¿Dónde están los jóvenes?

El futuro de una sociedad descansa en su juventud. Es un problema, inclusive, demográfico ya que se trata de la renovación de la población para garantizar su permanencia en el tiempo. El crecimiento de las ciudades frente al mundo rural ha sido la tendencia dominante en la sociedad moderna desde el siglo XIX. En este milenio la ciudad será el gran protagonista de la historia. Este fenómeno demográfico se ha visto acompañado por la reducción del núcleo familiar, generándose una mentalidad individualista de bienestar que finalmente ha incidido en los procesos de procreación y en el matrimonio monogámico como modelo de estructura familiar.

En las llamadas sociedades desarrolladas de la Europa Occidental el envejecimiento poblacional ha sido la tendencia dominante, mientras en las regiones periferias del llamado anteriormente “Tercer Mundo”, el comportamiento ha sido el crecimiento de los estratos poblacionales más jóvenes. Visto globalmente, las migraciones de sur a norte tienen parte de su explicación en esta dinámica poblacional. Para revertir esa tendencia, que hoy se enfrenta en Europa y en Estados Unidos con la xenofobia y los controles migratorios más estrictos, habría que globalizar el desarrollo y el bienestar a escala planetaria, para que las oleadas migratorias de los más pobres no le “invadan” sus espacios de bienestar a los más ricos.

País joven
Venezuela es un país demográficamente joven. En 1998 la población menor de 15 años estaba contabilizada en 8.291.538 personas, para un total poblacional de 23.242.435 habitantes. Es decir, el 35,6 %. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, Venezuela cuenta para junio de 2016 con una población de 31.028.637 habitantes y 5.522.000 habitantes menores de 15 años. La pirámide poblacional, según estos datos oficiales, se estaría achicando en la base y engrosando en la mitad. En todo caso, el 52,57% de los venezolanos de hoy tienen menos de 30 años. La juventud es, pues, para Venezuela su mayor riqueza y su pasaporte al futuro.

Pero esta situación estructural ha venido cambiando imperceptiblemente. El tema de la migración de la población joven es hoy el tema más grave que pudiéramos comentar y sobre el cual quisiéramos llamar la atención del lector. Todos estamos sufriendo el deterioro acelerado de nuestras condiciones de vida y de trabajo en el país. Las evidencias están a la vista. Se discuten las causas pero no se puede ocultar el fenómeno. El exsecretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, declaró el 16 de agosto de 2016, que en “Venezuela hay una crisis humanitaria”. Y esa declaración del secretario de la ONU a la prensa del mundo está sustentada en múltiples evidencias, muchas de ellas novedosas en la historia del país. Por ejemplo, una nota sobre Venezuela que aparece en el Informe 2015 de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de la existencia de “7.456 refugiados venezolanos y 15 mil 94 solicitantes de asilo”.  

País de emigrantes
Venezuela, ante nuestros ojos, se está transformando en un país de emigrantes, cuando siempre fue asilo y destino de la inmigración. Un informe sobre el estimado de migración del Banco Mundial (BM) del año 2010 reportó que 521 mil 620 venezolanos emigraron de su tierra natal, mientras el sociólogo e investigador de la Universidad Simón Bolívar, Iván de la Vega, señala que “en el año 1992 había venezolanos en menos de 20 países, con apenas unos 30 mil residentes. Ahora hay venezolanos en 94 países de los 193 miembros de la ONU”. Para este estudioso, en los últimos 10 años ha emigrado alrededor de 4% de la población, cifra equivalente al millón doscientos mil (1.2000.000) venezolanos que optaron por destinos como Estados Unidos, España, Italia o Portugal. Otros expertos calculan que cerca de dos millones de venezolanos se han ido al exterior. Esta una de las caras de la moneda. Veamos la otra.

En estos últimos años hemos venido observando un estancamiento en la demanda de estudios universitarios. En muchas instituciones de educación superior, en especial, en las instituciones formadoras de educadores, las aulas están cada vez más vacías. La celebración de los sesenta y dos años de fundación de Fe y Alegría nos permitió compartir en la sede del Instituto Universitario Jesús Obrero (IUJO) de Barquisimeto esta dramática situación junto al educador y filósofo Antonio Pérez Esclarín. El foro fue convocado con una interrogante: ¿Dónde están los jóvenes? ¿Cómo educar con las aulas vacías? Esta es la pregunta que queremos extender a las autoridades gubernamentales, a los padres, a los educadores. ¿Cuántos jóvenes forman parte de esa oleada migratoria? ¿Por qué se van? Y los que se quedan ¿por qué no quieren estudiar? No son preguntas secundarias. En las respuestas que obtengamos está el futuro del país.

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