4 de marzo, el día del regreso triunfal de Guaidó a Venezuela

El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, durante su discurso en la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes / Foto: Analítica.com

 

“Regresaré por (el aeropuerto internacional) Maiquetía, como lo hacen los presidentes”.

Esa fue la promesa que lanzó el diputado Juan Guaidó, jefe del Parlamento Nacional, en cuyos hombros se sustenta la encargaduría del Poder Ejecutivo, luego cruzar la frontera con Colombia el pasado 22 de febrero en el marco del intento de ingresar ayuda humanitaria, donada por Estados Unidos y otros países para atender a decenas de miles de venezolanos. La prohibición de salida del país que había dictado días antes el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se presentaba como el primer escoyo y ponía en vilo si su llegada al país terminaría en una detención inmediata.

Este panorama no era ajeno a Guaidó. Tras el fracaso de la entrada de insumos médicos y alimentos, el líder opositor emprendió una rápida gira presidencial por Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina y Ecuador, a fin de articular acciones ante la comunidad internacional en caso de consumarse su arresto. “Hemos dejado una ruta clara, con instrucciones claras a seguir por nuestros aliados internacionales y hermanos del parlamento”, indicó Guaidó en un breve mensaje en su cuenta de Twitter.

El miércoles 27 de febrero, el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, sostuvo, bajo un tono amenazante, que el presidente de la Asamblea Nacional no arribaría “por ningún motivo a Venezuela por Maiquetía”, pero de ser así el gobernador del estado Vargas, Jorge Luis García Carneiro, “lo recibiría con una comitiva especial”. El gobernante Nicolás Maduro tampoco evitó pronunciarse al respecto y señaló que el líder opositor debía rendir cuentas ante el Poder Judicial. “Él no puede ir y venir… y la justicia le tenía prohibido dejar el país. Yo respeto las leyes”, aseguró.

Así todo, con el ultimátum chavista, se convocó a una manifestación para este lunes 4 de marzo para recibir al joven legislador.

El escenario dispuesto fue la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes, en Caracas. A las 10:00 a. m. pequeños grupos de personas comenzaban a llegar al lugar, en donde se había instalado una tarima desde la cual, horas más tarde, se esperaba el pronunciamiento de Guaidó.

Un clima de expectación se apoderó del lugar. Mientras algunos manifestantes se mostraron seguros de la presencia del dirigente opositor en Venezuela, otros apostaban a la cautela ante posibles acciones del régimen de Maduro en su contra.

“Lo que es seguro es que si lo detienen, el pueblo se irá encima contra Maduro”, expresó María Elena Noriega, manifestante que acudió a la concentración desde Guarenas, estado Miranda, “cansada de la injusticia” gubernamental.

Para Ramón Cabrera, otro de los asistentes de la Sadel, la clave de la confianza en el actual proceso de la oposición reside en la figura de Guaidó: “Es un líder fresco, espontáneo y vigoroso para aglutinar el apoyo popular”. En poco más de 30 días, el dirigente de Voluntad Popular –mismo partido del preso político Leopoldo López–, se convirtió en la cara del liderazgo antichavista. Su ascensión como presidente de la AN –por elección o descarte- renovó los bríos de un bloque opositor fragmentado y relegado en su discurso.

Los minutos seguían su curso. Los organizadores del acto anunciaron a las 11:45 a. m. que la “espera por Guaidó” sería larga. “Nos mantendremos aquí el tiempo que sea necesario”. En ese momento no se tenía información sobre el status del mandatario. Mientras tanto, en la tarima llegaban los parlamentarios Gilber Caro, José Guerra, Delsa Solórzano, Adriana Pichardo, Juan Andrés Mejía, Américo de Grazia, Rommel Guzamana y los dirigentes Andrés Velásquez (La Causa R) y Edinson Ferrer (Primero Justicia), también secretario de la AN. Todos esbozando sonrisas en sus rostros.

Casi una hora después oficializó la llegada de Guaidó al país, por medio del vuelo 222 de la aerolínea Copa Airlines, procedente de Panamá, que aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Su paso por inmigración, pese al riesgo de ser enviado a prisión, ocurrió sin incidentes. Los embajadores de España, Francia, Alemania, Portugal, Chile y Argentina, entre otros, lo recibieron en el terminal aéreo.

“¡Ya en nuestra tierra amada! Venezuela acabamos de pasar migración y nos movilizaremos donde está nuestro pueblo #Vamosjuntosalacalle”, informaba el jefe del Parlamento en redes sociales. Simultáneamente en Las Mercedes, el diputado Juan Andrés Mejía confirmaba a la multitud presente el arribo del líder opositor. “Esto es un mensaje para todos los venezolanos que no nos arrodillamos: Venezuela unida jamás será vencida”, expresó al tiempo que la gente gritaba: “Sí se puede, sí se puede” y “Guaidó, Guaidó, Guaidó”.

