La observación electoral es un blindaje a la democracia

Cada 15 de septiembre, desde 2007, se conmemora en el mundo el Día Internacional de la Democracia. Desde su proclamación, Naciones Unidas lo entiende como una oportunidad para recordar que la democracia es un proceso y un objetivo, que debe centrarse en las personas y que debe ser entorno para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos.

El principio de celebración de elecciones periódicas por sufragio universal es, claro está, un elemento esencial de la democracia, de acuerdo con la ONU. Pero no el único. En muchos países, las clases políticas todavía quieren hacer creer a sus ciudadanos en aquella fórmula reduccionista “elecciones igual a democracia”; es decir, donde hay elecciones, sean como fueren en garantías y condiciones, automáticamente hay democracia, sin más.

Las elecciones, ciertamente, siguen siendo el centro de la democracia, no solo desde el punto de vista de la práctica política sino también desde el punto de vista teórico, aprecia, de entrada, el profesor del área de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Salamanca, Guillermo Boscán. “Sin elecciones no hay democracia”, abrevia.

Ahora bien, las elecciones tienen necesariamente que estar rodeadas de una serie de garantías y condiciones para ser válidas y considerarse legítimas. “No cualquier elección es suficiente”, advierte Boscán, venezolano y docente de la asignatura Teoría de la Democracia en la universidad más antigua de habla hispana.

En consecuencia, esta definición mínima de democracia (la electoral) no es suficiente. Podemos terminar de redondear esta discusión repasando que las elecciones periódicas, auténticas y competitivas (unas buenas elecciones, como solemos llamarlas en el OEV) son una condición necesaria mas no suficiente para la caracterización de los sistemas democráticos modernos.

En esta misma línea, Boscán toma en cuenta lo que los teóricos llaman “democracia de salida”, la cual se basa en las respuestas del sistema político a los problemas básicos de la gente. “No se trata de una cuestión ideológica, se trata de una cuestión operativa. Es en la resolución de los problemas de los ciudadanos en donde reside el centro de la legitimidad del sistema y su funcionamiento”, ilustra el académico, en entrevista con el OEV.

Modelo en crisis

Que la democracia como sistema está en crisis es una idea que descansa sobre evidencias tanto cuantitativas como cualitativas.

Cuantitativamente, el más reciente Índice Global de la Democracia de The Economist resulta demoledor: si hacemos énfasis en la región, el 98 % de los latinoamericanos no vive en una democracia plena. Las excepciones: Uruguay y Costa Rica. En el resto de los países latinoamericanos, muchas democracias son caracterizadas como defectuosas o híbridas y, en la cola, cuatro regímenes de la región calificados como “autoritarios”, incluida Venezuela, que en líneas generales ocupa el puesto 151 entre el total de 167 países del mundo evaluados.

Cualitativamente, el descontento social con la democracia tiene su raíz, según analistas, en la falta de resultados para la solución de los grandes problemas de nuestro tiempo, como la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la impunidad y la violencia. Se añade a esto agravantes como la crisis de credibilidad de las instituciones, la creciente polarización afectiva, el potencial de la desinformación y el sistema de vigilancia social, que en Venezuela encuentra una expresión en el Sistema Patria.

Sobre por qué la democracia como sistema de gobierno está en crisis, Boscán coincide en la idea de la irresolución de los problemas básicos. “El momento en que nos encontramos presenta desafíos importantes desde el punto de vista humano, fundamentalmente, en el impacto de las nuevas tecnologías y las formas en que nos relacionamos. La democracia va con retraso en su proceso de adaptación ante los nuevos desafíos”, razona el profesor de Salamanca.

Pese a esto, Venezuela es el segundo país de América Latina con el más alto apoyo de los ciudadanos a la democracia, según el más reciente estudio de opinión pública Latinobarómetro, hecho en 18 países de la región por esta entidad basada en Chile.

Este reporte contextualiza que, el hecho de que en 2021 el 69 % de los venezolanos apoye a la democracia, se corresponde con los altos valores registrados en este indicador a lo largo de los años, que alcanzó su punto más alto en 2013, con 87 % de apoyo. “Parece una paradoja, pero tal vez el hecho de que el sistema democrático en Venezuela está cuestionado explique el persistente apoyo a esta forma de gobierno entre los encuestados allí”, interpretó CNN.

¿Se apoya, porque se percibe débil? Cálculos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con base en las mismas encuestas de Latinobarómetro, revelaron que 84 % de los venezolanos cree que el país “está gobernado en beneficio de los intereses de unos pocos”.

Es tendencia, de hecho, entre los latinoamericanos el rechazo a las “democracias capturadas” o, dicho de otra forma, al proceder de unas élites políticas y económicas minoritarias que defienden sus intereses desde los gobiernos en detrimento de las mayorías sociales de la región.

La herramienta de la observación

Con este marco referencial, los sistemas electorales parecen estar pagando la insatisfacción que está produciendo la no resolución de problemas sociales por parte de los regímenes democráticos. En el mundo actual se celebran votaciones en contextos cada vez más adversos.

Es entonces cuando herramientas de la sociedad como la observación electoral, nacional e internacional, se ofrecen como contribuyentes para elevar la calidad democrática de las naciones.

La observación electoral es fundamental para generar confianza en los procesos electorales, más en democracias en proceso de consolidación, valora el profesor Boscán. Sin embargo, matiza, no podemos olvidar que la observación electoral es una solución a un problema del juego democrático. Se imponen, entonces, más retos.

“Debemos seguir trabajando en la prevención del problema, en la generación de una cultura democrática de respeto y reconocimiento mutuo en la competición electoral. Debemos fomentar el desarrollo de una cultura cívica a largo plazo”, recomienda, desde el campo académico.

Haría falta, añadimos en el OEV, repoblar la política. Unamuno escribió que lo que define a una nación es un proyecto sugestivo de vida en común; los grupos nacionales, añade, “no conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”. En el marco de esta concepción podría decirse que se trata de tener conciencia de un propósito acordado colectivamente y del esfuerzo diario de todos para transitar una ruta que permita alcanzarlo. Hay, pues, que recuperar la palabra, extraviada desde hace demasiado tiempo. El diálogo y los consensos debieran signar el temperamento de nuestras sociedades, bajo los marcos del estado de Derecho y la separación de los poderes públicos.

En la América Latina de hoy la única vía reconocida por todos para acceder legítimamente a ese poder público es la vía electoral, sentenciaba este mes el secretario general de IDEA Internacional, Kevin Casas-Zamora, durante un evento del órgano electoral mexicano. “Esto hay que protegerlo a toda costa, y hay que protegerlo ahora, porque estamos viendo en algunos países de la región claros intentos por parte de algunos gobiernos y fuerzas políticas por debilitar la independencia y la credibilidad de las autoridades electorales”.

En esto, la observación electoral seguirá siendo clave. Ciertamente existen algunas democracias plenas del mundo que no gozan de una observación electoral robusta, de lo cual se desprende que no es el único descriptor de la calidad de la democracia. Pero, lo que nadie duda, es que la observación electoral sí constituye un indicador de calidad democrática cada vez más importante. Que un Estado se oponga a ella acarrea costos políticos, por lo general elevados. De ahí que concluyamos: la observación electoral es, en el mundo y la región contemporáneos, un blindaje para los sistemas democráticos.

Boletín 90. Primera quincena, septiembre de 2022

https://oevenezolano.org/2022/09/boletin-90-la-observacion-electoral-es-...