José María de Viana sobre los servicios públicos en la Venezuela

La destrucción en Venezuela ha sido de tal magnitud que lo que hagamos para recuperar los niveles de bienestar que alguna vez tuvimos nos va a costar Dios y su ayuda. Los eslabones de las cadenas de producción de muchos productos, sencillamente, están rotos. Sin embargo, la visibilidad de que hay una recuperación en marcha gana voluntades en la opinión pública. ¿Un espejismo? ¿Simple y pura negación? ¿Regalo de reyes? Si abrimos los ojos -si apenas echamos un vistazo- veremos que el tejido industrial es una ruina, mientras el aumento de la producción petrolera es cortesía de los ayatolas iraníes.

Puede ser que los vecinos de su edificio hayan hecho una vaca para perforar un pozo a 120 metros de profundidad y el agua subterránea fluya por las tuberías las 24 horas del día. Asimismo, puede que hayan contratado los servicios de una empresa de telecomunicaciones para que el internet llegue a la computadora y a los teléfonos móviles. Incluso, puede que haya una planta eléctrica y las velas o las linternas sean cosas del pasado. ¿Pero tiene usted una idea de las inversiones que hay que hacer para que, en un lapso de al menos tres años -siempre y cuando las cosas se hagan bien-, Venezuela recupere los servicios públicos que tuvo en el pasado? Nada menos que 30.000 millones de dólares.

Hay nichos, oportunidades de negocios, en los servicios públicos en los que participan empresarios que obtienen beneficios tangibles. Empresas de telecomunicaciones que utilizan la infraestructura de CANTV, que tienen entre 2.000 y 3.000 clientes, empresas que tienen camiones cisternas para llevar el agua hasta el tanque de su edificio. Uno podría pensar que el gobierno de Nicolás Maduro le ha abierto las puertas a la privatización. Pero no es cierto. “Más que una privatización, lo que hay es una ausencia del Estado”, dice José María de Viana*.

¿Cuál sería el factor más relevante para recuperar los servicios públicos en Venezuela?
Más que los activos -maquinarias y bienes de capital- lo más importante de una nación es la gente. Venezuela perdió su mejor talento, entre los 30 y 40 años. Es decir, el de mayor liderazgo productivo. Ellos continúan en crecimiento profesional, continúan conectados al conocimiento y la tecnología. Desafortunadamente, lo que sabemos por la experiencia de otras diásporas es que ellos no van a regresar, porque han construido sus vidas en otros sitios. Pero siempre y cuando se ofrezcan los incentivos adecuados, un contingente de la diáspora podría volver al país. Eso también lo sabemos. Además, se podrían construir canales de comunicación, de intercambio de experiencias, para que los venezolanos que se fueron nos representen en el mundo.

Me gustaría plantear la pregunta de una forma más precisa. ¿A qué obedece el cambio de percepción, digamos, la mejoría que estamos viendo?

Creo que ha habido un cambio de dirección en el Gobierno, lo queramos reconocer o no. La conducción económica del país ha pasado de la asesoría cubana y de factores de la izquierda española (Podemos) a gente que conoce a fondo la experiencia, el proceso, ecuatoriano. Un país que, bajo la gestión de Rafael Correa, entendió la importancia de la liberalización en ciertos sectores de la economía. El Gobierno está aplicando medidas que pudiéramos señalar como razonables y entiende que la economía es una fuerza real que no necesariamente depende de la política y mucho menos de la ideología. Entre esos elementos de liberalización, quizás el más importante es el de la dolarización.

Sin mucho ruido, se liberó el tipo de cambio y el control de precios.

Sí, en productos de primera necesidad e inclusive en los combustibles. Facilitaron la entrada de remesas y las operaciones en dólares -especialmente en el sector comercio-, lo cual brinda una protección contra la inflación muy poderosa. Es decir, hay un proceso de liberación que, en algunos aspectos, se parece a lo que hicieron los ecuatorianos. Y eso introduce algunos nichos que, desde el punto de vista económico, son un buen negocio. Lo que es cierto es que el abastecimiento de alimentos, de medicinas y de otros rubros ha mejorado substancialmente. A precios mucho más elevados, ciertamente, pero también es verdad que la gente que presta servicios o realiza trabajos a destajo o artesanales viene ajustando sus precios. A una empleada del sector público le conviene más planchar en una casa y cobrar 15 dólares.

¿Qué tanto hay de sustentabilidad en el proceso que describe?

