El Grupo Orinoco ante la destrucción de las industrias básicas de Guayana

El desastre ocurrido durante las últimas décadas en las industrias básicas de Guayana, debe llamar la conciencia del país. No solo para ponderar la magnitud del daño que se le ha causado a la nación, sino para discutir y establecer un plan sobre lo que habrá que hacer a futuro con ese sector (otrora pivote para la diversificación de la economía nacional) lo que sucederá, obviamente, a partir del cambio indispensable del régimen responsable de tal fracaso nacional. 

Para mediados de la década de 1940, Venezuela exportaba grandes volúmenes de mineral de hierro y ya tenía en producción algunas industrias metalúrgicas, mientras imaginaba enormes proyectos de industrias básicas y grandes capacidades de generación de electricidad para apalancar la diversificación económica. La mayor parte de esos proyectos se hicieron realidad en Guayana como cosecha de la democracia, que se empeñó en conocer los recursos naturales de la región y aprovecharlos a través de las industrias básicas en favor del progreso del país. Esos esfuerzos, públicos y privados, concretaron parte de la estrategia de diversificación, así como el sueño que Venezuela acariciaba desde la Colonia sobre esa región, vista desde entonces como la tierra del porvenir. 

Fue así como, desde mediados de la década de 1960 y hasta inicios del Siglo XXI, los procesos de diversificación industrial del país y el progreso de Guayana transcurrieron positivamente enlazados, en un recorrido de claroscuros en que predominaron los logros, hasta que comenzó el caos inducido de la minería y la destrucción sistemática de las industrias básicas metalúrgicas y de electricidad, actividades cuyo desarrollo había sido el vínculo principal entre aquellos dos procesos. Hoy esos sectores han colapsado.  

La evaluación de la situación de las industrias metalúrgicas, de la generación hidroeléctrica y de la minería de metales efectuada por la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, dimensiona la magnitud del desastre que en ellas se ha producido, que se resume a continuación: 

•       Subsector minería de hierro: entre los años 2002 y 2008 la empresa CVG Ferrominera Orinoco produjo a un ritmo promedio de 20,3 millones de toneladas al año, nivel que ha decrecido en un 70% debido al deterioro de las instalaciones, mientras la planta de pellas de SIDOR apenas produce un 10% de su capacidad de 8 millones de toneladas al año.

•       Subsector de prereducidos: Hasta el año 2008 Venezuela mantuvo un liderazgo internacional en la producción de mineral de hierro metalizado en 9 plantas que fueron expropiadas entre 2007 y 2009, y, en la actualidad, las 5 plantas productoras de briquetas (HBI) y las 4 plantas productoras de hierro esponja (DRI) de SIDOR están materialmente paralizadas.  

•       Subsector acero: SIDOR, estatizada en el 2008, había llegado en el 2007 a producir casi 5 millones de toneladas al año, mientras para el 2017 la producción de acero líquido había caído en un 92.6% y para el 2021 se estimaba la reducción en 97,3%.

•       Subsector bauxita: En el año 2001, la mina de Los Pijiguaos se explotaba a un 76% de su capacidad para producir y transportar bauxita, que es de 6 millones de toneladas al año. A mayo 2021, su producción es nula y la mayor parte de sus instalaciones, edificaciones, laboratorios, maquinaria y equipos tienen un grave deterioro, ya sea por haber sido canibalizados, por falta de mantenimiento, por descuido o por abandono.

•       Subsector aluminio: La industria del aluminio jugó en Venezuela un papel estratégico, cuando durante varios años el país se ubicó entre los 10 primeros productores de aluminio primario en el mundo. VENALUM y ALCASA estaban a la cabeza de las plantas reductoras de América Latina; e INTERALÚMINA era la más grande y prestigiosa refinería de bauxita de todo el continente americano. Todas estas plantas están hoy paralizadas, canibalizadas, vandalizadas y hasta chatarreadas.

