El fatal desprecio hacia los contenidos en un mundo dominado por la demagogia y la manipulación (post factualidad)

Mientras la economía del país muestra signos que deberían llamar la atención de expertos y del común de la gente por el estado de catástrofe que vivimos en los límites de una hambruna, de un desastre sanitario y de una situación explosiva anárquica huérfana de conducción política; por una parte, entre los expertos existe una displicencia ante la obligación de ofrecer diagnósticos documentados, hipótesis de trabajo y un plan de reformas económicas e institucionales y por otra parte, entre la gente domina una pereza social bajo la cual se prefiere la mentira aceptada conscientemente en lugar de la admisión de las verdades amargas y del compromiso que la civilidad exige en estos aciagos momentos de la república.

Es el avasallante mundo de la seudo concreción populista que naufraga entre quejas, resentimientos, odios y muchas extravagancias retóricas, es un mundo que se sobrepone a la sensatez del consenso, del sentido de propósito, de la organización, de la unidad de los factores democráticos requeridos para el restablecimiento de la nación. Es necesario hacer un alto, una pausa en el camino para reflexionar profundamente y comprender los problemas y resolverlos.

Se agotó el tiempo para el mercadeo electoral político, para agendas partidistas o personales interesadas, para inundar las redes con una avalancha de “infoxicaciones” emotivas y de desahogo. Es la hora de sustraer las energías a la adversidad y sacar a este país del tremedal en no más de dos años, en lenguaje médico este paciente descompensado lo estabilizamos en 12 meses y le damos de alta en cinco.

Es necesaria la reconciliación, la unidad y el espíritu de cambio entre los factores auténticamente democráticos.

21 de enero de 2018