¿Cuándo nos ocuparemos de lo importante?

El país, lamentablemente, sigue entrampado en la política. Como el perro que se muerde la cola, en una acera insisten en excusarse en las sanciones, mientras que en el otro extremo dan tumbos entre la ansiedad por el poder y señalar al Gobierno de corrupto.

La prensa nacional abre sus titulares con la crisis país, pero por ninguna parte vemos, hasta el día que escribimos estas líneas, propuestas serias para empezar a ocuparnos de lo importante. ¿Qué es lo importante? En nuestra preocupación sincera y honesta por Venezuela y los venezolanos, creemos que debe priorizarse la generación del futuro.

Nos prometieron acabar con los niños de la calle y basta con salir a las calles de Caracas para constatar que no es más que otro eslogan sin éxito. Mientras los politiqueros de todos los extremos siguen en su debate estéril, la escuela venezolana tiene -al menos- 15 años de atraso, según ha podido constatar Fe y Alegría.

Las condiciones de infraestructura, la crisis salarial, la ausencia de transporte escolar, la falta de dotación de útiles y uniforme y, más grave aún, el hambre; han hecho que alumnos y maestros hayan desertado de las aulas de clases. Según cifras de esta misma organización, cerca de 160.000 maestros abandonaron sus puestos de trabajo en tres años. Otros menos conservadores han dicho que hoy hacen falta cerca de medio millón de educadores.

En el caso de los estudiantes, el panorama no es muy distinto. La 34ª edición del Informe Anual de Provea, sobre la situación de los Derechos Humanos en Venezuela, destaca que uno de los derechos más vulnerados ha sido el derecho a la educación.

«Todos los indicadores muestran que a medida que se deteriora el sistema educativo público y se prolonga la crisis económica, aumentan las barreras de acceso económico al derecho a la educación de la población más vulnerable», reza el documento divulgado recientemente.

Sin duda, el sistema educativo venezolano es una de las áreas prioritarias del país que ha sido afectada de manera más profunda. Frente a esto, cada noche me preguntó si esto aguanta hasta el 2024. ¿Acaso es la política más importante que nuestros niños?

No se trata de salir a victimizar aún más a los maestros. Ya bien conocemos todos que los pobres salarios a los que tienen condenados no les alcanza para llevar el pan a su mesa. También sabemos que le arrebataron su seguridad social y los beneficios que la contratación colectiva les aseguraba.

Aquí debe haber, cuanto antes, una política de Estado donde la educación sea el punto de honor. Por ejemplo, en estos días leíamos que parte de la maquinaria incautada en la operación anticorrupción se dispondría para obras de envergadura del área turística.

¿Acaso no deberían estos fondos ser dispuestos cuanto antes para levantar las escuelas que se nos están cayendo en el país? Por si el Ejecutivo no se ha enterado, la falla de los servicios públicos como el agua y luz en los centros educativos figuran entre las principales razones para no ir a estudiar.

Pues, esto hay que atenderlo con carácter de emergencia. Un centavo incautado hoy a quienes desfalcaron la nación debería ser para la educación pública oficial venezolana y para el sistema sanitario nacional.

Entendemos la importancia que puede ser explotar el turismo en nuestro país, pero ¿de qué nos sirve tener paraísos en los cuatro puntos cardinales de Venezuela, si el capital humano que lo atenderá en el futuro inmediato está hoy perdiendo tallas y capacidad intelectual ante la pobre alimentación que recibe en la escuela?

Tenemos a los maestros en las calles protestando salarios dignos, y a niños pidiendo en los semáforos; mientras las cúpulas siguen dándose vida de magnates. Hay que abocarse a lo importante, y no es precisamente después de las presidenciales.

¡El tiempo de la calidad de vida siempre es ahora!

Twitter@griseldareyesq

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Grisela Reyes es empresaria. Miembro verificado de Mujeres Líderes de las Américas.