La crisis alimentaria: desde el déficit de producción hasta la mísera distribución

La nota de prensa semanal.

El estado de crisis generalizada que hoy vive el país es evidente e innegable. Dicha crisis se manifiesta con mucha fuerza en una agravada escasez de alimentos; por la aplicación de un modelo político-económico inadecuado. Esta escasez ha alcanzado dimensiones dramáticas. Productos agrícolas que cubrían buena parte de la demanda interna, o que incluso llegaron a exportarse, han llegado a depender de las importaciones masivas, pues la producción nacional es escasa. La situación se agrava con la drástica caída de los precios del petróleo.

Para el año 2015, solo en arroz y maíz, a manera de ejemplo ilustrativo, el déficit de producción promedió 65%. Esto significa casi 3 millones de toneladas. Por otra parte, de las aproximadamente 7,5 millones de familias venezolanas, más del 60% está en estado de pobreza o pobreza extrema, algunas estimaciones son aun más preocupantes. Eso significa que más de 4,5 millones de familias se alimentan con déficit en la ingesta diaria de calorías y de proteínas; particularmente peligroso en el caso de los niños.

Es preocupante el acelerado empobrecimiento de las clases de menos ingresos, los estratos D y E, (cerca del 80% de la población), incluyendo el grado de miseria. Son altamente dependientes de la adquisición de alimentos subsidiados. En la medida en que el suministro de alimentos de las redes públicas es más ineficiente, se les complica la capacidad adquisitiva a las familias de esos estratos sociales.

Para tratar de aliviar el déficit en la alimentación de las clases más desposeídas, el gobierno creo las redes Mercal, Pedeval, y Bicentenario; escondió las colas, obligó a comprar por terminal de la cédula y habilitó capta huellas. Todo esto fracasó, por motivos que van desde la descarada corrupción hasta la ineficiencia administrativa.

Ahora inventaron los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción). Pero estos parecen ser aun peor de lo que había. Son administrados por gente adepta al régimen, por lo tanto sectarios, pues son los únicos que tienen derecho a la venta y distribución de alimentos regulados, los cuales comercializan con un evidente sesgo político, que ha causado ya numerosas protesta populares. Están traficando con el hambre del pueblo.

Mientras el déficit de alimentos se contabiliza en millones y millones de toneladas, el gobierno lo mide según el número de bolsas repartidas por los CLAPs. Lo cual evidencia que estamos en presencia de un engaño político, una verdadera estafa. Viene al caso recordar las palabras de José Stalin, el terrible dictador soviético: “Si controlas la comida del pueblo, tu controlas al pueblo, y va a estar agradecido de lo poco que le das”.

10 de junio de 2016