Batalla innominada

Una vez más, esta con más furia que nunca, arremete Nicolás Maduro contra sus propios seguidores en el PSUV y el gobierno. Alude a los factores que lo mantienen en la cima del poder, cosa que tiene aire suicida dado que no usa frases ambiguas o indirectas, las suyas en esta ocasión han sido inequívocas, transparentes, portadoras de un discurso diáfano, razón por la cual no admiten una interpretación distinta a la literal.

Ser que zurrar a su propia dirigencia y, puesto que no distingue nombres, víctima de los varazos maduristas es la masa de militantes, sin distingo de jerarquías, privilegios u honores de esos que proporcionan “inmunidad”. Y, ciertamente, es así como suenan, los disparados por el heredero de Hugo Chávez. Su malestar es intimidante. “la chupa le cae a todos”, unos encontrarán formas inmediatas de responder y otros se tomarán su tiempo con el fin de esperar con su carga crítica, el que consideren el mejor momento. Quizá decidan no vaciar su busaca, pero si no responden, lo que tampoco podrán evitar es el aumento de la pólvora en su alma.

No estoy hablando de desenlaces fatales. El incidente podría olvidarse o Maduro pudiese tomar medidas que encaren y reduzcan la magnitud de la tormentosa megacrisis, que dejada a sí misma podría reventar con energía volcánica regando de lava ardiente vastos territorios que recuerden el destino final de la vida, conforme a las coplas a la muerte de su padre, del gran poeta Jorge Manrique:

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir;

Así van los señoríos

derechos a se acabar

y sucumbir.

Pero dejado el problema a su sola voluntad es probable que la tensión más bien se intensifique en dos evidentes fronteras, con la oposición dirigida por Juan Guaidó y las muy numerosas voluntades que lo acompañan en ejercicio de la más vasta red solidaria que se recuerde en toda la región. Y la otra frontera es la interna, esa misma que desconcierta y resiste al líder del chavo-madurismo y que lleva tiempo creciendo de más en más. Pelear en una de esas fronteras ya resulta muy duro y de desenlace impredecible, pero hacerlo en los dos al mismo tiempo no da para anticipar pronósticos, especialmente si las dos fronteras pueden unirse total o parcialmente.

Como se aprecia sin dificultad, en esa unión puede confluir la culebra, morderse la cola y así exhibir una fuerza dotada de potencialidad de cambio si sabe manejarse en unidad –que no unanimidad– para llevar al otro a hablar muy en serio, sin zancadillas ni ánimo de irrespetar acuerdos nonatos.

Si en algo esencial ha mejorado la puntería de la oposición y, seguramente, también de una mayoría aún silenciosa del oficialismo, es en la determinación de cuál sería el contenido del programa del cambio que beneficie a la totalidad del país. Sería lógicamente un texto de “mínimos”, susceptible de incorporar los grandes emblemas democráticos, porque así parece autorizarlo la compleja y tensa situación actual. Mencionaría cuando menos tres, alrededor de los cuales se concentran diferencias y crecientes coincidencias, a saber: 1) superación urgente de la tragedia social, 2) la superación encuentra de la cada vez más profunda crisis política, mediante elecciones libres viables y creíbles y 3) el restablecimiento de la paz que necesita y merece nuestra atormentada Venezuela

No podríamos prescindir de un liderazgo imaginativo hábil para sacarle provecho a las realidades que se presenten por el pulso de ellas. Concluiré con un incidente que apareció de la nada y no sé si siga a la mano. Vino en las alas del coronavirus que parece decidido a extinguir la especie humana, pese al contrataque de nuestra especie desde la artillería de las vacunas, diseñado para domesticarla en algún momento.

Juan Guaidó abrió la posibilidad de impulsar la vacunación masiva utilizando el oro venezolano atesorado en el Banco de Inglaterra. Maduro presiona para que el Reino Unido se lo devuelva a nuestro país, pero puesto que la isla solo reconoce como presidente interino a Guaidó, sería el interinato de este el beneficiario de la medida. La puja sigue porque Maduro mantiene su reclamo. Y, precisamente, el diferendo pudiera dar lugar a un acuerdo salvador que multiplicara el manto de la inmunidad contra la amenazante pandemia.

Con solo una parte de ese oro, según entiendo, podría programarse la vacunación de, al menos, 25 millones de pobladores nacidos y no nacidos en el país.

La operación sería compleja, lenta y las condiciones de transportar las vacunas exigirían seguramente gran experticia y encaminar hacia esos vitales problemas la colosal y generosa solidaridad que el mundo le brinda a nuestra atormentada y a la vez agradecida nación. Todo muy difícil, desde luego. No obstante, con los medios de pago en mano, no habrá Himalaya que no pueda escalarse.

Con una victoria de tan colosal significación pintada en el horizonte no creo que pueda hablarse de imposibles y derrotas.