Ni los bloqueos a señales de líneas telefónicas, portales de noticias y redes sociales como Twitter y Souncloud por parte de Conatel impidieron que más personas se congregaran en la plaza caraqueña. Posterior al anuncio, las calles aledañas a la localidad se colmaron por miles de personas, en su mayoría vestidas por camisetas blancas y gorras alusivas a la bandera nacional.

“Si no detuvieron a Guaidó es porque hay miedo dentro del régimen, a lo mejor creen que con eso pueden sostenerse un poco más”, dijo Naibre Vigo, una más de los manifestantes, al equipo de Analítica.com.

Luego de las declaraciones de Mejía, los dirigentes Gilber Caro, Américo de Grazia, Andrés Velásquez, Edinson Ferrer, Delsa Solórzano y Rommel Guzamana tomaron la palabra. Este último, representante indígena ante el Parlamento, resaltó el ataque por parte de la Guardia Nacional contra la etnia pemón por apoyar la entrada de ayuda humanitaria al país desde Santa Elena de Uairén, estado Bolívar.

“Si ellos están armados, pues nosotros también debemos armarnos para defender nuestras tierras”, manifestó.

En medio de un inclemente sol, el presidente encargado de Venezuela haría su entrada triunfal a la tarima de la Sadel a la 1:10 p. m. Vestía su clásico saco negro y camisa blanca sin corbata y blue jeen, mientras era flanqueado por su esposa Fabiana Rosales y la comitiva de diputados. “Aquí está mi pasaporte, sano y salvo”, dijo en un ademán de satisfacción por completar su promesa presidencial.

En su discurso, Guaidó reconoció la lucha de los jóvenes que han resultado asesinados en protestas como Nehomar Lander y Juan Pablo Pernalete, al igual que el exinspector del Cicpc, Óscar Pérez, el concejal Fernando Albán y las decenas de dirigentes opositores detenidos y exiliados. “No nos olvidamos de su sacrificio”.

Por ello sus primeras palabras las dedicó a la Fuerza Armada Nacional, cuyo cuerpo castrense instó a detener a los colectivos armados que actuaron contra el ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela. “Ser cómplices por omisión es también ser cómplices de delitos de lesa humanidad (…) Este Parlamento pide, exige y ordena”, agregó.

Ante los miles de venezolanos, Guaidó reconoció que la operación del pasado 23 de febrero no puede considerarse un éxito. Decenas de heridos y detenidos, hasta dos camiones incinerados fue el saldo de aquel sábado, en el que solo un pequeño paquete de insumos logró atravesar las barreras de las fuerzas de seguridad de Maduro por el estado Bolívar.

“El 23 de febrero hubo represión. No vimos a la GNB, sino a una pequeña parte de policías y colectivos, pero en este momento, señores de la Fuerza Armada no debemos mirar a un lado cuando masacran a nuestros indígenas”.

“Les digo algo, el régimen y ya los venezolanos conocíamos la peor cara, utilizaron su última línea defensa, colectivos y presos armados, cuál régimen de izquierda, cuando atacan a trabajadores e indígenas, simplemente son unos asesinos que masacran a nuestro pueblo”, prosiguió.

Su siguiente maniobra será una reunión este martes 5 de marzo con “todos los sindicatos de empleados públicos” para coordinar acciones que reduzcan los soportes de Maduro en Miraflores. “No podemos permitir que la burocracia siga secuestrada, que usen a nuestros empleados públicos que hoy no ganan bien (…), llegó el momento de decir ya basta, llegó el momento de dejar sin funcionamiento a ese régimen que los oprime”, aseveró.

Antes de finalizar, Guaidó dijo que, aunque el régimen de Maduro no entregará voluntariamente el poder, la única ruta para alcanzar “cesar su usurpación”, instalar un gobierno de transición y convocar elecciones libres y transparentes es continuar presionando en las calles. “El próximo sábado (8 de marzo) la ciudadanía debe volver a las calles decidida y determinadamente para movilizarse en búsqueda de su libertad”.

“Hay dos elementos que sellan la transición: unión y movilización pacífica en las calles de Venezuela”, remarcó antes de que empezaran a entonarse las notas del himno nacional.

El regreso de Guaidó, en todo caso, sitúa a Maduro y su administración en un dilema: si lo detiene provocaría una masiva protesta de la comunidad internacional y factores internos, mientras que si permanece en libertad dejaría en evidencia su debilidad institucional.

Los cálculos ahora pasaron a terreno rojo.