Reporte transicional

Legitimidad e ilegitimidad

Ya sabemos qué pasó, y podemos y debemos pensar en lo que va a pasar. Este 10 de enero Nicolás Maduro fue juramentado por un presidente del Tribunal Supremo de Justicia oficialista que lució un tanto inseguro y bastante desmemoriado, y Maduro en su actitud habitual, con un detalle: juró con la mano izquierda en alto enfrentada a la mano derecha del magistrado.

En la calle, frente a instalaciones de las Naciones Unidas, Juan Guaidó, presidente por este año de la Asamblea Nacional, demostró que no es orador pero sí capaz de nuevos aires por aquello de la juventud, frente a una multitud entusiasmada y al lado de los dos vicepresidentes de la AN con caras de aburridos –por no decir resignados y escépticos.

Juan Guaidó dió por ilegítimo al Presidente Maduro y en consecuencia “asumió” la presidencia temporal, aunque no juró -¿ante quién va a jurar si considera ilegítimo también al TSJ juramentador del también ilegítimo Maduro? Algunos constitucionalistas dicen que debió jurar claramente su cargo, otros señalan que no era necesario, que sólo estaba cumpliendo el mandato de la Constitución como presidente del único poder legítimamente electo –nadie que no sea chavista disciplinado considera legítima a la Asamblea Nacional Constituyente que, de paso, ni está prevista en la Constitución de 1999, ni tiene en cualquier caso atribuciones sobre el tema.

De manera que desde este 10 de enero de 2019 el país no sólo tiene dos poderes legislativos y dos poderes judiciales, sino además dos Presidentes. Del 10 al 23 de enero de 2019 estamos en el limbo, sólo que es un limbo muy activo que debe ser analizado día tras día.

Presidente más o menos, corrida la arruga hasta el 23 de enero

Menos legitimista, pero política y socialmente más importante, fue la convocatoria que hizo Juan Guaidó a una manifestación popular, que espera nacionalmente masiva, el próximo 23 de enero. Fecha simbólica, sin duda alguna, y muy emotiva. Si las oposiciones partidista y ciudadana logran realmente un 23 de enero de verdad masivo, cualquier cosa puede pasar, incluso dentro de los cuarteles. Creo que la concurrencia de Nicolás Maduro, el mismo 10 de enero, a Fuerte Tiuna,  a jurar ante los militares y a aclararles que cuenta con ellos, es llamativo, la primera vez que un Presidente venezolano hace tal espectáculo. El 23 de enero próximo habrá dos grandes ocupantes de las calles venezolanas: la ciudadanía opositora, y los uniformados militares y policiales. Tendremos que estar pendientes, será un día clave.

Vivir aislado puede ser complicado, y más con los bolsillos vacíos

Con muy contadas excepciones, numerosos gobiernos del planeta han advertido que no reconocen a Nicolás Maduro como Presidente de Venezuela desde este 10 de enero, y alguno incluso ni siquiera le permitirá entrar en su territorio. Y la Asamblea Nacional, y unos cuantos voceros oficiales del mundo, han dejado claro que tampoco reconocen a la Asamblea Nacional Constituyente como poder legislativo de Venezuela. Hasta el gobernante e izquierdoso Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha señalado oficialmente que la investidura de Nicolás Maduro “carece de legitimidad al ser electo sin garantías democráticas”, y que “se apegan al mensaje de la Alta Representante de la Unión Europea para la Política Exterior”, Federica Mogherini. También, es inevitable, recomiendan “un diálogo sincero que desemboque en ‘elecciones libres’  ”. Mogherini, también en un tuit, había señalado que “The EU deeply regrets that President Maduro is today starting a new mandate on the basis of non democratic elections”. Más claro, agua.

El Secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo ha reiterado que “el Gobierno de Maduro es ilegítimo”, el Asesor de Seguridad del Gobierno estadounidense John Bolton advirtió que “es hora de que Maduro se haga a un lado y permita elecciones libres en Venezuela”. Brasil y Chile, para sólo citar a dos gobiernos suramericanos, han confirmado su reconocimiento a la Asamblea Nacional, Paraguay rompió relaciones diplomáticas, Perú se ha mostrado duro e intransigente y ni siquiera dejará entrar en su territorio a Nicolás Maduro y, según La Patilla.com, “varias embajadas suramericanas ubicadas en Caracas estarían dispuestas a acoger al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó y su familia si éste se juramenta como mandatario de Venezuela frente al parlamento”, citando a CNN.

Las fuentes de esta cadena habrían señalado también que “hay personajes en la oposición venezolana que se encuentran negociando con funcionarios del Gobierno” –aunque hay que recordar que cada vez que la oposición ha “negociado” con el madurismo, ha salido trasquilada. Las conversaciones estarían siendo adelantadas con los dos hermanos Rodríguez.

