30N y la dirigencia democrática

En la reciente elección del 21N la dirigencia democrática que convocó a votar quedó mal parada, pero también la que llamó a la abstención, con el argumento de que se legitimaba a Maduro y al Consejo Nacional Electoral.  Tal día como hoy, 30N 1952, el dictador Marcos Pérez Jiménez convocó la elección de una Asamblea Constituyente. ¿Acaso los que votaron legitimaron a ese usurpador?  ¿Legitimaron al dictador Pinochet los chilenos que votaron en el plebiscito? ¿Acaso el CNE que tuvimos cuando sufragamos por Rosales y después por Capriles fue electo respetando la Constitución?

La MUD y los abstencionistas pifiaron: La MUD al dejar para última hora la decisión de participar, al presentar algunos candidatos con poca aceptación popular, pleitos internos, intentos de dar un golpe de Estado al presidente interino Juan Guaidó y al no lograr acuerdos para presentar un solo candidato.  Los abstencionistas por no presentar otra opción viable, abandonando el instrumento disponible para los civiles en las actuales circunstancias. Obviaron que no estamos armados y que el régimen ha demostrado que dispara a matar, encarcela y tortura  a quienes protestan. La abstención se justifica en algunos casos, pero no puede ser la norma. Manuel Rosales realizó bien su trabajo. Felicitaciones, al igual que a los otros ganadores democráticos.

Los mitos: Por soberbia, los opositores hemos incurrido en alimentar dos mitos. El primero es que Chávez tenía el rechazo de la mayoría, lo cual fue cierto antes de que estableciera las Misiones. Ganó el referendo revocatorio y las elecciones sobre Rosales y Capriles porque tenía aceptación en los estratos más vulnerables. Recordemos que fue un dictador populista que dispuso de ingresos petroleros nunca vistos. Cierto que no fueron procesos limpios, ya que   utilizó recursos del Estado, amenazó a los empleados públicos y a los beneficiarios de las Misiones y sus grupos paramilitares amedrentaron al electorado en muchas zonas.  

 El otro mito es el de las máquinas de votación. Nunca se demostró que el número de votos indicado por la máquina fuese diferente al de los comprobantes emitidos. El problema es que cuando no tuvimos testigos, los operadores votaban por los ausentes. Jamás tuvimos todas las actas de las Mesas y cuando las tuvimos, como en el Estado Bolívar, el régimen desconoció el triunfo de Andrés Velásquez. Ante la pregunta de por qué arrasamos en las parlamentarias del 2015 en tiempo de Maduro, la respuesta de algunos es que el oficialismo se descuidó ¡Qué pobre explicación! ¡Ganamos porque votamos y ya éramos mayoría! Entendamos que el régimen no concederá condiciones acordes con parámetros internacionales. Solo podemos ganarle si votamos masivamente y sin dispersar el voto.

El fraude del 30N: Hoy se cumplen sesenta y nueve años de que el dictador Pérez Jiménez convocó la elección de una Asamblea Constituyente. Los partidos Acción Democrática y Comunista estaban ilegalizados. URD y Copei decidieron participar. El primero tenía más opción. La dirigencia de AD en el exilio llamó a la abstención. Sin embargo, los ciudadanos votaron por URD. Muchos afirman que la dirigencia de AD en la clandestinidad ordenó votar, pero probablemente fue una decisión personal, ya que había censura de prensa y no existían las redes sociales, por lo que divulgar instrucciones no era fácil. La dictadura desconoció el triunfo de URD y exilió a Jóvito Villalba y a otros dirigentes. Valientes y probos ciudadanos como Vicente Grisanti, Juan Saturno Canelón y otros miembros del Consejo Electoral se negaron a firmar las actas inventadas. La democracia perdió esa elección, pero la votación evidenció el rechazo a la dictadura y el fraude.

El golpe del 24N: Ese día, en 1948, se produjo la intervención militar que derrocó a don Rómulo Gallegos e inició una dictadura. Al respecto, es obligatorio leer el libro del distinguido compatriota Marco Tulio Bruni Celli. Lo acaba de publicar la editorial Dahbar y también se consigue por Amazon. Son 587 páginas de una investigación exhaustiva sobre las causas de la caída de Gallegos, con discusiones sobre el pretorianismo militar y civil, las pugnas políticas y la conspiración militar. Ya Bruni Celli había publicado otro importante libro sobre el 18 de octubre de 1945. Sin duda que la responsabilidad mayor recae en los militares, pero la pugna política jugó un papel importante.  

Generalmente las dictaduras se imponen por las armas, pero a veces se prolongan por culpa de la dirigencia opositora. Betancourt, Caldera y Villalba lo entendieron y depusieron sus rivalidades. La oposición chilena a Pinochet también lo entendió.  La nuestra está en pañales.

El factor relegado: Generalmente nos olvidamos del malestar de los ciudadanos, el cual incentiva a los militares a intervenir por creer, equivocadamente, que son los llamados a enderezar entuertos. Ello solo se justifica en dictadura. No podemos dejar de lado la responsabilidad de muchos de nuestros dirigentes quienes, cuando estuvieron en el gobierno, no fueron capaces de enrumbar al país hacia un desarrollo sustentable. Todos, unos más otros menos, promovieron un capitalismo de estado, ejercieron controles sobre nuestra economía y no enfrentaron con decisión el flagelo de la pobreza y de la desigualdad social.  Tenemos que dar una gran discusión sobre la Venezuela post petrolera, la cual está a la vuelta de la esquina. El libro El fin de Petrolia y una Nueva Venezuela, del distinguido economista Maxim Ross, contiene elementos para orientar esta discusión. Está disponible en Amazon.

La tarea: Hay que reconocer los errores y objetivamente identificar quienes son los opositores y quienes los palafreneros del régimen. La unidad debe ser entre los que tienen como objetivo salir del mismo.  El hecho de que alguien difiera de la línea de la MUD no lo convierte en un alacrán y no todo el que haya llamado a votar o a la abstención es un colaboracionista. Hemos abusado, generalmente por mala fe, al endilgar ese término a cualquiera que piense diferente. También, la dirigencia debe aceptar que el modelo de desarrollo que hemos seguido, antes, durante y después de Chávez no es el adecuado para progresar.  Debemos recordar aquello que decía Ludwig Erhard, el padre del milagro alemán: Tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario.

Como (había) en botica:

Verónica Marín Estrada, joven venezolana de la diáspora residenciada en Canadá, debutó exitosamente en el cine, participando en rol importante en la película Christmas CEO.  Su tío, el teniente Coronel  Igbert  Marín Chaparro, y su primo el capitán Alarcón Camacho no podrán ver la película por ser presos políticos.

Lamentamos el fallecimiento de Doris Rangel Bonive , Alcides Plaza y Wilmer Macías Morales, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

 ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com