Teodoro o la inversa del dogmatismo y el pensamiento binario

Todo lo que se puede decir de Teodoro, ahora que sabemos que ya no está, es infinito. Valiente. Combativo. Honesto. Enamorado del país hasta el final de sus días.

Pero la enseñanza más importante de Teodoro, en este momento de fanatismo, es que supo asumir compromisos con ideología extremas y deshacerse de ellas a tiempo sin nunca traicionar sus principios. Es decir, fue un hombre que entendió que lo importante no era ser fiel a una doctrina sino a unos principios. Y si las doctrinas dejaban de ser fieles a los principios, pues entonces había que dejar atrás las doctrinas.

Por eso cuando la URSS invadió a Checoslovaquia, de la misma manera como los gringos lo estaban haciendo en Vietnam, Teodoro no dudo en abandonar el comunismo. O seguimos siendo comunistas, o seguimos siendo defensores de la justicia social y la libertad, pero no podemos ser las dos cosas a la vez. Esa fue su conclusión.

Por eso se hizo fiel demócrata hasta el final de sus días. Desde que comprendió que solo dentro de las libertades democráticas se podría conquistar de mejor manera la sociedad justa y equitativa, respetuoso de los derechos humanos y de la libertad, con la que siempre soñó.

Por eso dejó el MAS, cuando dirigentes más jóvenes que él, precozmente prostituidos, lo convirtieron en un partido prepago.

Por eso se inmoló ya con cierta edad tratando de garantizar la unidad entre los partidos opositores a Chávez que no lograban ponerse de acuerdo en torno a una candidatura única.

Por la misma razón se opuso públicamente al golpe de Estado mal dado en abril de 2002, con Carmona, Fedecamaras, la jerarquía eclesiástica, y el club de dueños de medios al frente. Porque era una asonada tan violadora del Estado de derecho como el chavismo al que se quería sustituir.

Teodoro se va en el momento justo cuando dirigentes políticos como él, a un mismo tiempo hombres de acción y de pensamiento, hacen más falta que nunca. Cuando la confusión ideológica es mayor y la emocionalidad en la política ha sustituido la razón. Cuando los radicalismos son un éxito y la sensatez un defecto.  Cuando gente que detesta el militarismo para Venezuela celebra que el domingo pasado haya arribado al Brasil-

Con Teodoro probablemente se cierra el ciclo de los grandes políticos venezolanos que fueron hombres de acción, líderes con autoridad moral, y al mismo tiempo maestros de pensamiento. La opacidad es, por ahora, nuestro destino.