Aparte del problema de Maduro, cuya respuesta prepotente y creo que contraproducente fue darles un plazo de 48 horas (que este fin de semana prorrogaron ¿generosa o inevitablemente?) para que cambien de opinión, está el gravísimo tema económico, que tiene al Gobierno contra la pared. No sólo la indetenible hiperinflación –en realidad ya es más que “hiper”-, sino los precios de todos los productos sin excepción que suben permanentemente, sin etapas y, en consecuencia, la creciente angustia de una ciudadanía que cada vez menos puede comprar lo mínimo para alimentarse y curarse –fíjense que ni siquiera menciono “bienestar”.

Los jefes de las grandes industrias del Estado –vale decir, petróleo y minería- no sólo no han logrado rescatar el aceleramiento de la caída de las empresas y sectores a su cargo, sino que lo han agravado, el ejemplo más sencillo es PDVSA. La Venezuela controlada por Nicolás Maduro, sus adheridos y el alto mando militar, ya no es un productor y comercializador relevante en el mundo petrolero.

Con las arcas vacías, el Gobierno necesita dinero fresco porque encabeza un Estado exageradamente inflado y abrumadoramente incapaz que ni siquiera logra cumplir adecuadamente con los bonos y ayudas populares, y en quien ningún empresario nacional o internacional confía.

La angustia es a quién pedirle dinero fresco.

Los países con capacidad económica para prestar han dejado claro que no reconocen a Nicolás Maduro como Presidente de Venezuela, los organismos internacionales con la misma capacidad y objetivos mantienen posiciones similares y, en consecuencia, las grandes compañías multinacionales no sólo no vienen ya a Venezuela, sino que han estado yéndose.

El gigante con capacidad y posible interés en meter dinero en Venezuela –China, para Rusia no es negocio más allá de vender armas cuyos pagos exigen al contado y oportunidad para una estrategia geopolítica de sostener un amigo en las narices de Estados Unidos- están exigiendo que se les pague la billonada que se les debe y que se les den ventajas especialísimas antes de meter un dólar –yuang- adicional.

India anda en sus propios planes de expansión, Brasil ha virado por completo del socialismo cómplice de un Lula Da Silva ahora encarcelado a la derecha anticomunista de Jair Bolsonaro, Turquía no cuenta, su Gobierno sólo hace aspavientos porque son una potencia menor que además no puede arriesgar sus propias relaciones con quienes desconocen al Gobierno venezolano, los países asiáticos no son esperanza y hasta Japón ha dejado claro que tampoco reconoce a Nicolás Maduro.

La caída económica de Venezuela desde 2013 ha sido de poco más de un 50%, del cual una contracción del 12 % -que es bestial, insostenible- en 2018, la inflación escapa a todo cálculo, el bolívar sigue valiendo menos que el papel de sus billetes, ya los billetes de 2 bolívares ni siquiera son fácilmente aceptados y se habla de la desaparición de los de 5 y de 10 soberanos. ¿Cómo puede afirmar Nicolás Maduro –como ha hecho varias veces en las últimas semanas- que 2019 será “el año de la recuperación económica”? Alardes de quien sólo sabe hablar y necesita reprimir para que siquiera lo escuchen. Sólo que escuchar no significa creer.

Quizás sea bueno recordar –como alguien hizo recientemente- que el derrumbe de la Unión Soviética se produjo finalmente cuando Moscú se vió en dificultades para pagar los sueldos militares. Soy de los que cree que este Gobierno se soporta cada vez más sobre las bayonetas y cada vez menos sobre la opinión popular, pero es difícil creer que todos los militares venezolanos estén felices, contentos, motivados y bien pagados –aparte de los corruptos que se “redondean”, que van desde guardias en alcabalas hasta la absurda proliferación de generales y almirantes. Si son los menos o los más, no lo sé. Pero que cada día más el pueblo vea a los militares como cómplices y sostenedores del desastre es asunto que debería preocupar a todos los integrantes de ese hoy muy cuestionado sector.

Claro, también hay que reconocer que algo bueno han hecho el chavismo y especialmente el madurismo: convencer cada día más a los venezolanos de que los militares nunca arreglan nada, al contrario. Si quieren más detalles, pregúntenles a los argentinos, uruguayos, paraguayos, chilenos, peruanos, panameños y hasta a los brasileños cuyo nuevo Presidente es un militar, pero hace años retirado y activo en la vida civil.

Gigantes empresariales venezolanos están en estado de emergencia, cada día menos gigantes aunque sean estratégicamente fundamentales, y son más los despidos que deciden que las inversiones para producir y mantener cadenas de distribución. Los burócratas maduristas puede que tengan extensas caravanas de vehículos nuevos, blindados y limpios, pero la mayoría ciudadana sólo tiene autobuses y por puestos, y las humillantes y peligrosas “perreras”. O los pies.

