Echemos las dudas a un lado

No puede haber dudas del triunfo obtenido con la consulta popular del pasado 16 de julio. La inmensa mayoría la apoyó, aunque no todos se manifestaron, por razones técnicas, pero el País y el mundo vieron todos los puntos soberanos abarrotados de gente, se le respondió con votos a las amenazas, al chantaje, al poder económico y a las armas de la dictadura.

Fue una respuesta ante tanta ignominia, ante el abuso de un poder que está matando de hambre al pueblo y que cerró los caminos democráticos, para la superación de la crisis. Sí con un tercio de las mesas que normalmente se utilizan en un proceso electoral, hubo 7.676.894 manifestaciones de voluntad, imaginémonos una votación en la totalidad de las mesas, por la medida chiquita, se hubiese duplicado esa cantidad. De todas formas, este evento representó una derrota política para el régimen siniestro y para quienes dirigen el CNE, además, como ya se ha dicho, se demostró que un evento enteramente civil como las elecciones, no tiene por qué ser custodiado por militares.

El pueblo no se comió el cuento del imperio mediático, de que la consulta no era vinculante, ya ni sus seguidores les creen, porque son muchas mentiras juntas y de un tamaño descomunal, sin ir muy lejos, para esa cúpula los resultados electorales del 6 de diciembre de 2015, tampoco fueron vinculantes. Decimos esto, porque vale la pena aclarar que el único que puede determinar si una consulta es o no vinculante, es el soberano, por ser el depositario del poder originario, en consecuencia, la consulta legitimó la decisión de deslegitimar el fraude fechado para el 30 de julio.

Ahora bien, después de lo que ha sucedido, sigue la incertidumbre, en algunas personas, sobre el devenir del país. Sucede que a veces nos colocamos tiempos y metas fuera de nuestro alcance y gobernabilidad, o creemos todo lo que nos dicen de buena o mala fe y tampoco somos estrategas ni expertos en los vericuetos de la contrainteligencia, que despliega informaciones, precisamente para sembrar dudas y generar confusión.

Algunos son expertos en transmitir las dudas y otros en crear ilusiones, ejemplo, los que dicen que con los votos del 16J no salimos del régimen o el otro extremo, quienes anuncian que, con los alcances logrados ese día, los forajidos saldrán ipso facto del poder. Las cosas en política, no suceden tal cual las deseamos o imaginamos, lo importante, es tener la convicción de que vamos por el camino correcto y que los objetivos serán logrados.

Ellos penden de un hilo, el de las armas, de esa manera pudieran imponer su adefesio de constituyente, que sólo les serviría para alargar su agonía, porque la gente lo desconoció y por ende todo lo que de él emane. El pueblo sabe que mientras haya dictadura, se agravarán los males del país, proseguirá el conflicto social y político, crecerá la presión de la opinión internacional y el desmoronamiento interno del PSUV. A lo que se suma la enfermedad terminal que padece el régimen, una mínima complicación puede causar un desenlace.

Este pueblo tiene plena consciencia de que vendrán tiempos mejores, por ello no ha delegado el protagonismo, se activó plenamente en la desobediencia civil, que ha incluido la protesta de calle, con todas sus combinaciones; la consulta realizada y está preparado para un sinfín de acciones de mayor contundencia, todas dirigidas extirpar el cáncer que tiene postrado al país. Por ello insistimos que debemos echar las dudas a un lado.

Secretario General de Vanguardia Popular en el Zulia