La propaganda no puede tapar el descontento

Se ha cumplido una semana de campaña formal y nada de lo visto sorprende a los venezolanos, ni siquiera el uso de matones a sueldo. La proliferación de propaganda oficialista, alguna verdaderamente fraudulenta, particularmente pendones, a favor de sus candidatos y por supuesto, de sus otros candidatos, avergüenza por el fácilmente estimable costo de la misma (se habla de 3.000 a 4.000 bs. por pendón) y la absoluta seguridad que no ha sido pagado con recursos de los partidos postulantes, ni mucho menos por los candidatos en ellos fotografiados.

El uso de los espacios de radio y televisión ha alcanzado límites que no son extraños para nosotros, pero que pensamos deben llamar la atención a visitantes extranjeros, particularmente los de UNASUR. En los mismos se mezclan como si fueran cosas diferentes, propaganda propiamente dicha, con inauguraciones y entregas de bienes por parte de funcionarios del gobierno, acompañados de aspirantes al parlamento en el rol de “dadores”, como si construir viviendas (pocas), refaccionar otras pocas, inaugurar y volver a inaugurar espacios públicos, dotar a los estudiantes de tabletas personales, entregar taxis con luminarias propagandísticas y los ojos del difunto en el vidrio trasero, y cualquier otra cosa, como por ejemplo firmar unas supuestas contrataciones “colectivas” con empleados del Estado, fueran logros de la “revolución” y no, en el mejor de los casos, el simple y en este, muy restringido, cumplimiento de  las obligaciones de cualquier ejecutivo en funciones.

Lo que hace más contradictorio todo esto es que, al mismo tiempo, aumenta el desabastecimiento y la escasez de productos básicos (de los otros tampoco hay) y los establecimientos gubernamentales que debería estar surtidos, según sus propias palabras,  aducen “falta de sistema”, esperando la semana final para dar la impresión de que se está recuperando la normalidad, con una mercancía que se sabe que ingresó al país, y al depósito, pero que no ha sido puesta a la venta, todavía, con el mencionado propósito.

No debemos dejar pasar en este recuento, el constante esfuerzo para rescribir la historia venezolana, últimamente retomado con fervor apropiado para causas mejores, dándole reconocimiento a quienes no hicieron nada digno de mención, salvo haber intentado golpes de estado fallidos, que no fueron juzgados, lo que se ha demostrado como otra de las muchas ingenuidades y complacencias de nuestros períodos democráticos. Preguntémosles a los oficiales, activos y retirados de la aviación venezolana ¿qué día marca el inicio de su fuerza? y tendremos otra prueba más de la forma torcida con la que intentan seguir engañando a la gente.

Entendemos la perversa intención, la creemos fallida y confiamos, sin triunfalismo, que el próximo 6D comienza el cambio en Venezuela, no para regresar a un pasado que hay que poner en su justa perspectiva, pero si para empezar a caminar hacia el futuro que nos merecemos como sociedad.