y grupos que son alabados cuando logran resultados que satisfacen a los más, pero que pasan a ser villanos cuando el éxito se esfuma. Todo depende de quienes narran la historia. Por ello es necesario que quienes viven determinados acontecimientos escriban sobre los mismos, aunque sea difícil evitar el sesgo.

En esta lucha en defensa de la democracia varios ciudadanos alabados en determinado momento, poco después fueron recriminados o cayeron en el desprecio. Probablemente ello se debe a que hemos vivido una situación atípica. La crisis de los partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, explican parcialmente errores y decisiones de apaciguamiento, como dice Martínez Meuci, que permitieron que un gobierno electo se transformara en una autocracia y finalmente en una dictadura totalitaria.

La Corte Suprema de Justicia aprobó una Constituyente en 1999 electa por votación no proporcional. La nueva Constitución disolvió todos los Poderes Públicos. En noviembre del 2000 la Asamblea Nacional aprobó la Ley Habilitante que dio carta blanca al presidente, el cual, un año después, promulgó 49 Decretos-Leyes, varios de ellos violatorios de la Constitución. Estas medidas y el intento del gobierno de apoderarse de la CTV determinaron la alianza CTV-Fedecámaras, el paro cívico de diciembre 2001 y el Acuerdo Democrático de marzo 2002. Adicionalmente, se iniciaron las protestas con el lema “Con mis hijos no te metas” organizadas por la Asamblea de Educación.

Fue evidente que mientras los partidos políticos estaban inermes surgieron actores de la sociedad civil dispuestos a defender sus derechos.

Meritocráticos alabados: tirios y troyanos se extrañaron cuando el 25 de febrero 2002, El Nacional publicó un manifiesto firmado por los 34 más altos ejecutivos de Pdvsa y filiales rechazando los intentos de politizar la empresa. Tal día como hoy, hace 16 años, la asamblea de trabajadores acordó iniciar un paro para rechazar la designación de cinco directores sin méritos, salvo ser afines al “proceso revolucionario”, y por la jubilación obligada de dos ejecutivos y la destitución de otros cuatro.

El 4 de abril se inició el paro petrolero y el día 9 de se sumaron la CTV, presidida por Carlos Ortega, y Fedecámaras, cuyo presidente era Pedro Carmona. El día 11 fue la gran marcha en apoyo a los petroleros. Se produjo la masacre propiciada por Chávez, Bernal y José Vicente.

La Fuerza Armada le pidió la renuncia al presidente, la cual aceptó. Por mal manejo posterior la misma Fuerza Armada lo regresó a Miraflores. Pidió perdón, reincorporó a los siete despedidos por televisión y a catorce jubilados, pero poco después volvió a las andadas. Importantes personalidades y organizaciones apoyaron las acciones de los petroleros, quienes se convirtieron en ciudadanos alabados por defender principios y valores.

Meritocráticos recriminados: desde mayo del 2002 empezaron las presiones de la sociedad civil para que los petroleros realizáramos otro paro. Del lado de Pdvsa, su presidente Alí Rodríguez dejaba hacer o promovía que los talibanes que estaban en la empresa acosaran a quienes identificaban como no afectos al gobierno. Era evidente que el régimen estaba dispuesto a apoderarse de Pdvsa. El 2 de diciembre del 2002 la CTV y Fedecámaras convocaron un paro cívico al cual se sumaron a título individual miles de petroleros en defensa de la democracia.

El paro logró que en la Mesa de Negociación y Acuerdos el gobierno aceptara respetar los principios de la democracia. Desde luego no cumplió. Casi 23.000 petroleros fueron despedidos ilegalmente.

Muchos de quienes apoyaron inicialmente al paro empezaron a deslindarse del mismo y a culpar a Carlos Ortega, a Carlos Fernandes y a los petroleros por haber iniciado dicha acción. Una primera recriminación fue que “debimos quedarnos en la empresa ofreciendo resistencia”. Evidentemente eso sería absurdo ya que el régimen no lo hubiese tolerado. Recordemos las palabras de Rafael Ramírez “quien no sea rojo-rojito lo sacaremos a carajazos”. Por otra parte, ¿qué hubiésemos hecho dentro de la empresa? ¿cometer sabotajes? Eso no lo haría ningún petrolero. Solo estaríamos avalando la corrupción y malas prácticas.

Recientemente el articulista Carlos Raúl Hernández escribió que “de no ser por el paro petrolero y otras excentricidades, la revolución hoy solo estaría en la memoria” y Eduardo Fernández afirmó que “no estuve de acuerdo con el paro petrolero indefinido”. Respeto ambas opiniones, pero pienso que no se ha entendido que los rojos totalitarios decidieron perpetuarse en el poder y se olvida que desde el 8 de diciembre, seis días después de iniciado el paro, fueron separados de sus cargos los principales gerentes operacionales y gradualmente se produjeron los despidos. Evidentemente cuando alguien es despedido ya no está en paro. Ojalá no olvidemos las palabras de Chávez “tenía que tomar esa colina que era Pdvsa”. Ante una dictadura nadie debe permanecer pasivo.

Como (había) en botica:

La masacre en Policarabobo es otra razón más para enjuiciar a Iris Varela y a Lacava.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com