Contra-desesperanza.

Desde que publiqué un artículo, “Desesperanza” (https://bit.ly/3RfRoDm), hace varias semanas, he recibido comentarios, opiniones, e incluso una invitación del FAVL de Bolívar y Caroní, para tratar el tema en uno de sus foros, sobre todo: ¿Cómo combatir esa desesperanza?; esas interacciones e intercambios me han hecho reflexionar acerca de algunas de las áreas en donde se manifiesta el fenómeno. Hoy quiero tocar dos de esas áreas en las que más me han insistido, las elecciones primarias de la oposición democrática y el tema educativo de la juventud.

Las primarias.

La oposición democrática tomó la decisión de participar, unida, o al menos con un candidato único −que no es exactamente lo mismo− en las elecciones presidenciales del 2024 −que por las declaraciones recientes de Nicolás Maduro, tal parece que si se realizaran en esa fecha, que es la que se desprende de la constitución y las leyes vigentes, aunque aún falta saber si serán en el mes de diciembre, como ha sido la costumbre por años−. Esa misma oposición ha decidido también escoger ese candidato en un proceso de elecciones primarias, que se llevarían a cabo en una fecha indeterminada del año 2023, según acaba de ratificar la Plataforma Unitaria en un comunicado, pero que aún no se tienen mayores detalles de la forma concreta en que se llevarán a cabo. Eso parece que está ocasionando cierta desesperación a algunos sectores, tanto partidistas, como de la sociedad civil, que han manifestado inconformidad, tanto por la lentitud del proceso, como por el método de las primarias en sí, para escoger el candidato.

Opciones.

Teníamos varias opciones para hacer esta selección: Encuestas, consenso o primarias y como bien sabemos, se hicieron enormes presiones para que fuera mediante primarias. Casi  que era un delincuente o un traidor, el que no dijera: primarias; pero, como es usual, una vez tomada la decisión, aparecen las inconformidades, por variados motivos: Lo tardío en realizarlas −primer semestre de 2023−; porque eventualmente se decida acudir al CNE, para que facilite máquinas y logística que abaraten los costos;  por la incertidumbre al no saber si podrán participar los venezolanos en el exterior; e incluso, por la forma en que se tomó la decisión, de la que, según dicen algunos, se excluyó a la “sociedad civil”.  La preocupación lleva a varios al extremo de dudar acerca si se celebraran o no o si los partidos a última hora desistirán de las primarias y se decidirán por el método del “consenso”, acostumbrados como están a las “componendas”, dicen los inconformes.

Creo que todas las objeciones que han ido surgiendo forman parte de ese fenómeno de la “desesperanza”, en algunos, o el interés en otros en desprestigiar el proceso y a la oposición democrática y nada tendría de raro que esté metida la mano de algún laboratorio de guerra sucia del régimen, para desacreditar a la oposición y de paso estimular la abstención, que siempre los ha favorecido a ellos.

Rebatiendo argumentos.

Mas allá de que siempre es posible que en efecto haya algún “arreglo” y se de vuelta atrás en la decisión, creo que los argumentos que están en la calle son fácilmente rebatibles. Por ejemplo, lo de la falta de consulta o que la decisión la hayan tomado los partidos en el marco de la llamada Plataforma Unitaria, hay que decir que “alguien” tenía que tomar la decisión y lo hicieron los únicos que estaban −y están− organizados para ello: Los partidos políticos, es decir: la MUD, el G4, el G7, el G10, o el G-lo-que-sea. Si los partidos consultaron ampliamente la decisión o no, es otro detalle, pero ¿Cómo si no, se podía tomar esa decisión? ¿En una Asamblea multitudinaria de oenegés? ¿En una reunión de partidos y oenegés? ¿Cuáles? ¿Mediante un plebiscito?

¿Se celebrarán las primarias?

Con respecto a la preocupación de algunos por el retraso, que los lleva a dudar si se celebrarán o no las primarias, yo creo que si se van a llevar a cabo; por la muy simple razón que en este ambiente que conocemos de falta de credibilidad en los partidos y en la política, ¿Cómo le explicarían los partidos al país que el candidato no se escogerá mediante primarias? Además, creo que los partidos no tienen mejor opción; siempre será políticamente mejor poner esa decisión en manos del colectivo, antes que exponerse a ser acusados de llevar a cabo una “componenda”.

No me cabe duda, al menos no una razonable, que habrá un proceso de primarias y que de allí saldrá un candidato −alguien va a ganar− en eso no veo problema; tendremos un candidato único, aunque después se lancen dos o tres; que se lanzarán, porque seguramente de alguno de esos partidos ilegítimos, creados por el régimen y el TSJ −e incluso de alguno de los que consideramos democrático− saldrá un candidato “rebelde”, del cual la gente se encargará, porque la gente juega a ganador y cree en la “unidad”, aunque sea un concepto algo abstracto, y al que no se meta en el redil, le pasarán factura. Y si no recordemos: ¿Cuánto votos obtuvieron los candidatos que se lanzaron por fuera de la unidad en 2012 y 2013? ¿O los que participaron en las elecciones de 2018, cuando los partidos democráticos llamaron a abstenerse? ¿O los candidatos que se lanzaron por fuera del acuerdo de “unidad” en Barinas?; no tienen vida política quienes se coloquen al margen de la unidad democrática.

Primarias en el exterior.