•       Subsector oro: Lo peor que ha sucedido en la historia venezolana de la minería, ha sido la creación del llamado “Proyecto de Desarrollo del Arco Minero”, el cual carece de estudios básicos y de planificación y ha sido implementado generando anarquía, inseguridad, deterioro del medio ambiente, corrupción y delincuencia en gran escala, creando en Guayana un verdadero caos territorial y socio económico de dimensiones incalculables.

•       Industria productora de electricidad, apoyo esencial al desarrollo: La empresa CVG EDELCA, principal responsable de las actividades de generación y transmisión en el país hasta que fue eliminada, por muchos años fue modelo de buena gerencia y elevado profesionalismo a todo nivel. Ella construyó una capacidad de generación de 14.500 megavatios en el sistema de plantas hidroeléctricas Macagua I, II y III, Guri y Caruachi, el cual satisfacía la demanda creciente de la población, el comercio y las industrias de Guayana y aportaba más del 70% de la generación eléctrica de Venezuela a través del Sistema Interconectado Nacional. 

En la actualidad Guri, el complejo generador más importante de ese sistema, funciona aproximadamente al 50% de su capacidad, con baja confiabilidad de operación, y sus intervenciones de mantenimiento se hacen canibalizando otras instalaciones. La planta hidroeléctrica de Tocoma, que para 2010 debía elevar la capacidad instalada de Guayana a 17.000 megavatios, comenzó su proyecto de ingeniería en 1996 y nunca ha llegado a concluirse.

•       Producción y suministro de gas, apoyo a las industrias básicas: Venezuela es el quinto país del mundo y el primero de América Latina en cuanto a reservas de gas natural convencional, pero la errada política gasífera venezolana, que incluye entre otras deformaciones, la violación de la Ley de Hidrocarburos Gaseosos, el monopolio estatal del suministro y la fijación de precios por debajo de los costos de producción, ha hecho que muchas industrias de Guayana estén paralizadas por no disponer de gas natural. 

La destrucción de las industrias básicas de Guayana ha hecho que sus importantes recursos de hierro, aluminio, oro etc. considerados estratégicos para la nación, sean hoy, por ineptitud y prevalencia de intereses distintos al desarrollo, una riqueza dormida, desaprovechada, mientras el país se encuentra en unos niveles de pobreza sin precedentes y el Estado carece de recursos financieros para su rescate. 

En el Grupo Orinoco estamos conscientes de que sólo un cambio profundo en el sistema político, y en libertad, permitirá que se desplieguen todas las transformaciones institucionales, tecnológicas y económicas necesarias para convertir a Guayana en el corazón del que nazca una etapa de prosperidad para el país. 

Pero no podemos quedarnos paralizados esperando a que llegue ese cambio, mientras tanto y ante la situación ruinosa y desalentadora arriba sintetizada, el Grupo Orinoco de energía y ambiente, ha venido analizando la estrategia más conveniente a seguir para toda la región de Guayana, la cual está contenida en nuestro documento: “Guion para la formulación de una estrategia de desarrollo sostenible para Guayana” (2020), dentro de cuyo marco proponemos específicamente:

•       Discutir entre todos los actores relevantes, regionales y nacionales, la formulación por consenso de la visión y estrategia de desarrollo sostenible para el corto, mediano y largo plazo de la región de Guayana, que considere la relevancia social y económica de otros sectores productivos además del minero-metalúrgico, para diversificar la economía, con el objetivo de recuperar la prosperidad de la región y del país, a ser instrumentada una vez ocurra el cambio político deseable. 

•       Impulsar los acuerdos políticos, económicos y sociales necesarios para:

  • La transformación institucional y productiva de Guayana, que hoy está disminuida a su mínima expresión, de acuerdo con fórmulas democráticas. o La participación protagónica del sector privado como parte de la nueva estrategia de desarrollo sostenible que se formule, con el fin de procurar una gestión industrial competitiva internacionalmente, eficiente y apegada a criterios de racionalidad empresarial con responsabilidad social y ambiental.
  • La recuperación de la soberanía en la región y devolverle su seguridad pública y territorial

Estos planteamientos los consideramos como lo mínimo que debe emprenderse para enfrentar el futuro de Guayana con posibilidades de éxito.

1 de febrero de 2022

www.grupoorinoco.org