La revolución bolivariana: exportando indigencia

En un artículo previo nos hemos referido a los señalamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre Venezuela. En estos, el FMI alerta sobre el colapso económico y la inflación desbordada que enfrenta el país debido a las erradas políticas gubernamentales. Igualmente, señala el deterioro de las condiciones sociales debido a la escasez de alimentos y medicinas, y a la caída del poder adquisitivo. Según el Fondo, si se mantienen las políticas gubernamentales se corren riesgos severos, incluyendo un mayor colapso de la actividad económica, acompañada de hiperinflación. En su último informe, predijo que la escasez de comida y medicinas puede convertirse en una crisis humanitaria, que podría generar una ola migratoria a los países vecinos (ver Dígalo Ahí, n° 1, noviembre, 2016).

La eventualidad que plantea el FMI ya es un hecho. El deterioro de las condiciones sociales se refleja en la pauperización de sectores de la clase media y el surgimiento de una nueva clase de indigentes. Se trata de grupos que buscan comida en la basura en las zonas de clase media. No son los típicos indigentes y su número va en aumento, señala la nutricionista Ingrid Candela en un reportaje de un diario local, quien también los advierte en otras partes de la ciudad. “En los últimos años no se veían tanto, pero cuando comenzó esta crisis los observas y no son los indigentes de siempre buscando en la basura. Son muchachos bien vestidos que salen de la universidad y pasan por el basurero” afirma Candela, investigadora del CENDES, quien labora en la línea de políticas alimentarias en grupos vulnerables, y ha desarrollado un estudio cualitativo sobre el tema. Asegura que se trata de un “fenómeno de indigencia no tradicional”. No tiene cifras aún porque dice que es bastante difícil cuantificarlos. “Pero los he visto en Las Tejerías, El Cementerio, Los Rosales y Santa Mónica. Salen porque no tienen como comprar la comida y ya ni siquiera la iglesia puede socorrerlos”.

El fenómeno ha atraído la atención de las autoridades de Chacao, el municipio más rico de Venezuela, donde se han observado este nuevo tipo de indigentes deambulando cerca de restaurantes, cervecerías, centros comerciales, panaderías. Pernoctan entre los árboles o debajo de un banco de concreto. El alcalde ordenó un registro de las personas en esta condición y encontraron que son 150 personas las que merodean a diario por el municipio con el propósito de buscar comida, cifra ésta que se suma a la de los indigentes tradicionales. “La única solución es institucional. Deben activarse políticas públicas de emergencia para quienes no tienen nada, y esperar que en el corto y mediano plazo el mercado de alimentos se normalice”, enfatizó Candela.

 El deterioro social generado por el chavismo en el poder, no solo ha pauperizado a la clase media creando una nueva clase de indigentes sino que también está exportando miseria a los países vecinos. Desde hace varios años se ha generado una situación de deterioro que  ha impulsado a una gran masa de venezolanos a abandonar el país, lo que ha formado una gigantesca diáspora que ha abarcado innumerables naciones. En sus inicios, esa migración estuvo constituida por empresarios y clase media profesional, pero en los últimos años esa situación ha cambiado. La migración hacia Colombia es un ejemplo de ello. El grueso de la migración venezolana a Colombia ha sido de empresarios y profesionales venezolanos lo cual ha beneficiado a la economía colombiana. Sin embargo, la ola migratoria más reciente ha incluido sectores de  clase media en proceso de pauperización. El diario El Tiempo de Bogotá señaló en un reportaje sobre el tema, que los pertenecientes a esta última ola de migrantes ingresaron por algún recodo de la frontera sin un solo peso en el bolsillo, y vagan por la capital para terminar al final pidiendo limosnas. Uno de estos personajes al cual llaman José, un joven de unos 14 años de edad, subió a un bus del Transmilenio (buses para el transporte público de Bogotá); se paró a un lado de la baranda y comenzó a relatar su situación: “Que pena molestarlos, mi familia y yo recibimos asilo político, estamos muy agradecidos, pero la verdad es que llevamos casi tres meses y aun no nos llegan los permisos de trabajo”. El adolescente les narró a todos los pasajeros que la única forma de sobrevivir en una ciudad como Bogotá era subiéndose a los buses de servicio público a vender dulces o recibir la caridad de quien entendiera su situación. Según Daniel Pagés, presidente de la Asociación de Venezolanos en Colombia, esta situación de mendicidad es reciente. Sin embargo, los inmigrantes en esta situación son todavía una minoría. A pesar de la crisis actual, señala el reportaje, la gran mayoría de los inmigrantes han entrado a Colombia con la intención de trabajar o emprender algún proyecto.

Noticias provenientes de la frontera con Brasil informan de la presencia de indigentes venezolanos en Pacaraima, una pequeña ciudad ubicada a escasos kilómetros de la frontera de Venezuela con el gigante suramericano, los cuales se están convirtiendo en un problema para el gobierno del vecino país. La economía de la ciudad se alimenta de cientos de venezolanos que acuden a la misma a comprar productos que escasean en nuestro país. Sin embargo algunos paisanos nuestros que arriban a la ciudad no llevan sus morrales repletos de dinero, sino de sus necesidades y carencias.

La situación de venezolanos en situación de indigencia en Pacaraima ha llevado a las autoridades locales a considerar la declaración de una situación de emergencia. Funcionarios del sistema de salud brasileño viajaron a la ciudad para estudiar las condiciones de vida de los venezolanos. Protección Civil de Brasil realizó a finales de agosto, un informe en el cual señala que se trata de 147  familias, un total de 177 personas, entre ellos 62 niños y seis ancianos. La Folha, un periódico brasileño, fue a la ciudad y encontró que los venezolanos duermen en lugares públicos, bajo los árboles y patios. La comida la hacen sobre ladrillos, en las calles. Muchos trabajan como vendedores ambulantes o pidiendo limosnas. Algunos han cometido delitos. El número hasta ahora es pequeño pero puede incrementarse, ya que en los primeros ocho meses del año 2016 más de 600 venezolanos han solicitado quedarse en el estado como refugiados. A pesar de su reducido número, han colapsado los servicios de la cuidad. Un diputado de la asamblea legislativa señala que de cada diez solicitudes que recibe el hospital estatal de Pacaraima, ocho son de venezolanos. Señala que si no se toman medidas “esto se convertirá en un caos”.

La revolución bolivariana acabó con las exportaciones no petroleras como las de arroz, café, frutas y otros productos del sector agroalimentario, mermó sustantivamente la de productos siderúrgicos y las petroleras. Lo único que ha incentivado es la exportación de capital humano, y en los últimos tiempos, de miseria y todos los demonios asociados a la misma.          

Profesor UCV