Para concluir el punto, conecto con lo de las primarias en el exterior. He afirmado que, dadas las enormes dificultades técnicas, políticas y falta de motivación −también las dificultades jurídicas, pero estas son más fáciles de resolver− veo difícil que se pueda hacer en el 2024 una votación masiva por parte de los venezolanos en el exterior. No repetiré lo ya dicho, los invito a leer mis artículos anteriores, ¡No se votará…! y Estrategia del voto en el exterior en: https://bit.ly/3LkwNw3−; sin embargo, con la celebración de las primarias en el exterior, nos estamos ahogando en un vaso de agua, pues esto es algo que podemos resolver “caseramente”, sin involucrar al CNE; pero, eso implica llegar a acuerdos básicos y allí la sociedad civil puede presionar para lograrlo, para que en el exterior se hagan las primarias, bajo estas características: 1) sin CNE, porque, de todas maneras, el CNE no las va a hacer; 2) que se acepte que todo mayor de 18 años, con una cédula de identidad o pasaporte venezolano, pueda votar, y 3) que cada comunidad de venezolanos en el exterior, organice sus votaciones en el lugar donde vive.

Bajo estas premisas, si se logra que en unas elecciones primarias de la oposición participen más de un millón de venezolanos en el exterior, sería un éxito político enorme. Pero, tiene que haber un acuerdo firme en que se van a respetar los resultados; y llamo “acuerdo firme”, más allá de firmar un papel, que quien no lo haga, se denunciará públicamente, para que el pueblo lo identifique y le pase factura.

Educación

En el tema educativo no estoy involucrado de manera directa; mis conocimientos al respecto son los de cualquier ciudadano que escucha con preocupación lo que familiares y amigos, con hijos en edad de estudiar comentan; pero, hay que estar ciego para no darse cuenta que el deterioro del sistema educativo es uno de los problemas más graves del país y hay que enfrentarlo a todos los niveles; desde las guarderías o lo que llamábamos “hogares de cuidado diario” −aquellos centros que existían o deben existir para que los padres dejen a sus hijos en un lugar seguro y puedan trabajar− pasando por la educación básica y media, la educación técnica o de oficios, para preparar para el trabajo, hasta la educación universitaria.

El nuevo gobierno, por el que luchamos para acabar con este régimen de oprobio, tendrá que decidir donde pondrá recursos y a que le dará prioridad: ¿A la educación de los niños, o a las universidades?, pues posiblemente no habrá recursos para atender todo, desde los sueldos ruinosos de maestros y profesores, hasta el mantenimiento de locales y presupuesto de las universidades; por ejemplo, he presenciado discusiones en las que se plantea de manera muy seria el tema de si es realista que la educación universitaria o superior en general, pueda seguir siendo gratuita, como lo fue siempre.

La juventud y su educación.

Pero con respecto al “adoctrinamiento” ideológico al que ha estado sometida la juventud venezolana, en las aulas y en la vida misma, todos hemos escuchado la preocupación de padres y educadores acerca de que la juventud venezolana no ha vivido en democracia, solo ha conocido este sistema, del supuesto “socialismo del siglo XXI”, que ha destruido al país y propiciado la diáspora y huida al exterior de casi ocho millones de venezolanos.

Ciertamente es preocupante que tenemos una generación −ya casi dos− de jóvenes que han vivido bajo este régimen de oprobio durante los últimos 23 años; que no conocen la democracia; que para ellos elecciones son esas comedias que nos monta el régimen con el CNE; que no saben lo que es una Asamblea Nacional, un parlamento, verdaderamente democrático, en donde se concilien ideas e intereses, se hagan leyes para todos, un cuerpo legislativo que controle al poder ejecutivo y los demás poderes; no han visto un parlamento, sino un antro de componendas. Nuestros jóvenes tampoco conocen un sistema de justicia independiente, sino uno despótico que “imparte justicia” a la medida del gobierno; jóvenes que solo solo conocen partidos políticos como maquinarias electorales; jóvenes para quienes la policía y las FFAA no son funcionarios que protegen al ciudadano o al país, sino individuos que abusan de su poder para matraquearlos y agredirlos.

Y sin embargo, paradójicamente, debo reconocer que por lo que hemos visto, no creo que sea un problema tan grave de resolver; me explico: los jóvenes de la llamada generación del 2007, por ejemplo −que fueron factor decisivo para derrotar la reforma constitucional de Hugo Chávez, que pretendía cambiar el ordenamiento jurídico del país−, la mayoría de esos muchachos estoy seguro que cuando tenían entre 7 y 10 años, acompañaban a sus mamás en aquellas jornadas de protesta, por todo el país, en las plazas públicas, en contra del decreto 1011, de infausta recordación y con aquella consigna: “con mis hijos no te metas”; y  en esa época,  2007, cuando los muchachos de las “manos blancas” protestaban por el cierre de RCTV y contra la reforma constitucional, los niños que en ese entonces tenían 7, 8, 9 años, fueron más tarde aquellos jóvenes “escuderos” que protestaron en las calles en el 2014 y 2017, enfrentándose a la policía y los cuerpos represivos, lo que costó la vida a varios cientos de ellos.

Es decir, esa es otra manera de educar, de socializar; o si se quiere, de crear “capital social”, en nuestros niños y jóvenes, al hacerlos testigos de lo que sus padres y abuelos estamos haciendo para salir de este régimen, que vean que no nos estamos cruzando de brazos; esa es una manera de dejar el miedo y la desesperanza, frente a un régimen descontrolado y corrupto. Será en la casa, en la familia, en donde enseñaremos a los jóvenes la lección más importante para sus vidas: Que es vivir en democracia.

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