Ahora o cuando sea, pero pronto: ¡gobierno de transición!

Este gobierno tiene que irse y cuanto más pronto mejor. Dudamos que en la historia política nacional exista otro caso en el que una mayoría tan inmensa de los venezolanos esté de acuerdo con algo, como lo estamos ahora, en relación a la necesidad de sustituir a los responsables inmediatos del descalabro que vivimos, como país y como ciudadanos.

Las formas de hacerlo están bastante claras, aunque no exista la misma certeza en cuanto a la más factible y sobre todo, sobre la más conveniente para todos. Aunque lo anterior sigue teniendo actualidad como debate, uno siente que el mismo no será resuelto convenientemente a menos que incluyamos en el mismo lo que queremos como reemplazo en lo inmediato y ello, sin duda, es más importante que la sustitución misma. No es cierto que cualquier cosa será mejor.

¡Quítate tú para ponerme yo! no resolverá los problemas que nos aquejan, mucho menos si lo hacemos confiando a una persona “providencial” las decisiones indispensables que hay que tomar.

El país que queremos, civil, federal, verdaderamente descentralizado en su gestión, efectivamente democrático, con justicia, productivo, socialmente responsable y con oportunidades realmente iguales para todos, donde el desarrollo sea producto de capacidades y esfuerzos, todo ello dentro del mayor respeto por el ambiente que nos acoge, requiere para poder comenzar a construirse, un gran acuerdo nacional que nos incluya a todos y del que solo queden excluidos los delincuentes, corruptos y de otros tipos, esos que cambian de nombres y partidos pero no de comportamiento.

Ese acuerdo debe prolongarse todo lo que sea necesario, trascender los lapsos constitucionales que hay que respetar, pero manteniendo el principio de continuidad para las políticas públicas y el de alternabilidad en el desempeño de las responsabilidades de dirección, sean estas nacionales, estadales o municipales. A ello contribuiría de manera importante el reconocimiento y respeto a la carrera de funcionarios público.

Con esta visión, que consideramos indispensable e impostergable, a los que encabecen las gestiones ejecutivas solo habría que exigirles, que es bastante, capacidad para la concertación de enfoques políticos y la coordinación de los equipos de trabajo, ya que son estos los que realmente tienen que enfrentar el día a día, guiados por planes consensuados política y socialmente, supervisados efectivamente por la ciudadanía y por supuesto lo suficientemente flexibles como para permitir las adecuaciones que se vayan detectando como necesarias.

Los próximos años serán de transición y si no lo entendemos así estaremos condenados a repetir esos errores que nos han llevado a ocupar los peores lugares en todos los indicadores de desempeño, como país y como sociedad, que se consideran válidos nacional e internacionalmente.