El 14 de febrero

Decía Cicerón, antiguo orador, filósofo y político romano, que no saber lo que sucede antes de nosotros, es como ser incesantemente niños. El pasado 14 de este mes de febrero, se cumplieron nada menos que 85 años de una de las fechas más famosas de Venezuela. Con los sucesos del 14 de febrero de 1936, Venezuela entraba, atrasada, política y socialmente, al siglo veinte, luego de la desaparición física del dictador más longevo que hemos tenido. Fue el nacimiento de las libertades conculcadas brutalmente durante 27 años.

Este suceso, liderado por la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), hacía presumir, que a sangre y fuego el pueblo comenzaba a vivir el nacimiento de los valores democráticos, negados por los dictadores de turno y los militares que ejercieron el poder luego de la independencia, a través de guerras intestinas y que permitieron graves pérdidas territoriales, exilios, cárceles y muerte, salvo el fugaz ejercicio del doctor Vargas. Pero vale subrayar que constituyó, sin duda, la génesis de un proceso de libertades democráticas que luego viviría el país a saltos, interrumpido por el golpe de 1945, retomado en 1958 y conculcadas desde el año 1999. Ese 14 de febrero culminaba el descontento que se había apoderado del país contra el recién instalado gobierno, heredado del gomecismo, por el general Eleazar López Contreras.

Lo que había comenzado como una manifestación contra el Decreto del Gobernador de Caracas, que ordenaba la censura a la prensa, se convirtió en un gigantesco movimiento que partió desde la Universidad, ubicada a la época en lo que es hoy el Palacio de las Academias, hasta la plaza Bolívar de Caracas. Allí fue baleada sin piedad la multitud, que en número de 50.000 personas manifestaban, en una ciudad que no pasaba de 200.000 habitantes y que revela la inmensa protesta y el deseo de cambio del país. 4 muertos y 136 heridos fue el saldo de aquel día. Algo así, en menor proporción, a la respuestas que recibieron los caraqueños desde Puente Llaguno, cuando pedían pacíficamente la renuncia del teniente coronel-presidente, sólo que en esta manifestación, nunca vista en Venezuela, los muertos fueron muchos, baleados por francotiradores afectos al gobierno, presos los policías que protegían a la población y absueltos los tiradores, en una acción asesina, arbitraria y de claro tinte dictatorial.

Pero no fue en vano ese 14 de febrero, ello permitió que López Contreras comenzara a desprenderse del estilo gomecista de gobernar. Hay que destacar, que antes, el gobierno había suspendido las garantías para así defender la estabilidad del régimen y proteger las propiedades gomecistas que comenzaban a ser quemadas y saqueadas. Tales disturbios iban parejos con la llegada de los exiliados que regresaban al país, el regreso de los presos y la presencia de una prensa que se había acostumbrado a ser un apéndice del gomecismo, pero que ahora comenzaba a interpretar la nueva realidad. De modo que, el Decreto de censura a la prensa, dictado por el gobernador de Caracas, fue la válvula de presión que contenía las angustias populares y los deseos de cambio en la sociedad. El gobierno hizo responsable de todos los disturbios a los líderes estudiantiles y los políticos que recuperaban su libertad o regresaban del exilio. Simplismo puro.

Luego del discurso de Jóvito Villalba, presidente de la FEV, frente a Miraflores, el presidente López decidió conversar con los estudiantes y así se designó una comisión integrada por el rector de la UCV, Francisco Antonio Risquez, además de Jóvito y un grupo de personalidades representativas de gremios, y organizaciones civiles, lo que ocurrió en ese momento en Miraflores.  Que se exigía en esa entrevista? Lo resume Villalba, quien fue el líder de aquellos sucesos, en una valiosa entrevista con motivo de los 40 años de la histórica manifestación que cambió el régimen de silencio y de inactividad política que durante medio siglo estuvo sometida la sociedad venezolana.

Nombramiento de un gobierno nuevo, con personas distintas del gomecismo; 2.- Nombramiento de gobernadores de Estado que representaran la nueva realidad, acreditados en la lucha contra la tiranía; 3. – Libertades democráticas, supresión de la censura y plenas garantías para la expresión del pensamiento; 4.- Libertad sindical y 5.- Eliminación de los monopolios y del feudalismo, así como del atraso en la vida política de Venezuela. Siete días después, el presidente López anunciaba lo que se llamó el programa de febrero en el cual se fijaron las directrices para el cambio político, social y económico que se demandaron en aquel suceso, tales como la reafirmación las garantías constitucionales suspendidas, y el respeto al régimen de legalidad, la  iniciativa de promover partidos políticos y  grupos gremiales, etc.

Ese 14 de febrero constituyó entonces, un hecho fundamental en la historia contemporánea de nuestro país, pues, marcó el nacimiento de otro país, sin estar infectado, en aquel momento, de la ambición ni el personalismo de algún dirigente, ni el deseo de llegar al poder a cualquier costo, como ocurrió posteriormente; el éxito de aquellos sucesos fueron entonces, fruto de la unidad y del naciente movimiento democrático.

Hoy seguimos reclamando la unidad de todos, por encima de personalismos y partidos, para constituir un gobierno nuevo, democrático y sin vinculaciones con quienes hoy humillan al país y se reparten el botín de lo queda de nuestras riquezas explotables; seguimos reclamando libertades democráticas conculcadas a la vera de una conducta judicial  infectada de corruptelas desde los más altos funcionarios y de uniformados más antojados de una visión mercantilista y menos interesados en el respeto a la Constitución. La censura que no permite la libre expresión del pensamiento y el atraso en la vida política venezolana es la moneda corriente del socialismo del siglo 21.

Mientras tanto, la unidad que tanto reclamamos parece ser la quimera de estos tiempos. Son 22 años de un gobierno que no es una dictadura, es otra cosa peor, que presume alcanzar en tiempo a la del longevo dictador andino.

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Maracay, 26 de febrero de 2021