Ruido de sables en América Latina

La sombra amenazadora de los militares se cierne, desde siempre, sobre las democracias de América Latina y el Caribe. Sin embargo, tras destaparse el horror que perpetraron las dictaduras castrenses en la región durante los años ’70 y ’80 del siglo pasado, las democracias se fueron afianzando prácticamente en todos los países y las Fuerzas Armadas se insertaron en esas democracias asumiendo el papel que les corresponde. Muchos creímos que nunca más los pueblos volverían a escuchar ruido de sables, que nunca más lo permitirían. Mas la realidad de los últimos años desmonta cada vez más esas certezas.  Muchos creímos que nunca más los pueblos volverían a escuchar ruido de sables, que nunca más lo permitirían. Mas la realidad de los últimos años desmonta cada vez más esas certezas.

El Salvador ha sido el ejemplo más reciente. El Presidente Nayib Bukele irrumpió en el Parlamento acompañado por un grupo de militares armados, con el propósito de imponer la aprobación de una ley que le permitiera acceder a un préstamo internacional. Una deliberación de la Corte Constitucional, que ordenaba al Jefe de Estado no volver a repetir una acción similar, logró evitar consecuencias más graves. Bukele subrayó que acataba la orden de la Corte, pero no la compartía.

Nayib Bukele, llegó a la presidencia del país centroamericano a los 37 años, tras una escalada meteórica. Pasó de las filas del izquierdista FMLN (Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí) a las del partido de ultraderecha GANA, (Gran Alianza por la Unidad Nacional), mostrando claramente que su única meta era y es el poder. Para lograrlo repitió los pasos que transitan muchos populistas con tendencias autocráticas: prometió luchar contra la corrupción y contra la delincuencia, amenazó a los opositores, se arrodilló frente a Trump y, al igual que este, empezó a gobernar por medio de los tweets.

Hace poco menos de un mes, los militares en Venezuela impidieron la entrada a la Asamblea Nacional de los diputados opositores, para evitar la reelección de Juan Guaidó. Saltándose todas las reglas constitucionales y tras violentar un recinto sagrado como lo es el Parlamento, en cualquier país democrático, los únicos diputados que pudieron entrar, todos pro-gobierno, juramentaron como nuevo presidente al diputado opositor disidente Luis Parra, sobre el cual pesan acusas fundadas de corrupción.

En Venezuela, desde el mismo momento en el cual llegó al poder Hugo Chávez, ex teniente coronel del Ejército, los militares han ido escalando posiciones de poder tanto político como económico. Lo han hecho cada vez más abiertamente y actualmente son el gran respaldo que apuntala el gobierno de Nicolás Maduro.

Igual posicionamiento tienen los militares en Nicaragua. Corrupción y violencia son las armas que utilizan para mantener al poder los Ortega garantizándose así su jugosa cuota de ganancias.

La historia de Venezuela, un país que, entre sus altos y bajos, había sido una referencia democrática para las otras naciones de la región, evidenció la debilidad de las democracias en América Latina. Sin embargo, su ejemplo no sirvió de monito para los demás países. Todo lo contrario. Según el último informe de Latinobarómetro, las estadísticas muestran el continuo deterioro de la confianza ciudadana en los sistemas democráticos.

A medida que las democracias se debilitan bajo el peso de la corrupción e ineptitud de algunos políticos, aumenta el poder de los populistas quienes no le tienen miedo al empleo de la fuerza militar para lograr sus objetivos.

La primera gran nación que devolvió un poder enorme, peligrosísimo, a los militares, ha sido Brasil. Y lo hizo en las urnas al votar por el ex militar Jair Bolsonaro quien está cediendo cada día más espacios a los uniformados y quien, lejos de ocultar su añoranza por la dictadura que sembró terror y ensangrentó ese país desde 1964 hasta 1985, la exalta y elogia. Indiferente al sufrimiento de quien padeció las duras consecuencias del gobierno de facto, llegó a decir que el torturador Carlos Brillante Ustra fue un “héroe nacional”.

En octubre de 2019, el presidente de Perú, Martín Vizcarra, tras ser suspendido por el Congreso, mostró una foto en la cual aparecía rodeado de las cúpulas del Ejército y de la Policía. La amenaza del mensaje era evidente.

Poco después en Ecuador Lenin Moreno, tras las protestas que surgieron a raíz de la decisión de eliminar el subsidio a los combustibles, impuso un toque de queda y trasladó el gobierno a Guayaquil.

Seguidamente en Chile el presidente Piñera respondió a la movilización popular, con otro estado de emergencia y, lo que es peor, lo hizo teniendo a su lado al general del Ejército Javier Iturriaga.

Y finalmente en Bolivia el comandante de las Fuerzas Armadas Williams Kaliman “sugirió” al presidente Evo Morales, dejar su cargo. Dos días más tarde los uniformados impusieron la banda presidencial a la presidenta interina, Jeanine Áñez Chávez, quien cuenta con el apoyo de los sectores más conservadores del país, así como de los católicos.

Es evidente que el ruido de sables se vuelve cada día más fuerte y peligroso en nuestros países y pone en evidencia la fragilidad de gobiernos electos democráticamente.

Si no recuperamos la memoria, si no luchamos para combatir los males que llevaron al debilitamiento de los gobiernos, sin saltarnos las reglas que imponen las Constituciones, si no fortalecemos las instituciones, el horror del pasado puede volver con fuerza demoledora.

Si dejamos que el tiempo diluya el sufrimiento y mitigue los miedos, de nada habrán servido la muerte y el dolor de quien dio sus vidas y su libertad para construir esas democracias que hoy muchos denigran.

@MBAFILE

Febrero 17, 2020

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/ruido-de-sables-en-america-latina/