La trágica victoria de Vladimir Putin

Crónicas burguesas

 A juzgar por el tamaño de ambos países y sus fuerzas militares, en principio diría uno que más tarde o más temprano Rusia terminará derrotando a Ucrania y asegurando su salida al sur, al Mar Negro. Pero a juzgar también por la empecinada resistencia ucraniana, también habría que asegurar que los rusos ocuparán y controlarán ruinas. Es lógico pensar que las potencias occidentales seguirán ayudando bajo cuerda a Ucrania y que los chinos mirarán a otro lado. Puede que ayuden con dinero o elementos ocultos, pero su negocio y su futuro está en el comercio mundial, no en la guerra.

Va a ser una trágica victoria para Vladimir Putin, conquistará Ucrania, es decir, se adueñará de escombros y del odio de un pueblo que hasta no hace mucho se sentía familia prorrusa, convertido en villano del mundo, en el macho agresor, no el dirigente triunfador. No se le admirará, se le temerá. Y muchos le odiarán, porque miles de cadáveres rusos –aparte de millones de dólares en equipos- están ya cubriendo los campos de combate; sea porque quieren destruir lo menos posibles –aunque se ha visto lo contrario en las informaciones de periodistas internacionales y de la propaganda ucraniana- sea por una inadecuada estrategia militar. Se dice –no nos consta ni tenemos una fuente 100 % confiable- que los militares rusos incluso tienen equipos especiales para cremar sus cadáveres en los campos de batalla para no llevar a Rusia miles de bolsas plásticas con cadáveres.

Hay otro factor que Putin está olvidando o, al menos, sobre el cual no puede dar órdenes. La economía. Tiene elementos a su favor, como el petróleo y el gas que tiene en abundancia y que, de perder sus clientes europeos –que no será de inmediato- siempre tendrá compradores importes ávidos tanto del petróleo como de los descuentos. India, por ejemplo, potencia industrial y el segundo país más poblado del mundo pero sin una gota de petróleo en su extenso territorio, acaba de comprar 3 millones de barriles a Rusia que, con los descuentos, no bajan de los casi 300 millones de dólares. E India puede comprar muchos barriles mas con importantes descuentos.

Europa, y particularmente Alemania, no puede renunciar así como así al gas ruso que moviliza una parte importante de su poderosa maquinaria industrial, tardarán en cortarle el negocio a Moscú, y los países árabes aumentarán con extrema prudencia su producción y oferta. Quedan fuentes en el mundo, como Colombia que podrá aumentar unos pocos miles de barriles diarios, Canadá y algún otro, Venezuela es proyecto en desarrollo pero falta mucho tiempo y especialmente dinero. No es cosa sencilla lo de dejar sin salida al petróleo ruso, Putin lo sabe, suponemos que Biden también.

Pero hay otro elemento económico que sí puede causarle serios problemas a Vladimir Putin y son los rusos millonarios que han hecho fortunas gigantescas pegados a él. No importa cuánto dinero tengan, las sanciones occidentales les están causando problemas, congelando capitales, cerrando y decomisando mansiones, yates, aviones y cuentas en Rusia y en Europa, ¡hasta los prudentes suizos se han metido en el asunto!

Esos millonarios, “oligarcas”, los llaman, no son tanto parte del poder de Putin como sí perjudicados por su presencia, sus decisiones y sus consecuencias. El Banco Central ruso o el Kremlin pueden tener miles de millones de dólares, euros y rublos escondidos por ahí para apagar las sanciones, pero no pueden sustituir las comodidades de los multimillonarios, es el problema de ciertas sanciones nacionales y de las sanciones personalizadas. Podrán mantener inversiones en Rusia, pero no disfrutar sus yates en el Mediterráneo en primavera y verano.

Pero esas “inversiones en Rusia” ¿no pueden ser también incentivos y financiamientos ocultos a enemigos de Putin, el villano mundial?