El comentario de la semana

La sociedad civil existe

Un carcamal, de esos que aún militan en un histórico partido político de nuestra región, tuvo el tupé, por no decir desfachatez, de afirmarme en una reunión partidista de estos días, que la sociedad civil no existe. Su condición de viejo militante desfasado ante el avance de la ciencia política, es capaz de desconocer lo que la ciencia social define como sociedad política y su importancia ante el decrecimiento que hoy presentan las organizaciones partidistas.

Sólo a titulo pedagógico, voy a referirme en esta crónica, lo que la doctrina social define como la sociedad civil,  que en el caso de las vivencias que se desarrollan en esos tiempos en nuestro país, es probablemente la que mantiene el ímpetu de la unidad política para derrotar al gobierno actual, porque ella siempre ha sido el espacio de vida social, organizada o no, que involucra a los ciudadanos actuando en forma colectiva para expresar intereses de cualquier género, para intercambiar información y alcanzar objetivos comunes, que en el caso de nuestra atormentada vida política, lo constituye la  derrota electoral de un gobierno que ha quebrado al país y nos ha sembrado de odio.

Pero vayamos a lo que nos interesa, que es la forma despectiva que tiene aquel militante partidista para referirse a quienes desde organizaciones no gubernamentales activan derechos individuales, políticos y sociales. Traigo la opinión de dos pensadores universales sobre la sociedad civil.

Jürgen Habermas, sociólogo y filósofo alemán,  (1929) afirmaba ya, no ahora, la diferencia existente entre la sociedad política y la sociedad civil, señalando que era un prerrequisito para la existencia de la democracia, y Alexis de Tocqueville (Francia, 1805), pensador, jurista, político e historiador francés, para su época, fue el primer actor que analizó la relación entre la sociedad civil y la democracia, señalando además, que aquella constituye un dique de participación para impedir que el Estado invada los espacios sociales.

Ejemplos de instituciones de la sociedad civil, abundan, entre ellos, las ONGs, la organizaciones no lucrativas, las asociaciones de ciudadanos, los clubes deportivos y sociales, lo grupos religiosos, los sindicatos, los colegios profesionales, las organizaciones de barrios, etc.

Lo antes expuesto me permite corroborar, que en nuestros partidos políticos encontramos aún, personajes o individualidades que si bien no constituyen la opinión de esas organizaciones, sin embargo,  con su bellaquería o desfase de la ciencia social confunden a algún tonto que lo creen un gran personaje.

Maracay, 21 de noviembre de 2015