Hay que reconocer que este Gobierno es un maestro de la propaganda. Es decir, ¿cómo hacer que, en el momento más oscuro de la economía venezolana, la gente tenga la percepción de que hay un proceso de crecimiento? Las acciones que se han tomado no resuelven el tema de la pobreza, no resuelven el tema de la desigualdad, tampoco del empleo. Ni en mucho los servicios públicos. ¿Por qué? Porque eso significa una inversión muy importante. ¿Qué hicieron? Si viene un señor interesado en prestar servicios de internet, CANTV permite que utilice sus ductos. El Gobierno ha dado licencias a una cantidad de operadores pequeños, con 2.000 o 3.000 clientes en el interior del país, pero eso no es suficiente, entre otras cosas, porque los servicios públicos es un tema colectivo y de grandes dimensiones. Más que una privatización, lo que ha habido es una ausencia del Estado.

Chacao, al igual que Baruta y El Hatillo, es un municipio relativamente limpio, pero Libertador es un basurero a cielo abierto. ¿Qué explicaría este contraste?

En Chacao, Baruta y El Hatillo la mayoría de los usuarios tienen suficiente capacidad de pago para financiar el servicio de aseo urbano, digamos, la recolección de la basura, porque es muy poco lo que se hace en materia de clasificación y separación de desechos. Es decir, en reciclaje. En Libertador el servicio es muy deficiente, porque es un municipio mixto, donde hay un número importante de usuarios que no tienen capacidad de pago. Eso obliga a la intervención del Estado. ¿Qué supone eso? Que yo utilizo recursos provistos por usuarios formales para financiar a los usuarios informales. ¿Para qué? Para que el servicio sea universal y funcione para todo el mundo.

Si ponemos la lupa sobre el mapa de las telecomunicaciones, veremos puntos luminosos a lo largo y ancho de la ciudad. A primera vista, la composición de los usuarios pareciera aleatoria.

Yo no hago nada dejando que fulano y mengano monten una pequeña empresa con 2.000 o 3.000 clientes para que presten servicio de internet o permitiendo que Pedro Pérez meta fibra óptica por el ducto de CANTV. Pero el Estado se está haciendo el loco. Algo similar ocurre con el servicio de agua. Se están perforando pozos en distintos sitios de la ciudad y el Estado, cuya obligación es supervisar esos trabajos, garantizando la calidad del agua que consumimos y la explotación racional de los acuíferos, está mirando para otro lado.

¿Qué daño ecológico se está produciendo?

Aún es muy temprano para saber cuál va a ser el impacto, el daño ecológico, de esa explotación. Hasta los años 50, Caracas se abastecía del agua de El Ávila y de pozos que había en El Paraíso y el noreste de la ciudad. Pero en el año 1977, el sistema Tuy II le suministró a la ciudad 7.000 litros por segundo. ¿Cómo se logró eso? El Estado prohibió el uso de los pozos para que los usuarios de mayor consumo -industrias y grandes empresas, así como usuarios de alto poder adquisitivo- se conectaran al acueducto. De lo contrario, no había forma de financiarlo.

¿La desconcentración industrial (iniciada en el primer gobierno del expresidente Carlos Andrés Pérez) está jugando a favor de la preservación de los acuíferos?

Y también -y esto es lo realmente importante- porque hubo una reconstrucción del acueducto. El expresidente Pérez pensaba que la insurrección política podía comenzar por la escasez de agua. Así no los hizo saber después de que fue a inaugurar unas farmacias populares en Coche. No todos pensaban que ese problema tenía solución, porque la falta de agua en Caracas venía desde la colonia. Recordemos el reportaje que escribió García Márquez en Bohemia. El Tuy 3, que se construyó en el gobierno del expresidente Herrera, tiene la capacidad de traer 20.000 litros a la ciudad. Pero el diablo está en los detalles. No es suficiente que construyas el acueducto. El sistema tiene que funcionar. Si se daña una bomba, la tienes que reemplazar. Lo importante es que nosotros demostramos que este problema se puede resolver, sin que vengan los marcianos o que inviertas enormes cantidades de dinero. En el gobierno del expresidente Caldera se flexibilizaron las tarifas, era un Gobierno que, en términos fiscales, podía ayudar muy poco, pero permitió que a los mayores consumidores se les cobrara más que a los habitantes de La Dolorita o la parte alta de Carapita.

¿Se dividió a la ciudad en estratos, como ocurre en Bogotá?

