El cerebro político

“El Cerebro político”*  es un estudio novedoso del papel de la emoción en la determinación de la vida política de la nación. Durante dos décadas, Drew Westen, profesor de psicología y de psiquiatría de la Universidad de Emory ha explorado una teoría de la mente que difiere sustancialmente de las nociones menos “apasionadas” de los psicólogos cognitivos, los científicos políticos y los economistas – y los estrategas de las campañas demócratas-. La idea de que la mente es una fría calculadora que toma decisiones analizando la evidencia, no tiene ninguna relación con el funcionamiento real del cerebro. Cuando los candidatos políticos asumen que los electores toman decisiones desapasionadamente, basándose en “cuestiones”, pierden. Por ello sólo un demócrata ha sido reelegido a la presidencia desde Franklin Roosevelt – y sólo un republicano ha fracasado en el intento.

En política, cuando la razón y la emoción chocan, la emoción gana siempre. Las elecciones se juegan en un mercado de emociones, un mercado lleno de valores, imágenes, analogías, sentimientos morales y una oratoria conmovedora, en el que la lógica sólo desempeña un papel de apoyo. Westen demuestra, con un recorrido rápido por la evolución del cerebro apasionado y un tour de cincuenta años de elecciones nacionales y presidenciales en América, porqué las campañas fracasan y porqué no. La evidencia de que tres cosas determinan cómo vota la gente es sobrecogedora y va en este orden de importancia: sus sentimientos hacia los partidos y sus principios; sus sentimientos hacia el candidato y si con eso no han decidido: sus sentimientos hacia las políticas del candidato.

Los estrategas republicanos lo “pillan” intuitivamente. Westen sugiere que aunque los demócratas se muevan hacia la derecha o hacia la izquierda, la pregunta real es cómo conseguirán mover a los votantes. Demuestra cómo se puede hacer con ejemplos de lo que los candidatos han dicho – o hubieran podido decir – en debates, discursos y anuncios. Los descubrimientos que hace Westen podrían transformar por completo la aritmética electoral, demostrando cómo una visión distinta del cerebro y de la menta lleva a una manera distinta de hablar a los electores sobre cuestiones que han callado a los demócratas desde hace más de cuarenta años – como el aborto, las armas, los impuestos y la raza. No se puede cambiar la estructura del cerebro. Pero se puede cambiar la manera de interpelarlo. Y he aquí cómo…"

"The political brain. The role of emotion in deciding the fate of the nation", Drew Westen

Observatorio Venezolano de las Autonomía

5 de septiembre de 2018

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