Un detalle a tomar en cuenta, y que debería preocupar al Gobierno de Maduro, es que ya hay tenedores de bonos que no sólo están demandando a Venezuela por intereses impagos, sino que se niegan a discutir condiciones con el Gobierno, basados en que para ellos el organismo constitucionalmente adecuado es la Asamblea Nacional.

De ilusiones también se vive, pero igualmente se puede morir.

Pongan atención a La Pastora

Vamos a estar claros en la cuestión religiosa. Una cosa hace el Vaticano como estado, y otra la iglesia que pone la cara en esta Venezuela, la de los obispos –y sus párrocos- de la Conferencia Episcopal Venezolana, clara y permanente crítica y opositora al Gobierno madurista extensión del chavista. La diferencia importante es que el chavismo, que comenzó el desastre, tenía dinero para repartir y cubrir errores, al madurismo ese dinero le queda día tras día más corto.

Pero el asunto no es tan sencillo.

En la juramentación de Nicolás Maduro este 10 de enero pasado no estuvo presente el representante nato del Estado Vaticano, el Nuncio Apostólico, sino un obispo enviado para mantener la presencia de las sotanas. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que el Estado Vaticano lleva meses sin aceptar al escogido por Nicolás Maduro como embajador de Venezuela, Roy Chaderton, hoy en dia un embajador sin embajada.

Este lunes 14 se celebra en Barquisimeto la fiesta de la Virgen de La Pastora, un evento que tradicionalmente reúne a centenares de miles de devotos. Hay que estar pendientes, no tanto a lo que pase que posiblemente –ojo, digo “posiblemente”- no pase nada, sino a los sermones. Que no son necesariamente exaltaciones a la virtud y la aplicación del verdadero cristianismo, sino las expresiones de la Conferencia Episcopal. Es decir, la posición de la Iglesia católica venezolana.

Atención, Guaidó: ahora vienen las amenazas e intimidaciones, pero también algo que puede ser peor: los consejeros

Lo mejor de Juan Guaidó, por encima de las expresiones de aburrimiento y la sequedad de las caras de los dos vicepresidentes de la Asamblea Nacional que representan a sus partidos, es que es un ejemplo de algo que podría estar pasando en este país.

Ya ha pasado tiempo desde que muchos ciudadanos se han hartado de las idas y venidas, diálogos públicos y acuerdos secretos, de la oposición partidista. La aparente insurgencia de una juventud con muchas menos trabas es una señal de que podría estarse produciendo un cambio muy profundo, histórico.

En Venezuela la juventud ha sido siempre protagonista de la historia. La mayoría de los próceres de la independencia fueron muy jóvenes, se hicieron adultos maduros combatiendo en esos entre once y catorce años –según lo mida usted entre el 19 de abril de 1810 y las dos batallas definitivas, la de Carabobo en 1821 y la naval del Lago de Maracaibo en 1824- de guerra feroz. Los caudillos y caudillitos que ensangrentaron y frenaron al país desde la muerte de Bolívar hasta la llegada de Castro y Gómez, no eran, salvo excepciones, jóvenes.

En el trascendental 1928 fue la juventud estudiantil la que se enfrentó a la brutalidad gomecista poniendo en el campo su libertad y sus vidas. Durante la década de los años 50, fue una juventud militar, ésta ya en sus treinta o cuarenta años, la que aún con fuerza dictatorial, transformó la Venezuela pequeña y semirural en una nación pujante y moderna.

Los mismos jóvenes que habían enarbolado la democracia en 1928 llegaron al poder en 1958 apoyados por la organización política eficaz que habían forjado y por la fuerza popular y la nueva juventud militar; en 1992 fue una juventud militar la que aunque fuese con mentiras y gran incompetencia en su especialidad la que se levantó contra el bipartidismo; en 2014 y 2017 –para no entrar en detalles de eventos anteriores- fue la juventud la que salió a las calles venezolanas a enfrentarse a los gases lacrimógenos y a unos uniformados ideologizados e implacables. Y son muchos los jóvenes hoy engarfiados en cárceles y sótanos del régimen, y exiliados. O asilados, como Freddy Guevara.

Llama la atención Juan Guaidó porque es un profesional universitario que a sus treinta y pocos años es dirigente del partido de un joven como Leopoldo López, y este 10 de enero también llamó la atención una joven, mujer, además, que fascinó con su apasionado discurso, Rafaela Requesens, hermana de otro joven dirigente ya con brillo y sacrificio propios.

