La democracia liberal bajo acoso

El deterioro de la democracia en Venezuela es consecuencia de la debilidad de las instituciones liberales, base de la democracia liberal. Esto es parte de un proceso global que involucra a numerosos países del mundo en desarrollo donde las instituciones liberales están bajo acoso, pues los votantes eligen líderes autoritarios que las están debilitando. Al final la eliminación de las instituciones liberales está conduciendo a la muerte de la democracia en su sentido más básico, como ha ocurrido en nuestro país.           

El deterioro de la democracia en Venezuela es consecuencia de la debilidad de las instituciones liberales (jueces independientes y prensa libre), las cuales fueron eliminadas o neutralizadas por un líder autoritario elegido por votación popular. Las instituciones liberales no tuvieron la suficiente fuerza para contener el poder y los abusos del déspota.  El deterioro de la democracia en nuestro país es parte de un proceso global que viene dándose en el mundo en desarrollo y que involucra a naciones de la Unión Europea como Hungría, que también es miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde se codea con los países más ricos. También Turquía  (miembro de la OCDE) está siendo afectada por la misma dinámica. La tesis expuesta es planteada por la revista The Economist en un artículo reciente donde presenta de forma magistral la diferencia entre democracia y democracia liberal, mostrando que esta última está siendo acosada por líderes autoritarios en muchos de  los países en vías de desarrollo.

La última encuesta de Freedom House, un centro de análisis estratégico ubicado en Estados Unidos, se llamó “Democracia en crisis” y muestra que en el año 2017 los países que vieron deteriorar su democracia superan en número a los que mostraron mejoras. La Fundación Bertelsmann, otro centro similar que se focaliza en economías emergentes, encontró que la calidad de la democracia ha caído a su nivel más bajo en 12 años. 

Los índices elaborados para medir la calidad de la democracia, lo que miden no es simplemente democracia sino democracia liberal, la cual se define como un gobierno electo en elecciones libres y transparentes, que también respeta los derechos individuales y de las minorías, el estado de derecho y las instituciones independientes.

Democracia y democracia liberal se pueden separar y las diferencias entre ambas son importantes. Los votantes (o sus representantes) pueden querer cosas que son democráticas pero que no son liberales, como por ejemplo restringir un discurso que no es de su agrado (las declaraciones que violan la Ley del Odio, en Venezuela) o perseguir a una minoría que no les gusta o a la cual culpan de sus desgracias (inmigrantes sirios en Turquía, satanizados por el primer ministro Victor Orton). Al mismo tiempo muchas de las instituciones liberales (jueces independientes y prensa libre)  no son democráticas pues no son elegidas por voto popular y restringen el poder de los políticos elegidos por votación popular. En una democracia liberal el poder está disperso. Los políticos no solo deben responder a los votantes sino que también deben hacerlo ante la ley, y someterse a la supervisión de los periodistas y los grupos de presión.

El componente liberal de la democracia está bajo acoso en las democracias jóvenes de los países en vías de desarrollo, pues los votantes están eligiendo líderes que lo debilitan, creando lo que Victor Orton, primer ministro de Hungría, llama la “democracia no liberal”. Una vez que el autócrata de turno, como el señor Orton, destruye las instituciones liberales, considera conveniente legitimarse periódicamente mediante elecciones por lo cual el componente democrático sobrevive en lo que el señor Orton llama la “democracia no liberal”. Sin embargo una vez que las instituciones liberales fenecen, también lo hace la independencia de los organismos electorales, como en Venezuela, y el autócrata manipula a su antojo los resultados electorales para perpetuarse en el poder. En consecuencia, a la larga la desaparición de las instituciones liberales conduce a la muerte de la democracia en su sentido más básico.

Globalmente el apoyo político a la democracia se mantiene elevado, debido a ello los autócratas no admiten explícitamente que planean deshacerse de ella, por ello buscan revertirla en su esencia manteniendo una apariencia externa democrática, mediante elecciones periódicas, con lo cual buscan legitimarse ante la comunidad nacional e internacional  apelando a subterfugios como los de una “democracia no liberal”. 

Eventualmente cuando el sistema de contrapesos y chequeos institucionales es destruido el autócrata encuentra una vía expedita para neutralizar la democracia persiguiendo a la oposición, encarcelándola o inhabilitándola,  como ha sucedido en Venezuela, donde la Asamblea Nacional elegida con los votos del pueblo es desconocida por el ejecutivo, eligiendo un parapeto paralelo en unas elecciones manipuladas y no reconocidas por la comunidad internacional.  

El acoso a la democracia liberal es un fenómeno que se centra en los países en vías de desarrollo. En los países de democracias maduras ésta no corre peligro pues los sistemas institucionales de contrapesos al poder de los políticos electos se mantienen fuertes y la democracia liberal goza de buena salud, a pesar de las extravagancias de líderes potencialmente autocráticos como Trump.

Referencia: The Economist. In retreat. After decades of triumph democracy is  losing gound. Junio 14, 2018.   

Profesor UCV

josenri2@gmail.com