La intervención militar extranjera

El tema de si habrá o no una intervención militar extranjera para resolver la crisis venezolana se ha convertido en un tema de propaganda política, utilizado tanto por el régimen como, paradójicamente, también por sectores opositores venezolanos.

El régimen y sus aliados lo esgrimen como la amenaza con la que el “ temido” imperio clavará sus garras sobre la noble y virtuosa Venezuela, para apoderarse de sus recursos sacando del poder a la impoluta revolución socialista del siglo XXI.

Por el otro lado del espectro político, algunos esgrimen, casi como un acto de fe, la exigencia de que el presidente Guaidó exija la intervención militar foránea con base en el artículo 187 numeral 11 de la Constitución.

La realidad es que una intervención militar no ocurre porque lo solicite o no un determinado país. Es más, después de lo ocurrido en Iraq, Siria y Afganistán, las potencias militares se lo piensan dos veces antes de acometer hombres y dinero en una acción cuyo resultado final, en el mejor de los casos, es incierto.

Solo basta recordar lo que le costó a Rusia su fallida aventura en Afganistán y lo que le implicó a EEUU su ocupación de Iraq, para dar sólo dos ejemplos.

Hoy, la intervención más aceptable, cuando las circunstancias así lo ameritan es la llamada R2P, es decir la “ Responsabilidad de Proteger”, pero esta para que sea viable, requiere ser aprobada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y eso solo ocurriría cuando los 5 miembros permanentes estén de acuerdo y no haya un veto que lo impida.

Por eso, cuando tirios y troyanos invocan la necesaria o inevitable intervención militar, están haciendo, conscientemente o no, una actividad de propaganda política para arrimar las sardinas a sus brasas y así descalificar al adversario, creyendo que así obtendrán el apoyo popular necesario para resurgir.

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