Para ratificar que siguen sin aprender, los maduristas respondieron a los jóvenes con el aparente -¿y poco sincero?- desprecio de Nicolás Maduro, y la tosca amenaza de Iris Varela, que no podía dejar escapar esta oportunidad para ratificar lo que es la filosofía del régimen de cuyo Gobierno forma parte, advirtiendo públicamente al presidente de la Asamblea Nacional que ya le tiene lista su celda y su uniforme de preso. Mala señal para los venezolanos dentro y fuera de su país, y para la comunidad internacional.

Juan Guaidó debería recordar –investigar, preguntar- cómo trataron de enredar a Ramón Velásquez cuando fue nombrado por el Congreso Presidente provisional de la República después que adecos y el Fiscal General de entonces sacaron a Carlos Andrés Pérez del Gobierno, y nombraron a Velásquez tras prometerle que lo apoyarían en todo. Para detalles más completos sugiero a Juan Guaidó conseguir y leer el libro “La Paz Ramónica” de Edgar C. Otálvora.

La crisis de los aguacates

Tal vez la decisión del nuevo y promadurista y procastrista Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de intervenir la red de distribución petrolera de Petróleos de México, PEMEX, en vista de los numerosos robos de combustible directamente de las tuberías, haya sido necesaria.

Pero como López Obrador es, por lo visto hasta ahora, de karma similar al madurismo, la decisión se le ha convertido en una bomba social peligrosa con una crisis de gasolina y largas colas por varios días en las estaciones de servicio mexicanas. Pero también, como consecuencia, en un problema económico –pérdidas de tiempo, retrasos en entregas, afectación del transporte público, por ejemplo- que alcanza también a un sector productor y exportador que en México es de capital importancia.

Los aguacates, no sólo la “persea gratissima” que exaltó Linneo, sino el fruto que forma parte de la dieta habitual de los mexicanos de todos los sectores socioeconómicos, el guacamole, y que significa para ese país ingresos en divisas por exportación si no más jugosos, al menos tan importantes como el petróleo y otras exportaciones mexicanas.

Un detalle revelador es que para el 24 de este mes los productores mexicanos deberían haber exportado a su vecino estadounidense unas 100.000 toneladas de aguacates, previsión sólo para enero, mientras la producción aguacatera del vecino norteño está estacionalmente detenida hasta marzo. De las previstas 100.000 toneladas hasta ahora sólo han logrado enviar unas 30.000, y se les viene encima una fecha trascendental, el Super Bowl, el juego que no sólo lleva miles de fanáticos al estadio en cuestión, sino que es el evento televisado de mayor importancia –me atrevería a decir, a pesar de ser fanático de los Yankees de Nueva York, los Cubs de Chicago y los gloriosos Leones del Caracas- que incluso la transmisión de la Serie Mundial de béisbol.

La fecha del 24 de enero tiene que ver con que el Super Bowl se celebrará el 4 de febrero; el lapso entre ambas fechas es para ventas y distribución, porque resulta que el platillo favorito de los fanáticos del fútbol americano es precisamente el guacamole. Y la crisis de la gasolina tiene a los transportistas y a los cosechadores de aguacates mexicanos angustiados, pues de las tres semanas de intensa exportación ya se han consumido dos.

¿Cómo les suena “Mister President Castro”?

El Secretario (ministro) de Vivienda del ya expresidente Barack Obama es un estadounidense de origen mexicano llamado Julián Castro, que este sábado pasado informó públicamente, en inglés y en español, que se lanza como candidato presidencial demócrata para las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020. Castro es nacido en Estados Unidos y segunda generación de inmigrantes mexicanos, y uno de sus hermanos, Joaquín Castro, es actualmente representante de Texas en el Congreso.

No es por ahora el único candidato. Los otros demócratas que entran en competencia por la candidatura de su partido son los congresistas Elizabeth Warren, “una de las figuras más populares y progresistas del Partido Demócrata”, Jhon Delaney, de Maryland y Tulsi Gabbard de Hawai. Nuestro  heart is con you, Julian Castro!

También se está hablando, aunque sin confirmación oficial, de la posibilidad de una candidatura de quien fuera Vicepresidente de Obama, Joe Biden, quien no ha confirmado nada aunque “se ha mostrado escéptico sobre las opciones que tienen otros demócratas con el ojo puesto en la Casa Blanca de batir finalmente al actual Presidente Donald Trump”. Es antihistórico que el Presidente estadounidense en ejercicio sea derrotado en su aspiración a un segundo mandato, pero ha sucedido, recuerden a Jimmy Carter. A Trump le quedan dos años para recomponer su imagen algo deteriorada, ya veremos.

Caracas, noches del 11 al 13 de enero de 2018

Principales fuentes: La Patilla.com, Konzapata.com, Venepress.com, El Universal.com, CNN.