Todos sabemos lo que hay que hacer

La cantidad de hechos noticiosos que se suceden continuamente en la escena política nacional y los comentarios que se tejen alrededor de ellos, hacen difícil que el ciudadano común pueda identificar cuales tienen significación real y cuales son solo parte de maniobras de distracción. 

Creemos que en la práctica se está comenzando a conversar entre las partes, como producto de una realidad que nos afecta a todos, y que esta realidad, más que requerir de una declaratoria de emergencia económica, en la que de hecho estamos desde hace mucho tiempo, se impone reconocer que vivimos una emergencia humanitaria que se agrava cada vez más, así como entender que hemos llegado a ella por no solo la aplicación de medidas, más políticas que económicas, absolutamente equivocadas, sino adicionalmente por la corrupción desbocada y sin control que ha sido favorecida desde el más alto nivel del gobierno.

En lo inmediato y no es una exageración, se requiere un conjunto de medidas extraordinarias que permitan, a la vez del estímulo a la producción nacional posible, la importación de los alimentos y medicinas que sin ninguna duda estamos reclamando todos los ciudadanos.

Dichas medidas demandan para ser eficientes, la más escrupulosa honestidad en los llamados a instrumentarlas, así como los recursos económicos que estamos seguros existen en el presupuesto de la Nación.

Bastaría que en lo inmediato el presupuesto se dirigiese hacia lo más fundamental, cancelando las compras superfluas, la propaganda política laudatoria falaz, los gastos suntuosos de los jerarcas y familias del régimen y los desembolsos dirigidos a mantener una imagen internacional en la que nadie cree, pero que algunos siguen alabando mientras se aprovechan descaradamente. Adicionalmente, se tendrían que amarrar las garras de los que están acostumbrados a considerar los dineros públicos como parte de su patrimonio personal.

En un segundo tiempo, casi en paralelo, es indispensable restructurar las deudas, tanto externas como internas, así como sincerar el valor de nuestra moneda y el de los combustibles.

Dudamos que lo planteado pueda ser adelantado por el gobierno actual y de verdad que desearíamos equivocarnos. ¿Podría hacerlo un nuevo gobierno?, sí, siempre que el mismo nazca como un compromiso nacional para asumir una transición hacia un modelo distinto en las relaciones económicas, ambientales, políticas y sociales imperantes. Ese nuevo  modelo, ese nuevo país, tenemos que establecerlo entre todos y no hay que inventar acerca de cómo hacerlo.