En Caracas había dos estratos, en Bogotá hay seis. Recordemos que en Caracas hay 12.000 edificios, en números gruesos, 240.000 apartamentos. Si la factura llega a todos los condominios, allí hay un paquete importante de cobros. Aplicamos un baremo, diseñado por economistas, y al mejorar el servicio, el agua dejó de ser un malestar social. Al final de nuestra gestión, el problema del agua era el número 10. De ahí viene lo que yo entiendo es un servicio público. Lo importante es que tú prestes un servicio universal, que le llegue a todo el mundo, con tecnología actualizada y a menor costo.

Producto de la crisis económica y la contracción del ingreso, más de 8 millones de líneas telefónicas móviles se desactivaron. ¿Qué implica esta tendencia?

Yo lo que sé es que tanto CANTV como Movilnet no están cobrando el servicio, aunque recientemente están emitiendo facturas que reflejan un aumento en las tarifas. Lo cierto es que lo que entra a esas empresas, que es el oxígeno de cualquier actividad empresarial, ni siquiera cubre la nómina y los gastos. Movilnet llegó a ser líder del mercado y tenía una participación del 50 por ciento del mercado en líneas móviles, pero la gente migró a otras operadoras por obsolescencia tecnológica y para muestra un botón: el único operador de líneas móviles que no tiene cobertura nacional de cuarta generación es Movilnet.

¿Qué sugiere el deterioro de las plataformas tecnológicas? ¿Qué se podría hacer?

Una sería reconstruir CANTV… pero yo creo que el Gobierno entendió su incapacidad. Para manejar una empresa de esas dimensiones tengo que tener una organización de gerencia competente, que pueda sacar adelante una estructura muy dañada. Que lo haga en un lapso razonable y bajo una administración sometida a controles. No será fácil reconstruir las empresas. En la nómina de Movilnet, por ejemplo, había 2.000 personas y 400 ingenieros. La inmensa mayoría se fue del país. Ningún profesional competente va a regresar a vivir una aventura llena de riesgos.

Visto el panorama, ¿usted cree que Venezuela pueda volver a tener servicios públicos universales y eficientes?

Eso supone una inversión muy importante. En agua, por ejemplo, tenemos que invertir 1.500 millones de dólares en tres años; en energía eléctrica 15.000 millones de dólares y en el caso de las telecomunicaciones, dependiendo de lo que quieras hacer, 10.000 millones de dólares. Venezuela no dispone de esos recursos, nuestro ingreso (per cápita) compite con Haití y Nicaragua. Pero peor que pobre es la desconfianza. La percepción de Venezuela en el mundo es que este es un país en el que hay mucha corrupción, mucho aprovechamiento privado de los fondos públicos. Muchos negocios turbios y poca, por no decir nada, transparencia para el manejo del crédito internacional.
No solamente el juego político está trancado. La crisis va mucho más allá. Es cada vez más compleja y difícil de resolver.
Los aliados del gobierno están haciendo negocios a corto plazo, en actividades muy focalizadas (oro, coltán, petróleo), pero mientras no abras el mercado a los grandes jugadores, tu producción será esa: un millón de barriles diarios.

¿No es una ironía? El país con las principales reservas de petróleo del mundo apenas produce un millón de barriles. Es como si un gigante de 2 metros comprara su ropa en el departamento de niños.

Reconstruir la economía y los servicios del país significa un desafío muy importante, significa reunir mucho talento gerencial y económico, porque tienes que hacer grandes inversiones y hacerlas bien. En materia de comunicaciones, por ejemplo, tienes que resolver el problema de CANTV, porque es el operador más grande con la infraestructura más importante. Si permites que participen otras operadoras, las estaciones tienen que tener energía y aire acondicionado. Gran parte de las averías que hemos tenido en ABA, no dicho por mí, sino por los sindicatos, es que se han dañado los circuitos electrónicos porque los aires acondicionados (que son de precisión) no funcionan.

Queda pendiente la resolución de los grandes problemas que enfrentamos los venezolanos.

Resolver el tema internacional (las sanciones) pasa por resolver el tema político, así como el tema de Derechos Humanos. Supone cosas que el Gobierno no está dispuesto a enfrentar ahora, no sé si dentro de tres meses quiera. Aquí es mucho más fácil traer cualquier cosa de Miami que de Barquisimeto. Lo único que está funcionando es la importación de insumos puerta a puerta. ¿Eso reconstruye el país? No. ¿Eso encadena los eslabones de la producción? No. ¿Resuelve uno de los problemas del país? Sí, en alguna medida, el abastecimiento. Y eso es lo que ha hecho el Gobierno. Hay que reconocer que estos señores tienen una capacidad para mimetizarse que no es despreciable.

Ingeniero civil por la UCAB, expresidente de Hidrocapital y de Movilnet.

Prodavinci

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